El Torneo Apertura quedó atrás para Instituto, pero el balance es imposible de disimular. La Gloria volvió a quedarse fuera de los octavos de final y repitió un golpe que ya había sufrido en el Clausura 2025. No se trata de un accidente: es una tendencia. Y en Alta Córdoba el malestar ya no se oculta. La paciencia del hincha se agota y la sensación de fracaso se instaló con fuerza.
Tras el partido que ganó 2-0 este lunes ante Estudiantes en Río Cuarto, el plantel ingresará en un receso prolongado, atravesado por el parate del calendario y con la mirada puesta en el próximo Torneo Clausura. No será un tiempo de calma, sino de decisiones profundas en un club que necesita volver a pelear cosas importantes.
En ese contexto, el mercado de pases será determinante. No sólo por los refuerzos que puedan llegar, sino por las salidas que pueden reconfigurar el plantel. Y ahí aparece el nombre propio del semestre: Alex Luna.

El delantero fue la gran figura del equipo y su nivel despertó interés. Instituto posee el 80% de su pase y necesita vender para acomodar sus finanzas. Todo indica que ofertas no faltarán y que su ciclo podría estar llegando a su fin.
Mientras tanto, la dirigencia avanzó en algunas renovaciones para sostener una base. Manuel Roffo y Fernando Alarcón extendieron sus contratos hasta 2027, aunque en el fútbol argentino nadie es intransferible. En esa lógica también entra Gastón Lodico, seguido desde Brasil y con chances concretas de salir si aparece una propuesta firme.
La continuidad que hizo ruido
Pero el foco del análisis no puede esquivar una decisión que condicionó todo el semestre: la continuidad de Daniel Oldrá. Tras no cumplir los objetivos en 2025, su ratificación fue, como mínimo, arriesgada. Con el diario del lunes, resulta directamente equivocada.
Oldrá (ahora volvió a un Godoy Cruz del que nunca quiso irse) jamás logró consolidar una idea, no potenció al plantel, no promovió a los jugadores de La Agustina y dejó más dudas que certezas.
Su salida en la segunda fecha, además de sorpresiva, fue irresponsable desde lo deportivo: dejó al equipo a la deriva en pleno inicio del torneo. Instituto perdió tiempo, puntos y rumbo en un momento clave. Y ese arranque fallido terminó siendo determinante en la eliminación.

El interinato de Martelotto y Jiménez no logró cambiar la tendencia. El equipo acumuló malos resultados, quedó condicionado en la tabla y tuvo que correr siempre desde atrás. Recién con la llegada de Diego Flores se vio una reacción. Hubo orden, una mejora en el rendimiento y la recuperación de la competitividad. Pero no alcanzó: el daño inicial ya era demasiado grande.
Ahora, con tiempo de trabajo, Flores tendrá la oportunidad de reconstruir el equipo, afianzar su idea y proyectar lo que viene. Está claro que el DT se ganó respaldo para el próximo semestre.
En busca de los resultados deseados
Pero Instituto necesita resultados y sostener esta mejora en el Clausura, con un equipo que realmente pelee más arriba.
El cierre del Apertura deja una conclusión incómoda pero evidente. Instituto no solo quedó eliminado: fue víctima de sus propias decisiones. Y en ese escenario, la responsabilidad recae directamente en la dirigencia y en la secretaría de fútbol, encabezada por Federico Bessone y Jorge Carranza.
Porque no se trató solo de una mala racha o de falta de suerte. Hubo decisiones que se tomaron, apuestas que se hicieron y errores que se pagaron caro. Y el caso Oldrá es el ejemplo más claro.
Lo que viene será decisivo. Entre ventas, refuerzos y un nuevo armado del plantel, Instituto se juega mucho más que un mercado de pases. Se juega la relación con su gente y la necesidad de verse en otro lugar. No esperando resultados ajenos ni milagros para meterse entre los ocho en un torneo donde, claramente, se espera mucho más.

