Locura. Gastó sus ahorros para seguir a la Selección en motorhome
Se llama Hernán Romero y está recorriendo Estados Unidos con esa máquina ploteada de estrellas de Argentina. Vive en Nueva York y quiere volver ahí para la final.
Hay que ser argentino. Hay que estar "loco". Acaso porque ser argentino es estar un poco loco. Porque hay "una Argentina" hecha por argentinos que no tienen límites. Esa Argentina de esos argentinos se hizo notar con un motorhome que apareció estacionado durante varios días frente al hotel Origin de Kansas City, el búnker elegido por la selección nacional para su estadía durante el debut mundialista. Era imposible no verlo.
Mientras cientos de hinchas se acercaban cada día para intentar conseguir una foto de Lionel Messi, una firma o simplemente un vistazo de los jugadores cuando subían al micro, había otro atractivo que se robaba las miradas. Ese enorme motor home cubierto de banderas argentinas, camisetas, imágenes de ídolos y mensajes futboleros. Messi, Diego Maradona, Mario Kempes. Más. Todos.
Se trató de unna casa rodante convertida en una pequeña embajada albiceleste sobre ruedas. Y detrás de esa historia estaba Hernán Romero, un argentino que vive desde hace más de 20 años en Nueva York y que decidió seguir a la selección de una manera tan extravagante como apasionada: recorrer Estados Unidos en un vehículo de casi 150 mil dólares para acompañar a la Scaloneta durante el Mundial.
Cuando La Voz llegó hasta el estacionamiento del hotel, Hernán ya era una celebridad.
Los estadounidenses se acercaban para sacarse fotos. Le preguntaban por Maradona, por Messi, por la selección argentina y por esa pasión que parecía no conocer fronteras. Algunos se quedaban varios minutos escuchando historias. Otros simplemente querían retratarse junto al vehículo más argentino de todo Kansas City.
Mientras tanto, él disfrutaba del momento. "Cansado, pero con ansias", resumió antes de emprender el viaje rumbo a Dallas para acompañar el próximo partido de la selección.
Su aventura había comenzado mucho antes.
"Vengo de Nueva York. Hice 2.500 kilómetros en 29 horas", contó. Detrás de esa frase había una travesía enorme por las rutas estadounidenses. Una experiencia que, según explica, tiene algo de descubrimiento permanente. "Hermoso. Conozco muchas rutas porque he estado por todos lados. Esta es la primera locura grande que estoy haciendo. Lo que hice fue agarrar las interestatales. Si querés conocer de verdad, tenés que meterte por las interestatales, que son las que te llevan a los pueblos", explicó.
En Argentina se escucha que recorrer Estados Unidos por carretera es una experiencia única. Hernán no duda en confirmarlo. "Las carreteras parecen autopistas de Fórmula 1. Después tenés las interestatales, donde entrás a los pueblos y conocés a la gente. También están las rutas estatales, donde podés parar, dormir, bañarte o descansar. Como yo tenía que llegar a tiempo, me fui metiendo por muchos pueblos."
En el camino atravesó buena parte del país. New Jersey. Pennsylvania. Ohio. Illinois. Indiana. Wisconsin. Missouri. Ocho estados y miles de kilómetros para terminar estacionado frente al hotel de Messi. Claro que semejante aventura también tiene un costo.
"Yo gasté unos 550 dólares en combustible para hacer los 2.500 kilómetros", contó este carpintero al que todo le cuesta. Y aunque el motor home parece diseñado para devorar rutas, Hernán asegura que no tiene sentido correr.
"Anduve tranquilo, a unos 80 kilómetros por hora. Mientras más acelerás, más consume."
La conversación avanzaba mientras recorríamos el interior de la casa rodante. Por fuera parece un colectivo de lujo. Por dentro es un pequeño departamento. Hay heladera, cocina, comedor, camas, provisiones para varias semanas y una colección interminable de recuerdos argentinos.
También hay asado frío. "Nada más rico que un asado frío", le devolvimos. La carcajada fue inmediata. La escena parecía salida de una sobremesa en Córdoba y no de un estacionamiento en el corazón de Estados Unidos. Porque si algo caracterizó a Hernán durante esos días fue su capacidad para generar cercanía.
Desde el primer momento recibió a periodistas, hinchas y curiosos. Incluso se permitió algunos guiños bien cordobeses. En una de las transmisiones invitó a todos con una frase que rápidamente se volvió parte del folklore mundialista. "Los espero acá con un fernet cordobés, culiado."
El motor home ya no era solamente un vehículo.
Era un punto de encuentro. Un espacio donde se compartían historias, anécdotas y esperas. Porque frente al hotel Origin, además de esperar a la selección, se esperaba a Messi. Y Hernán lo sabe mejor que nadie. "Hace 10 días que estoy molestando a Messi", bromeó. "Tengo una vista privilegiada, pero no aparece."
Sin embargo, detrás del chiste se esconde una verdad que atraviesa a miles de argentinos que recorren Estados Unidos detrás de la selección: la ilusión de estar cerca de sus ídolos.
Aunque hay un detalle que define bastante bien a Hernán. Si le preguntan por Messi, responde con admiración. Pero cuando la charla gira hacia los ídolos, su corazón toma otro camino.
Diego Maradona sigue ocupando un lugar especial. Es fanático de Boca y confiesa que su devoción por Diego permanece intacta incluso en tiempos donde Messi parece haberse convertido en patrimonio universal. Quizá por eso conecta tan bien con los estadounidenses que se acercan a preguntarle por el fútbol argentino. Porque cada conversación termina transformándose en una historia. Y cada historia vuelve a empezar en ese gigantesco vehículo estacionado frente al hotel. La aventura recién comienza. Todavía quedan más de cuarenta días de Mundial, miles de kilómetros por recorrer y varias ciudades por descubrir.
El plan es seguir a la selección hasta donde llegue. Y después volver a Nueva York. "Sería lindo levantar la Copa allá", imaginó. Lo dijo mirando las banderas argentinas que cuelgan dentro del motor home. Como si pudiera ver algo que todavía no ocurrió. Como si en medio de las rutas interminables de Estados Unidos ya estuviera imaginando los festejos en Queens, a pocos minutos de Manhattan. Mientras Kansas City se vaciaba y los hinchas empezaban a partir rumbo a Dallas, Hernán preparaba una vez más el motor home para salir a la ruta.
El Mundial, para él, no se juega solamente en los estadios. También se juega en las autopistas. En los pueblos perdidos. En los estacionamientos. En las charlas improvisadas. En los mates compartidos. Y en esa necesidad tan argentina de convertir cualquier rincón del mundo en un pedacito de casa. Aunque ese rincón tenga ruedas y esté lejazo de Argentina.

