Apertura. Talleres de Tevez: Al fin, efectivo, combativo y de dos planes
La “T”se reinventa: más directo y físico en el arranque, más profundo desde la posesión en los cambios. El valor de los propios.
El Talleres de Carlos Tevez invita a una lectura que excede el resultado inmediato. Hay un equipo que todavía está en construcción, pero que ya exhibe rasgos definidos: es más efectivo, más “combativo” y “terrenal”, tal como lo define su entrenador.
En esa transición, la “T” ha encontrado una fórmula que combina sorpresa, practicidad y variantes para sostenerse competitivo. No es casual que hoy comparta la tercera posición de la Zona A junto a Lanús y Estudiantes (tienen un partido menos), con 18 puntos, en puestos de clasificación.
El partido del sábado ante Independiente, que ganó 2-1, funciona como un caso testigo de este Talleres de doble plan. Un equipo que puede cambiar su cara sin perder competitividad. La primera decisión fuerte estuvo en la previa: la salida de Matías Galarza para el ingreso de Giovanni Baroni, sosteniendo además a Rick, pese a que no venía de un buen clásico. Fue una apuesta que buscó incomodar desde el inicio, con nombres y funciones que no eran los esperados por el rival.
En ese primer tramo, Talleres apostó a un fútbol más directo, de desgaste, con la velocidad de Rick como arma para atacar espacios, la movilidad de Ronaldo Martínez para fijar y desordenar centrales, y la pegada de Baroni para lastimar desde la pelota detenida o los remates de media distancia. Todo esto respaldado por la combatividad de Sforza y Ortegoza, que hicieron del medio un terreno de disputa constante. Fue combativo, pero tuvo su costo.
Ese plan inicial, no estuvo exento de sufrimiento. El equipo mostró algunas dudas en la cobertura de Ignacio Malcorra y de Matías Abaldo sobre cada banda y necesitó sostenerse en la firmeza de piezas como Matías Catalán y Santiago Fernández. El equipo fue de menor a mayor y sufrió hasta la apertura del marcador por parte de Gabriel Ávalos, en una de las pocas concesiones defensivas de un bloque que, en cuatro partidos, apenas permitió un tanto.
Argumentos
Pero si algo distingue a este Talleres es su capacidad para convertir y mutar. Fin de aquel registro de 2025 en el que la “T” necesitaba 23 tiros para meter un gol; ahora llega menos y anota mucho más. Además, los cambios volvieron a ofrecer otra versión: más asociativa, más paciente y con mayor profundidad desde la posesión.
Allí aparecieron el desborde de Diego Valoyes –regreso con asistencia en el 2-1 tras la sobrecarga sucedida de un desgarro en aductor derecho- el oportunismo de Valentín Dávila y la claridad de Galarza. También sumaron decisión Cáceres y otros ingresos que elevaron el volumen ofensivo.
En ambos planes hubo puntos en común que explican la evolución del equipo. La presencia de un conductor como Franco Cristaldo, capaz de darle sentido a cada ataque, y una eficacia importante. Esperada en los “9”, ya que Ronaldo Martínez suma dos goles y Dávila acumula cuatro, y también sorpresiva como la del lateral derecho Augusto Schott, que totaliza dos tantos.
A eso se suma un ingenio colectivo que aparece cuando el juego no fluye: aperturas rápidas hacia los extremos, pelotas paradas —incluido el cabezazo de lateral ante Independiente, rival al que ya le había convertido— y acciones desde laterales o tiros libres. Incluso, en Avellaneda, un gol de Baroni fue anulado por una falta previa de Martínez desde un lateral, otra muestra de los recursos que maneja el equipo.
Con "9" y "10"
Este Talleres también ha recuperado dos posiciones clave en la estructura: la del conductor y la del centrodelantero con gol, algo que había perdido en el ciclo anterior. Ya se habló de la eficacia, pero también mostró una mayor solidez defensiva: en 12 partidos entre Liga y Copa Argentina, mantuvo el cero cinco veces.
Otro rasgo distintivo es el aporte determinante de los jugadores propios. En este Apertura, Baroni debutó con impacto inmediato (tres asistencias y un gol), Dávila irrumpió con cuatro tantos en tres titularidades, mientras que Santiago Fernández y Schott se consolidaron, especialmente en partidos de alta exigencia como los clásicos.
En paralelo, Tevez ha hecho de la sorpresa una herramienta. Rara vez repite equipo y suele modificar nombres y estructuras según el rival. Ese manejo también le permitió sostenerse en momentos críticos, como cuando llegó a tener siete bajas por lesiones musculares. Hoy, con el regreso de piezas importantes como Catalán y Valoyes, la vuelta al banco de Báez y Vigo, y la expectativa por Depietri y Barticciotto —que podrían estar disponibles ante Boca—, el panorama empieza a ampliarse.
Así, Talleres se vuelve un equipo incómodo de analizar y de enfrentar. Sorpresivo en sus decisiones, competitivo en su esencia y en plena búsqueda de una identidad que, aunque todavía no es definitiva, ya tiene bases claras. En esa dualidad -entre lo que es y lo que quiere ser-, la “T” de Tevez encuentra su mayor fortaleza: la capacidad de adaptarse para seguir sumando.