La Voz en Atlanta. Para los ingleses, la historia pesa pero el problema sigue siendo Lionel Messi

Los fanáticos británicos recuerdan México '86, Beckham y Simeone cuando hablan de Argentina. Sin embargo, antes de la semifinal del miércoles, todos coinciden en que el capitán argentino sigue siendo el futbolista capaz de cambiar cualquier Mundial.

13 de julio de 2026 a las 03:41 p. m.
Sebastián Roggero
Sebastián Roggero
Enviado especial a EE.UU.
Para los ingleses, la historia pesa pero el problema sigue siendo Lionel Messi
Los ingleses confían en su selección pero respetan a Lionel Messi de cara al duelo de las semifinales del Mundial 2026. (La Voz)

Se siente lindo encontrar a un inglés que arranque la charla con un "¡vamos Messi!". Descoloca. Porque durante décadas, la rivalidad entre Argentina e Inglaterra pareció escrita para que de un lado hubiera héroes y del otro villanos. Sin matices. Pero en Atlanta, donde este miércoles volverán a enfrentarse por una semifinal del Mundial 2026, la realidad es bastante más compleja.

Los ingleses respetan a Lionel Messi, reconocen que sigue siendo el hombre capaz de cambiar cualquier partido y, al mismo tiempo, sueñan con eliminar al campeón del mundo. No viven el cruce con la misma carga emocional que los argentinos. Lo sienten especial. Pero por motivos distintos.

Para la Argentina, el duelo inevitablemente remite a México 1986. A Diego Maradona. A la Mano de Dios. Al Gol del Siglo. A una página que trascendió el fútbol y quedó grabada para siempre en la memoria colectiva. Del otro lado también recuerdan aquella tarde en el estadio Azteca, aunque sin el mismo peso simbólico. También aparecen Francia 1998, la expulsión de David Beckham tras el cruce con Diego Simeone y aquella eliminación por penales. Son cicatrices futboleras que siguen presentes.

Mientras los hinchas revuelven esos recuerdos, Lionel Scaloni eligió otro camino. El entrenador insistió después de eliminar a Suiza que para su plantel será "un partido más". Un mensaje pensado para bajar la temperatura de una semifinal que, puertas afuera, parece imposible de separar de la historia.

En el centro de Atlanta, donde empiezan a multiplicarse las camisetas blancas con la cruz roja de San Jorge y las celestes y blancas, dos simpatizantes ingleses aceptan el juego de hablar en español antes de responder en su idioma. Entre risas aparece un inesperado "¡vamos Messi!", como si el mejor futbolista del mundo también hubiera conquistado una parte de Inglaterra. La primera respuesta deja en claro cuál es la principal preocupación inglesa.

"Argentina siempre tiene posibilidades cuando juega Messi. Nunca se la puede descartar si él está en la cancha. Si logramos controlarlo, tendremos oportunidades. Pero es mucho más fácil decirlo que hacerlo", admite uno de ellos.

El diagnóstico se repite. Nadie minimiza al capitán argentino. Nadie cree que sus 39 años hayan cambiado demasiado las cosas.

"Esperamos que Harry Kane y Jude Bellingham hagan su trabajo. Messi ya tiene 39 años, es cierto, pero veremos. Tengo la sensación de que el partido puede terminar en los penales", agrega otro.

Cuando la conversación se corre del presente hacia la historia, las respuestas cambian de tono. "Cuando llegás a una semifinal del Mundial todos los partidos son especiales. Pero claro que nos gustaría eliminar a Argentina", responde uno.

El compañero completa la idea. "Sí, es un partido especial. Me acuerdo del penal de Beckham, de su expulsión y también del Mundial del 86 con Maradona. Ojalá podamos vencer al campeón del mundo". No hay bronca. Tampoco revancha. Hay memoria. Recuerdos de distintos Mundiales que marcaron una rivalidad enorme, aunque sin la intensidad emocional que todavía existe del lado argentino.

Otro hincha aporta una mirada generacional. Cuenta que en 1986 tenía 17 años. "Estaba muy, muy enojado por aquel partido. Claro que tiene mucha historia este enfrentamiento", recuerda.

Entonces aparece otra pregunta inevitable: ¿qué representa Messi para los ingleses? La respuesta sorprende menos de lo esperado.

"Es un talento extraordinario para el fútbol mundial. No creo que en Inglaterra lo pongamos en un lugar tan especial como sí ocurre en otros países o en España, donde jugó tantos años. Lo respetamos, pero no le tenemos miedo".

Quizá esa frase explique buena parte de la previa. En Argentina, Messi ocupa un lugar casi imposible de describir. En Inglaterra lo reconocen como uno de los mejores de todos los tiempos, aunque entienden que enfrente también están Kane, Bellingham y una generación convencida de que puede devolver al fútbol a casa. La sensación que transmiten los ingleses es de confianza, aunque sin soberbia.

Creen que pueden ganar. Varios imaginan un partido cerrado. Más de uno apuesta por los penales. Ninguno se anima a dar por eliminado al campeón del mundo mientras el número 10 siga caminando la cancha.

Atlanta espera. Los argentinos llegan con la mochila de la historia, los ingleses con sus propios recuerdos y Scaloni intentando convencer a todos de que apenas se trata de otro partido. Pero alcanza con caminar unos metros entre las camisetas de ambos países para entender que eso será imposible. Porque Argentina-Inglaterra nunca fue un partido más. Y un Mundial, mucho menos.