Nicolás Bertolo. Una historia inconclusa en Instituto y un nuevo sueño en marcha
El exfutbolista habló de su cuenta pendiente con la Gloria y de su preparación para reinsertarse en el fútbol desde otro rol. El lunes estuvo en Alta Córdoba alentando al equipo de Flores.
Había clima de partido bravo en Alta Córdoba, pero entre la gente también se mezclaban historias. Algunas se cantaban desde la tribuna. Otras caminaban en silencio por los pasillos colindantes a las cabinas de prensa. Nicolás Bertolo era una de ellas. A los 40 años, ya lejos de la pelota profesional, el exvolante apareció este lunes como un hincha más, acompañado por su familia, para ver la victoria de Instituto ante Defensa y Justicia. Sin botines, sin camiseta, pero con algo que no se retira: el sentido de pertenencia.
Bancando los trapos
“Cuando estoy en Córdoba aprovecho y vengo con la familia a alentar a Instituto. Al equipo lo veo bien, se ve la mano del nuevo entrenador. Cuando hay cambios de aire, todos se sienten importantes, compiten desde cero y hace que se eleve el nivel”, contó en la previa, con la mirada puesta en el presente de la Gloria.
Bertolo sabe de cambios, de ciclos y de reinvenciones. Su carrera lo llevó por escenarios grandes: ganó la Copa Libertadores con Boca en 2007 y volvió a levantarla con River en 2015.
Pasó por Europa, por México, por Uruguay. Jugó en la selección argentina. Fue ídolo en Banfield. Pero cuando repasa el recorrido, hay un punto que le queda marcado. Una cuenta pendiente que no se saldó.
La espina que quedó en Alta Córdoba
“Siempre va a quedar como una asignatura pendiente el no haber podido retirarme en Instituto. En su momento me llamaron cuando la Gloria estaba en Nacional B y yo sentí que podía competir todavía en Primera. Quizá era esa la oportunidad de volver… y cuando quise hacerlo el entrenador de ese momento no quería contar con un jugador de mis características. Lo entendí. Pero hubiera sido importante poder cerrar una carrera de 20 años en el club de mis amores”.
La frase no suena a reproche. Tampoco a enojo. Tiene más de aceptación que de bronca, pero deja ver ese pequeño vacío que ni los títulos ni los viajes pudieron llenar. Porque Instituto, para Bertolo, no es un club más. Es el origen. Es ese chico que empezó a patear la pelota desde los cuatro años, que soñaba con llegar y que, por esas vueltas del fútbol, nunca pudo despedirse ahí adentro.
Linda charla con Nicolás Bertolo, el volante que se quedó con las ganas de vestir la camiseta de Instituto como profesional. Quiere volver al club que lo formó y así lo cuenta en esta entrevista. pic.twitter.com/abMFuTOCXt
— Agustín Caretó (@acareto_MundoD) April 7, 2026
El después también se juega
En esa contradicción también se construye su presente. Porque si el cierre no fue el que imaginaba, el después todavía está en pleno armado. Bertolo no se fue del fútbol: está buscándole otra forma.
“Estoy en la búsqueda de encontrar un lugar donde me pueda sentir cómodo. Es muy difícil reemplazar lo que sentía siendo futbolista. Nada me va a llenar como lo hizo ser jugador de fútbol. Me estoy preparando, haciendo algunos cursos. Ya me recibí de director deportivo, estoy esperando la oportunidad de empezar a trabajar”, contó anoche ante La Voz.
Ahí aparece otro Bertolo. Más reflexivo, más pausado, pero igual de competitivo. Uno que entiende que el fútbol también se juega fuera de la cancha. Que hay decisiones, proyectos y estructuras que sostienen lo que después se ve cada fin de semana. Y en ese camino, claro, Instituto vuelve a cruzarse.
Una puerta que sigue abierta
“Soy muy respetuoso de toda la gente que está trabajando en el club. A Juan (Cavagliatto) lo conozco de chico, desde antes de que sea lo que es hoy. Le ha hecho muy bien a Instituto. Y si en algún tiempo a futuro me toca laburar en el club, bienvenido sea”, aseguró.
No hay promesas, no hay apuro. Pero sí una puerta entreabierta. Una posibilidad. La de volver, aunque sea desde otro lugar, a ese club que le quedó atravesado en la carrera.
Mientras tanto, Bertolo sigue yendo a la cancha como uno más. Se sienta, mira, analiza. Aplaude. Se mezcla. Y en cada visita hay algo de ese jugador que fue y de ese dirigente que puede ser. Porque si algo le enseñó el fútbol es que los caminos no siempre son lineales. A veces, las historias no se cierran donde uno quiere… pero encuentran la manera de continuar.
Y quizás, en algún momento, Instituto y Bertolo vuelvan a cruzarse. No para saldar una deuda, sino para escribir otro capítulo. Uno distinto. Pero con el mismo sentimiento.

