Humor. Socavones, grietas y paranoia: la historia del día en que el Ducó casi se quedó mudo

Un derrumbe en cocheras cercanas encendió rumores de socavones gigantes y dejó a Huracán jugando a puertas cerradas. Críticas, respuestas insólitas, un entomólogo y el regreso del público en un caso que mezcló fútbol, grietas y fantasías apocalípticas.

13 de marzo de 2026 a las 01:55 p. m.
Socavones, grietas y paranoia: la historia del día en que el Ducó casi se quedó mudo
Chumbi.

Es sabido que la Bombonera se mueve: sus bandejas oscilan, basculan y se mecen cuando miles de hinchas saltan sobre el cemento. Aun así, todos confían en la solidez de la estructura y, partido a partido, se ocupan todos los lugares sin inconvenientes. Pero con el estadio de Huracán, y a raíz de un serio derrumbe en las cocheras de un complejo cercano, el aparente temor a que la apertura de un socavón de proporciones bíblicas se trague al Ducó determinó que el encuentro entre el Globo y Belgrano se disputara sin acceso al público.

Sin embargo, después de ese partido surgieron críticas sobre la aparente falta de empatía de las autoridades con los jugadores, que bien podrían –según plantearon algunos– ser absorbidos por la tierra en pleno juego, con bancos de suplentes y cuerpos técnicos incluidos en el hipotético colapso tan temido. “Está bien que se piense en poner a salvo al público, pero los futbolistas también son seres humanos, por más que en algunos foros de discusión se dude de esta condición”, señalaron fuentes del gremio de jugadores.

La respuesta llegó desde la AFA: “La LPF puede darse el lujo de perder dos equipos, ya que representan solo el 6,6 por ciento de los 30 participantes del torneo, que está concebido para seguir disputándose sin problemas aun cuando desaparezcan por cualquier causa (abducciones, ingreso a portales dimensionales, etc.) hasta cuatro equipos”. En cambio –según este criterio– un torneo de 20 equipos no podría resistir la pérdida de cuatro participantes porque afectaría al 20 por ciento del fixture.

Lo que no se negoció fue la veda de acceso al público. “La Fifa vería muy mal que 48 mil espectadores terminen en las profundidades de la tierra engullidos por un hueco sin fondo”, afirmó con crudo realismo un dirigente afista. No obstante, la directiva quemera no coincidió con la hipótesis del peligro estructural y pidió un informe técnico firmado por geólogos, geofísicos y sismólogos que justificara la realización de partidos a tribunas vacías.

Según allegados al club, el terreno está firme y no es zona sísmica. Se descartó por completo la versión de que el estadio estaba construido sobre una ramificación sudamericana de la falla de San Andrés, en California, así como la que indicaba que se había levantado sobre un gigantesco pantano de arenas movedizas destinado a tragárselo tarde o temprano. Además, desde el club recordaron que hace décadas se erradicó al grillo topo, insecto ortóptero que, además de comerse el pasto desde las raíces, excava profundas cavernas capaces de afectar la estabilidad de las estructuras. “Es un insecto tunelero por excelencia; en algunos países se lo utiliza para excavar aljibes y, en la Primera Guerra Mundial, se lo entrenó por millones para cavar trincheras”, explicó el entomólogo José Grillo.

Finalmente, los argumentos del club prevalecieron y el partido con River se jugó con público, como manda el fútbol.

SE BAJÓ IRÁN, ¿Y AHORA?

Finalmente, la Federación Iraní de Fútbol desistió de jugar el Mundial de América del Norte porque uno de los tres países anfitriones –concretamente Estados Unidos– atacó por sorpresa a Irán y, por estos días, bombardea sus ciudades por orden de su presidente, Donald Trump. Esto ocurre apenas tres meses después de recibir, de manos de Gianni Infantino, el “Premio Paz de la Fifa: El fútbol une al mundo”, durante el sorteo de la Copa. De hecho, y a raíz de los acontecimientos en Medio Oriente, el premio diseñado por Infantino pasaría a denominarse “Premio Paz de la Fifa: El fútbol une al mundo, pero sin Irán”, mientras otra postura sostiene que se debería mantener la extensa denominación inclusiva original, pero mejorar sensiblemente el mecanismo de elección de los galardonados. “Si no afinamos la puntería, le vamos a dar el Fifa de la Paz a Hannibal Lecter”, se sinceró un dirigente fifista.

La baja de Irán generó un vacío en el fixture que resulta necesario cubrir. Esto despertó una inexplicable especulación inicial de que Chile podría ocupar el lugar vacío, sin advertir que hay varios candidatos en medio del proceso, como Irak, que debe disputar un repechaje con el ganador del partido entre Bolivia y Surinam, y que ahora podría acceder directamente a la plaza persa para mantener el cupo de la Confederación Asiática de 8,5 equipos. En ese caso, Emiratos Árabes debería ir al repechaje.

Pero surge un problema para completar el cupo asiático: si la región no se calma para la hora de los repechajes o del inicio del Mundial, se tornará difícil movilizar a las delegaciones iraquí y emiratí con el espacio aéreo cerrado. En síntesis, el principal organizador de la Copa del Mundo 2026 está boicoteando, involuntariamente, la asistencia de parte de los seleccionados.

Llegado el caso, ¿deberá la Fifa buscar seleccionados en lugares más pacíficos para rellenar el fixture? ¿Renacen las especulaciones chilenas? Todo indica que la distinción pacifista de Infantino no solo debutó de manera pésima, sino que terminará llamándose “Premio Paz de la Fifa: El fútbol une al mundo siempre y cuando los espacios aéreos y los aeropuertos no estén cerrados por intercambio de misiles”.

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