Las claves del presente. Instituto aceleró en el final y sueña en grande
Con un sistema claro, solidez defensiva y confianza en alza, la Gloria dejó atrás las dudas y se mete de lleno en la pelea por los playoffs. Con Flores como DT ganó seis de los diez partidos.
En Instituto los números invitan a ilusionarse, pero el verdadero cambio no está en la planilla sino en el césped. Desde la llegada de Diego Flores, la Gloria ganó seis de diez partidos, se alejó de la preocupación del descenso por la tabla anual y empezó a mirar con otros ojos la posibilidad de meterse en los playoffs. Sin embargo, más allá de esa estadística que seduce, hay razones futbolísticas profundas que explican por qué hoy el Albirrojo es otro equipo.
El primer gran acierto del DT fue encontrar un sistema que le calce justo al plantel. Instituto dejó de ser un equipo largo, que se partía con facilidad y sufría cada transición rival, para transformarse en un equipo intenso al que nadie lo ha pasado por encima más allá de alguna que otra derrota.
En paralelo, la solidez defensiva se convirtió en un pilar. No es casualidad que la Gloria lleve tres partidos consecutivos con el arco en cero. A partir de esa seguridad empezó a construir victorias que antes se le escapaban por detalles.
La figura de Manuel Roffo fue determinante este sábado ante Riestra en momentos puntuales, con atajadas que sostuvieron resultados como ante Defensa y Justicia. A su vez, el capitán Fernando Alarcón recuperó su mejor versión y se erigió como líder de una defensa que volvió a transmitir confianza. A su lado, Leonel Mosevich aportó firmeza y presencia, consolidando una última línea que hoy se muestra mucho más segura.
Pero el crecimiento no se explica solo desde atrás. En el mediocampo, Instituto encontró equilibrio y claridad. Gastón Lodico se transformó otra vez este sábado en el eje futbolístico: es el que ordena, el que baja la pelota y decide cuándo acelerar y cuándo pausar. A su alrededor, el equipo dejó de dividirse y empezó a construir circuitos de juego más confiables. Ya no se trata de pelotazos aislados o ataques desordenados, sino de una estructura que sostiene cada avance.
En ese engranaje, los laterales cumplen un rol clave. Diego Sosa y Giuliano Cerato le dan amplitud, sorpresa y profundidad a un equipo que ahora sabe atacar por distintos sectores. Esa variedad ofensiva lo hace menos previsible y más difícil de controlar para los rivales.
Luna, el distinto
Arriba aparece el desequilibrio individual, con Alex Luna como bandera. Incluso sin estar al cien desde lo físico, es el jugador capaz de romper estructuras, de inventar una jugada distinta. Pero lo más importante es que Instituto ya no depende exclusivamente de él. Este equipo creció en lo colectivo: cada jugador entiende su rol y lo ejecuta dentro de un libreto claro que Flores logró instalar.
Otro aspecto clave es lo anímico. Las victorias no solo sumaron puntos: también devolvieron confianza. Futbolistas que habían comenzado el torneo en un nivel bajo hoy muestran otra cara. Se sienten parte, se sueltan, compiten mejor. Y cuando la cabeza acompaña, el rendimiento se potencia.
Así, Instituto pasó de ser un equipo dubitativo a uno confiable. Ya no gana por accidente ni pierde por desconcentraciones evitables. Sabe cómo jugar cada partido, interpreta los momentos y golpea cuando tiene que hacerlo. Esa madurez competitiva es, quizás, el cambio más significativo.
La recta final
Ahora, el cierre del torneo lo encuentra en plena levantada. Se vienen tres fechas decisivas, con Estudiantes de La Plata como próximo desafío en Alta Córdoba, en lo que será su última presentación como local en el Apertura.
La Gloria recibirá al Pincha el sábado desde las 17.15, sabiendo que su rival debe jugar este martes por Copa Libertadores ante Cusco.
Luego Instituto deberá salir a la ruta, con paradas exigentes como Newell's Old Boys, mientras también tiene pendiente un duelo con Estudiantes de Río Cuarto que puede resultar clave para terminar de acomodar su posición.
Instituto es hoy como ese caballo que largó mal pero entra a la recta final lanzado, comiendo terreno con decisión. Ya no corre desde la urgencia sino desde la convicción. Encontró una idea, la sostiene y la hace valer. Y en un fútbol argentino donde la irregularidad es moneda corriente, tener un plan claro puede ser la diferencia entre quedarse mirando y animarse a ir por más.

