Color. Kansas City se volvió cordobesa: La Mona llegó al Mundial y ya ilusiona con "la cuarta"

A días del debut de Argentina ante Argelia, la ciudad estadounidense se llenó de camisetas albicelestes, bombos e historias de pasión. La presencia de La Mona Jiménez desató una revolución entre los hinchas y alimentó el sueño mundialista de la Scaloneta.

12 de junio de 2026 a las 08:00 p. m.
Sebastián Roggero, enviado especial a EEUU
Kansas City se volvió cordobesa: La Mona llegó al Mundial y ya ilusiona con "la cuarta"
La Mona Jiménez en Estados Unidos y el clima.

Hay ciudades que reciben un mundial. Y hay ciudades que, sin saberlo, terminan adoptando una invasión. Kansas City todavía intenta entender qué está pasando.

A días del debut de la selección argentina ante Argelia, este martes, a las 22, las calles comenzaron a poblarse de camisetas celestes y blancas, bombos, banderas y esa costumbre tan argentina de convertir cualquier rincón del planeta en una extensión de casa.

Y, si de casa se trata, hubo una presencia que terminó de darle identidad a la escena: Carlos “La Mona” Jiménez.

El máximo ícono popular de Córdoba aterrizó en la ciudad estadounidense y, como ocurre cada vez que pisa un espacio público, generó una pequeña revolución: fotos, saludos, abrazos y celulares buscando registrar el momento.

La Mona no vino como músico ni como figura invitada. Vino como hincha. Como uno más, aunque hace décadas dejó de serlo.

Su llegada tuvo algo simbólico. Porque, mientras la selección de Lionel Messi se prepara para iniciar otro desafío mundialista, también desembarcó uno de los grandes representantes de la cultura cordobesa. Y lo hizo con una sentencia que rápidamente empezó a circular entre los argentinos:

“Vamos a andar muy bien. Va a ser la cuarta”.

La frase salió casi de manera natural. Como una expresión de deseo. Como una corazonada. Como esas profecías futboleras que los argentinos guardan con cariño cuando llegan desde alguien querido.

Después llegó el clásico cierre del Mandamás, con un saludo para la tunga tunga y una sonrisa que parecía resumir el clima que se vive por estas horas.

Porque Kansas City ya no se parece demasiado a Kansas City.

A pocas cuadras del estadio aparecen historias que explican, mejor que cualquier estadística, lo que genera esta selección.

Una de ellas tiene como protagonista a Hernán y a un gigantesco motorhome estacionado entre autos estadounidenses que parecen observarlo con curiosidad.

La Mona Jiménez en Estados Unidos y el clima.
La Mona Jiménez en Estados Unidos y el clima. (La Voz)

Hernán nació en Villa Bosch, vive en Nueva York y decidió recorrer más de 2.100 kilómetros para acompañar a la Scaloneta. Fueron casi 29 horas de viaje, atravesando rutas interminables hasta llegar a Missouri.

El vehículo es imposible de ignorar: está cubierto de imágenes, recuerdos, banderas y referencias a la selección. Parece un museo ambulante dedicado a los campeones del mundo.

Cuando le preguntan por qué hizo semejante viaje, responde con una frase sencilla y contundente:

“Cuando uno nace con una pasión, te penetra el corazón y no la podés sacar”.

En el interior guarda uno de sus tesoros más preciados: un bombo firmado por Mario Kempes. Ahora persigue otro sueño: que Lionel Messi también deje su firma. Que dos generaciones del fútbol argentino queden unidas para siempre en el mismo instrumento.

Las búsquedas improbables parecen ser una especialidad entre los argentinos que llegaron hasta acá.

También está el caso de un joven hincha que camina por la ciudad con una bandera que ya tiene un valor sentimental enorme. En una de sus esquinas aparece la firma de Ángel Di María.

Pero el trabajo todavía no está terminado.

Su objetivo es conseguir que Messi firme al lado. Juntar en una misma tela las dos firmas más representativas de una era irrepetible: la del capitán eterno y la del compañero que estuvo en todas las batallas.

Mientras tanto, Kansas City sigue llenándose de argentinos.

Llegan desde distintas ciudades de Estados Unidos y también desde Córdoba, Buenos Aires, Mendoza y Rosario. Algunos aterrizan después de largas escalas. Otros manejan durante días. Todos cargan la misma ilusión.

La sensación es que el mundial empezó antes de que ruede la pelota.

Empezó cuando La Mona pronosticó la cuarta. Cuando un hombre manejó más de dos mil kilómetros para seguir a la selección. Cuando un chico convirtió una bandera en una misión personal. Y cuando miles de argentinos volvieron a demostrar que pueden sentirse locales en cualquier parte del mundo.

Incluso acá, en el corazón de Estados Unidos.

Incluso acá, donde por estas horas Kansas City tiene algo de Córdoba.