Bajó al invicto. Instituto se hace fuerte en casa y sigue soñando
Con compromiso colectivo y sin depender de nombres propios, el equipo de Flores volvió a mostrar su mejor versión en Alta Córdoba y mantiene la ilusión intacta. Le ganó por 2 a 0 a Defensa con goles de Guerra y Tissera.
En Alta Córdoba hay algo que está pasando. Se siente en el aire, en el murmullo previo, en la manera en que el equipo sale a jugar. Instituto volvió a ser ese equipo que empuja, que contagia, que incomoda. Volvió a ser un equipo de verdad. Y en una noche fresca, de esas que invitaban más al sillón que a la tribuna, le regaló a su gente una victoria que vale más que tres puntos: fue un 2-0 ante Defensa y Justicia que lo mantiene con vida.
No fue una actuación perfecta. Pero fue una actuación seria, comprometida, con carácter. De esas que construyen campañas. De esas que, en el cierre de un torneo, marcan la diferencia entre pelear o resignarse.
Alta Córdoba, territorio de fe
Desde que llegó Diego Flores, Instituto encontró en su casa algo más que un estadio. Encontró un refugio. Un lugar donde se siente cómodo, donde potencia sus virtudes y disimula sus defectos. Cuatro partidos, cuatro triunfos. Puntaje ideal que no es casualidad.
La Gloria arranca los partidos en Alta Córdoba con otra energía. Presiona más arriba, se anima a jugar, toma riesgos. No siempre le sale bien, pero siempre lo intenta. Y en ese intento hay una identidad que empieza a consolidarse.
Ante el Halcón, el equipo volvió a mostrar esa versión. Manejó los tiempos en varios pasajes del primer tiempo, generó situaciones y, sobre todo, dio la sensación de saber lo que estaba jugando. Porque no era un partido más. Era una final.
Golpear y resistir
El partido tuvo momentos cambiantes, como suele pasar cuando hay tanto en juego. Instituto arrancó mejor, avisó con centros y aproximaciones, y terminó encontrando la ventaja en una pelota parada. El córner de Lodico, el cabezazo Galván en el área y la aparición de Nicolás Guerra para empujarla. Gol y desahogo. Gol y alivio para el chileno.
A partir de ahí, la Gloria tuvo pasajes de buen fútbol, pero también sufrió. Porque Defensa y Justicia no llegó invicto por casualidad. Es un equipo que va al frente, aunque anoche estuvo desconocido. Y en ese ida y vuelta, Instituto tuvo chances para ampliar, pero le faltó precisión.
Al comenzar el complemento la visita adelantó líneas, tomó el protagonismo de a ratitos y empujó a Instituto contra su arco. Ahí apareció el equipo. Sin estridencias, sin figuras salvadoras, pero con una idea clara: resistir juntos.
Roffo respondió cuando lo llamaron, la defensa se sostuvo y el mediocampo corrió todo lo que había que correr. Fue un tramo de partido donde el resultado estaba abierto y la tensión se sentía en cada pelota.
Un equipo que empuja desde lo colectivo
Si algo dejó esta victoria es una certeza: Instituto no depende de individualidades. No hubo una figura excluyente, aunque se destacó Abregú al medio. Lo mejor estuvo en el conjunto. En el compromiso para no aflojar, en la solidaridad para sostener el resultado, en la convicción para seguir buscando.
Y cuando el partido pedía una estocada final, apareció Matías Tissera. Ingresó desde el banco y, en una de las primeras que tocó, sacó un golazo para el 2-0. Quedaban pocos minutos, pero ese grito bajó la persiana. Fue el golpe definitivo.
Antes, Instituto había desperdiciado varias chances. Le faltó eficacia, sí. Pero nunca dejó de intentar. Y en ese intento constante hay una señal positiva.
Seguir con vida, el gran objetivo
El triunfo tiene múltiples lecturas. Le sacó el invicto al único equipo que no había perdido en el torneo, lo mantiene en la pelea por entrar a los playoffs y le da aire en la tabla de la permanencia. Pero, por sobre todo, lo deja con vida.
Y eso, a esta altura, es todo.
Porque lo que viene será exigente. Cuatro fechas, tres de visitante y una sola en Alta Córdoba. El desafío es claro: sostener esta versión fuera de casa. Llevar esa intensidad, ese compromiso, esa idea de equipo.
Si lo logra, Instituto puede empezar a mirar más arriba y animarse a algo más que la permanencia. Puede ilusionarse. Si no, volverá a sufrir, a depender de resultados ajenos, a caminar por la cornisa.
Por ahora, la Gloria cumplió. Ganó una final. Y lo hizo como lo pedía el contexto: sin grandes figuras, pero con un equipo entero dispuesto a empujar para el mismo lado. En Alta Córdoba pisa fuerte. Y mientras eso siga así, hay razones para creer.

