El reglamento. El gol del Cuti Romero que la Fifa quiere esconder
El cordobés marcó el 3-2 de Argentina ante Cabo Verde, pero la Fifa, en el reporte del partido, se lo adjudicó a Diney Borges en contra.
Fue el gol argentino más festejado en lo que va del Mundial y su protagonismo recayó en un cordobés. Nadie duda que el tanto con el que “la selección de los Lionels” (Messi y Scaloni) definió una trabajadísima victoria sobre Cabo Verde por 3-2, se recordará por siempre como aquel del inolvidable “cabezazo del Cuti Romero”, en suplementario.
O casi nadie, porque a la Fifa, en el reporte del partido, se lo haya adjudicó, inexplicablemente, a Diney Borges en contra, a raíz de que la pelota, antes de ingresar al arco del fantástico Vozinha, rozó levemente en el jugador africano.
La intervención involuntaria de rivales en goles como el descripto, reavivan la eterna polémica por la autoría de esas conquistas. Por ello, las tablas de goleadores de este torneo tendrán diferentes registros, según el sitio o medio que se consulte. Por ejemplo, diario Olé ya anticipó que lo considerará como anotado por el defensor del Tottenham Hotspur por más que la Fifa sostenga oficialmente que el tanto fue en contra.
Otros, en cambio, son defensores a ultranza de los dictámenes oficiales, por más que no los compartan o que tengan la certeza irrefutable de que son erróneos. De hecho, muchas veces los informes derivados de entes reguladores contienen equivocaciones todavía más notorias, como furcios en referencia a la fecha del calendario equivocada, escenarios distintos, árbitros diferentes, goleadores cambiados… En fin, se equivocan como cualquier otro estadígrafo, pero con la impunidad de ser dueño del “error oficial”.
La discusión tiene sus aristas y matices. Quienes sostienen a rajatabla la “oficialidad” de lo que dicen las planillas del árbitro, aún a sabiendas de que pueden contener errores, afirmarán que hasta aquí, Romero no convirtió ningún gol.
Pero al margen de la polémica, ¿cuál es el criterio a seguir para mensurar si una acción es gol del jugador atacante o del defensor? No existe unanimidad al respecto, pero lo más increíble es que la mismísima Fifa, emitió en 1997, previo al Mundial de Francia, unas recomendaciones (“Cuando el autogol realmente no cuenta”) que contradicen lo actuado por ese organismo en el presente Mundial.
De acuerdo a aquel documento, publicado hace tres décadas en su sitio oficial, lo que hay que hacer primar es la intencionalidad de los actores de la jugada.
Por ello, no es difícil adivinar que el espíritu que persigue el escrito es darle valor a la acción de quien tiene la tentativa genuina de marcar el gol y no a la de quien pretende evitarlo. En definitiva, se trata de premiar a quien busca anotar el gol y no de castigar al que intenta impedirlo.
Claro que la iniciativa de Fifa, sin fuerza reglamentaria, choca con otros que no piensan lo mismo. Generalmente, no son pocos los árbitros y periodistas que prefieren asignar el gol en contra, valorando más el concepto de castigo que el de premio, una modalidad con tremendo sabor a injusticia. Porque ante un gol como el convertido por Romero ante Cabo Verde, el autor sentirá con todo derecho que fue obra suya, mientras que Borges difícilmente se lamente de haber cometido una torpeza para que lo responsabilicen de un tanto en contra.
En una de las figuras de aquel documento de 1997, donde se tipificaban varias situaciones que debían contemplarse como goles del atacante, se le da el aval a Romero para considerar propio el tanto que le dio a Argentina el pase a octavos de final.
“El factor decisivo es que la situación se originó de una tentativa genuina de gol; pese a que el balón no se encontraba en trayecto hacia la meta, el gol deberá atribuirse al atacante”, dice el mismo, justificando que nadie puede saber a ciencia cierta cuál sería la parábola de la pelota después de ser impulsada. Goles de este tipo son bastante frecuentes y erróneamente se los considera “en contra”.
En la recomendación número seis, por ejemplo, se dejaba con claridad el criterio de privilegiar la acción de quien quiere convertir un gol, hasta en situaciones donde el papel del defensor es todavía muchísimo más activo que el del jugador caboverdiano: “Si Fulano remata al arco, el balón rebota del poste, golpea casualmente a Mengano y entra en la red, Mengano no será responsable de la acción. Veredicto: gol de Fulano”. Ante todo, con buen criterio, la idea es convalidar la acción de quien intenta marcar el gol, cuya intentona siempre será la originaria y la más determinante de todas.
Tiempo atrás, en un debate similar, un colega insinuó: “Mirá si en el gol de Maradona a los ingleses la pelota hubiera rozado o pegado en uno de los defensores antes de vencer a Shilton. Hubiera sido el gol en contra más hermoso de la historia”.
En la mayoría de los medios, y muy a pesar de la Fifa, el tanto se le adjudica a Romero, dejando en claro que suena ridículo otorgarse como gol en contra el tanto al jugador africano.
Entre tanta discusión, justificaciones y conceptos válidos o erróneos, a Romero nadie le va a quitar de la cabeza una convicción: la de haber conquistado el gol de la victoria, gracias al palosanto y a pesar de la Fifa y de quien le quitó el Magiclick.


