Aguante. Rick, la apuesta que Tevez se negó a soltar en Talleres
De relegado, tras una noche dura en Santiago del Estero a pieza recuperada en el once "T". La historia de una confianza sostenida por Tevez, en el momento más difícil para el brasileño.
La escena en el Madre de Ciudades dejaba más preguntas que respuestas. Aquel 0-2 frente a Central Córdoba pareció marcar un límite para varios nombres de Talleres. Entre ellos, el de Rick Lima Morais. La derrota no sólo fue un golpe futbolístico: también modificó jerarquías internas. Para el extremo brasileño, significó un cambio de estatus inmediato. Del once titular al banco. Del ruido de las expectativas al silencio de la espera.
Paradójicamente, ese partido fue el último traspié de la “T” en una secuencia que, luego, incluyó el 0-0 ante San Lorenzo, el triunfo 2-0 frente a Instituto, otro empate sin goles en el clásico con Belgrano y la victoria 2-1 contra Independiente. En ese recorrido, Rick transitó un camino propio, más íntimo: el de sostenerse en la consideración de Carlos Tevez cuando el contexto invitaba a lo contrario.
Tras quedarse sin minutos ante el “Ciclón”, el brasileño tuvo su desahogo en el clásico frente a Instituto. Ingresó apenas 19 minutos, pero le alcanzaron para dejar su marca con un gol que cambió miradas. Fue su segundo tanto, una chispa en medio de un registro que hasta entonces resultaba pobre para lo que se esperaba de él. Sin Diego Valoyes, ni Bruno Barticciotto, ni Valentín Depietri —todos afectados por desgarros— y sin Luis Angulo, cedido, la oportunidad volvió a abrirse.
Tevez la vio. No sólo en el gol, sino en aquello que Rick insinuaba: el desequilibrio en espacios abiertos, la gambeta corta en zonas reducidas, esa capacidad de alterar defensas incluso en actuaciones irregulares. La evaluación fue difícil porque el juvenil Valentín Dávila ya venía pidiendo pista: había hecho tres goles con el de Instituto y Tevez podría haber optado por el pibe, que también suele tirarse por derecha.

Sin embargo, el DT lo devolvió a la titularidad en un nuevo clásico ante Belgrano, en Alberdi. Donde mejor se lo había visto. Allí, el guión fue distinto: recibió golpes, sufrió el partido y salió en el entretiempo. Con un rendimiento bajo y el marcador en cero, parecía difícil sostenerlo.
Pero la apuesta ya no era coyuntural. Era conceptual.
Rick se recuperó físicamente y volvió a estar desde el inicio ante Independiente. Y respondió. Fue de lo más incisivo hasta que, a los 32 minutos del complemento, dejó su lugar justamente a Valoyes, quien terminaría participando en el gol del triunfo. No hubo estadística personal que lo respaldara esa noche, pero sí algo más difícil de medir: su incidencia en el desarrollo.
Desde su llegada en 2024, proveniente del Ludogorets, los números nunca jugaron a su favor: 43 partidos, 28 desde el inicio, dos goles y una asistencia. Demasiado poco para una inversión importante y para la expectativa generada. Eso derivó en cuestionamientos hacia la dirigencia y en una mirada crítica que lo acompañó durante meses.
Sin embargo, hubo señales. En el cierre de la temporada pasada, cuando Tevez debió reinventar el ataque sin referencias tradicionales, Rick encontró su mejor versión compartiendo ofensiva con Angulo. Fue una solución de emergencia que terminó siendo una pista. Allí empezó a construirse esta confianza que hoy, con altibajos, sigue vigente.
Porque si algo distingue a Rick es su resiliencia emocional. Nunca dejó de sonreír, ni siquiera en los momentos más complejos. En la práctica abierta para socios del mieércoles pasado, fue uno de los más buscados, a la par de referentes como Guido Herrera o de la proyección de Santiago Fernández. Ese vínculo con la gente también explica por qué su historia todavía está en construcción.
Tevez, que fue jugador de convicciones fuertes, parece haber encontrado en Rick un caso testigo de su propia lógica como entrenador: sostener cuando otros sueltan. Apostar cuando el contexto invita a bajar el pulgar. En ese margen, incómodo pero fértil, el brasileño intenta reescribir su lugar.
No se trata sólo de goles o asistencias. Se trata de insistir. Y de alguien que, desde el banco o desde el inicio, tiene crédito abierto.