Mundial en cordobés. Los "infartados" de Atlanta y la noche en la que Argentina volvió de entre los muertos

Crónica de las reacciones de la gente a la salida del estadio de Atlanta luego del triunfo 3-2 sobre Egipto.

07 de julio de 2026 a las 05:36 p. m.
Sebastián Roggero
Sebastián Roggero
Enviado especial a EE.UU.
Los "infartados" de Atlanta y la noche en la que Argentina volvió de entre los muertos
Argentina vs Egipto en el Mundial 2026.

Nadie salía caminando normal del Mercedes-Benz Stadium. Algunos se agarraban el pecho. Otros seguían abrazados sin decir una palabra. Había padres llorando con sus hijos, amigos que todavía no podían creer lo que acababan de vivir y hasta hinchas que se reían solos, como intentando convencerse de que todo había sido real. Argentina acababa de ganarle 3-2 a Egipto después de estar dos goles abajo cuando el reloj ya parecía un enemigo imposible de derrotar. Y la salida del estadio se transformó en una especie de terapia colectiva. Nadie tenía ganas de irse. Todos necesitaban contarle a alguien lo que acababan de sobrevivir.

"No puedo más", repetía un cordobés mientras se apoyaba en una baranda para recuperar el aire. Otro llegaba entre risas y exageraciones, aunque en el fondo hablaba muy en serio.

"Casi nos morimos. Nunca vi una situación igual. Voy a todas las canchas y jamás viví algo así. A los 80 minutos estábamos afuera. No se podía." Esa frase se repetía una y otra vez. "Estábamos afuera." Porque durante buena parte del segundo tiempo nadie encontraba una explicación. Argentina no era Argentina. Messi estaba contenido, Egipto golpeaba cada vez que aceleraba y el sueño de seguir en el Mundial empezaba a escaparse delante de miles de argentinos que habían cruzado un continente para estar ahí. Pero apareció el equipo. Y apareció Messi. Como tantas veces.

Primero la reacción, después el descuento, luego el empate y finalmente el gol que desató uno de esos delirios colectivos que solamente entiende quien alguna vez vio jugar a la Selección con el corazón en la mano.

"El 10 siempre aparece. Asistencia, gol... sacó adelante un partido imposible", resumía otro hincha todavía con la voz quebrada.

Había quienes intentaban ponerle palabras y no podían. "No puedo hablar", decía uno mientras mostraba los videos que ya estaba mandando por WhatsApp a su familia en Argentina.

Otros preferían quedarse con el abrazo.

"Lo más emocionante fue vivir esto con mi hijo y con mi señora. Pensábamos que nos íbamos con la cabeza gacha y terminamos festejando todos juntos. Eso no se olvida más." En esa salida aparecía todo lo que hace distinto a un Mundial. No importaban las horas de vuelo, los dólares gastados, los kilómetros recorridos ni el cansancio acumulado. Lo único que importaba era esa sensación de haber sido testigos de algo irrepetible. Hasta las cábalas tenían su lugar. Un grupo de argentinos confesó que dejó de mirar el partido desde la tribuna y terminó viendo los tres goles por una pantalla interna.

"Fuimos al baño y justo llegaron los goles. Nos quedamos abajo por cábala. No volvimos más a los asientos."

Nadie se animaba a discutirles semejante decisión. Si había funcionado, ¿quién era capaz de decirles que estaban locos? Entre tanta emoción también aparecía Córdoba.

"¡Hasta la muerte, Belgrano!", gritó uno.

Otro sonrió antes de explicar por qué había soportado semejante sufrimiento.

"Soy de Racing. Estoy acostumbradísimo."

Y un tercero resumió la identidad futbolera argentina en apenas una oración.

"No nos sacan ni con el cajón." Era imposible no acordarse de los penales contra Holanda en Qatar, de la final con Francia, de tantas noches en las que la Selección encontró fuerzas cuando parecía no quedarle nada.

Atlanta acababa de sumar otra página a esa colección. Hubo un hincha que hasta juró haberlo visto venir. "Hoy me levanté y le dije a mi hijo que lo dábamos vuelta. Le dije 3 a 2. Te juro. Estaba tranquilo." A esa altura nadie tenía ganas de discutir pronósticos milagrosos.

Todo parecía posible después de semejante remontada. Mientras la multitud seguía bajando las escaleras del estadio, los celulares no dejaban de hacer videollamadas hacia Córdoba, Buenos Aires, Mendoza o cualquier rincón del país. Del otro lado aparecían familias enteras llorando, amigos cantando y grupos esperando escuchar una sola respuesta.

"¿De verdad pasó?" Sí. Pasó.

Y quizás por eso la mejor definición de la noche no la dio un periodista ni un protagonista del partido. La dijo un hincha anónimo, todavía sin recuperar el aire, mientras buscaba salir del estadio con una sonrisa imposible de borrar.

"Hoy sufrí. Pero es uno de esos partidos que no nos vamos a olvidar nunca en la vida."

No hacía falta agregar mucho más. Porque en Atlanta no ganó solamente Argentina. También volvió a ganar esa costumbre tan argentina de creer cuando ya nadie cree, de seguir cantando cuando todo parece perdido y de salir de una cancha convencidos de que el corazón, por una noche más, aguantó un tiempo suplementario que parecía imposible.