La Voz en el Mundial. Del otro lado del mundo apareció un "papá": el hincha de Bangladesh que le cambió el Mundial a un argentino
La historia de Juan, que se "coló" a un VIP y quedó apadrinado por un empresario de Bangladesh que le garantiza entradas para ver a la selección.
Hay historias que no entran en ninguna lógica. Se explican solamente con el fútbol. Con la lógica del fútbol argentino. Mientras miles de argentinos siguen llegando a Kansas City para el cruce de cuartos de final entre la selección y Suiza, entre valijas, banderas y camisetas celestes y blancas apareció una de esas anécdotas que parecen inventadas. Pero no. Pasó de verdad. Y demuestra, una vez más, que el fenómeno de la selección argentina hace tiempo dejó de tener fronteras.
Todo empezó después del partido con Austria. Cuando la mayoría de los hinchas abandonaba el estadio, Juan López, un fanático de Pilar, Buenos Aires, caminaba con un grupo de amigos buscando algo para comer.
"Bien argentinos... empezamos a abrir todas las puertas a ver si sobraba una gaseosa o algo para picar", cuenta entre risas.
La recorrida los llevó hasta uno de los palcos. Allí había un joven vestido completamente con ropa de la selección argentina. No hablaba español. Apenas podía comunicarse en inglés. Pero repetía una palabra una y otra vez mientras les hacía señas con las manos. "Coman, coman".
Juan y sus amigos entraron sin entender demasiado qué estaba pasando. A los pocos minutos descubrieron que aquel desconocido era de Bangladesh. Uno de esos millones de fanáticos que adoptaron a Argentina como propia, primero por Diego Maradona y ahora por Lionel Messi. Lo que parecía un gesto de hospitalidad terminó convirtiéndose en una amistad inesperada. "Nos sacamos fotos, nos agregó a un grupo de WhatsApp y desde ese día nos está apadrinando. Nos pregunta cuántas entradas necesitamos para cada partido y nos las consigue. Es una locura", cuenta Juan, todavía con una sonrisa que no le entra en la cara.
El grupo se llama "Dallas Argentina Fans". Allí conviven argentinos y bangladesíes unidos por una misma camiseta. Juan hasta muestra orgulloso la foto de su nuevo amigo.
"Este es mi papi", dice entre carcajadas. Y enseguida agrega una promesa que parece salida de una sobremesa entre amigos, pero que suena completamente seria: "Con los chicos ya dijimos que si Argentina sale campeón nos tatuamos las tres letras de su nombre donde él quiera. Se ganó un lugar en el corazón para toda la vida". La ayuda no es menor. Conseguir una entrada para el Mundial se volvió una misión casi imposible. Mucho más desde que comenzaron los cruces eliminatorios. Sin embargo, gracias a ese vínculo inesperado, Juan sigue acompañando a la selección.
Aunque tampoco todo fue comodidad. "En el partido pasado me dieron una entrada allá arriba, en la tribuna más alta. Estaba al lado de Jesucristo tocándole las orejas", bromea. Pero enseguida apareció el ADN argentino. "Terminé abajo, al lado de Enzo Fernández, festejando el gol. Así somos".
La aventura ya modificó por completo sus planes. Cambió tres veces el pasaje de regreso. Extraña a sus dos hijas y a su esposa. Lo dice sin vueltas. Pero también reconoce que no piensa abandonar esta aventura mientras Argentina siga en carrera. "No me vuelvo ni en pedo. De acá no me voy ni loco", admitió.
La emoción también aparece cuando recuerda el primer partido compartido con el hincha de Bangladesh. "Yo ni lo conocía. Terminó el himno y ya nos estábamos abrazando. Después nos enfocó la televisión oficial y él estaba feliz porque salía al lado mío. Era como si estuviera viviendo un sueño".
La espalda de Juan ya lleva tatuado el rostro de Lionel Messi. Entre risas asegura que, con algunos kilos de más, el dibujo ya no se parece tanto al capitán. Pero no descarta que pronto aparezca otro tatuaje. El de ese hombre de Bangladesh que apareció de la nada para convertir un viaje lleno de incertidumbres en una historia inolvidable. Porque a veces el Mundial regala goles, atajadas o noches históricas. Y otras veces entrega algo todavía más difícil de explicar: un desconocido nacido del otro lado del planeta que abre la puerta de un palco, invita a comer y termina convirtiéndose, simplemente, en familia futbolera.
En Kansas City, donde cada día aparecen más camisetas argentinas en las calles y donde la ilusión de volver a levantar la Copa del Mundo crece partido tras partido, la historia de Juan recuerda que la Scaloneta no sólo conquistó títulos. También conquistó corazones en los rincones más inesperados del planeta. Y el fútbol hace milagros para sus hinchas. Y más si son hinchas argentinos.

