Primera Nacional. Racing sufrió un golpe rápido, no tuvo reacción y perdió con Ciudad Bolívar en el Miguel Sancho
En Nueva Italia, la Academia cayó 2-0. Un gol al minuto por una falla de su arquero dejó secuelas en el resto del partido. No pudo trepar a la punta.
El minutero recién estaba calentando sus músculos cuando el pasto rápido y la pelota mojada se confabularon contra Brian Olivera. La pelota que le llegaba sin apuro y sin ánimo de generarle un dolor de cabeza, se transformó en un problema que dejaría secuelas para el resto del partido.
El arquero de Racing quiso encontrarse con un balón que terminó golpeando en su cuerpo y que, de cuyo rebote, sacaría buena tajada Brian Duarte. El delantero de Ciudad Bolívar andaba por allí cuando recibió el regalo que rápidamente mandó a la red. Gol de la visita. Sorpresa en Nueva Italia.
El público albiceleste había llegado al Miguel Sancho con la ilusión de ver ganar al equipo y de alcanzar, si ayudaban otros resultados, el liderazgo, aunque compartido, del grupo A. Por lo dicho y por lo que se vio después, ese objetivo fue tornándose difuso hasta que la dura realidad de los números y de una flojísima actuación indicó otro final para ese sueño.
Racing nunca pudo recuperarse de ese golpe. Tardó mucho en reaccionar y cuando intentó hacerlo se encontró con sus propias limitaciones y con una respuesta colectiva eficaz y sumamente disciplinada de su adversario.
Favorecido por el resultado, el vencedor distribuyó muy bien a sus jugadores en el campo, lo que le evitó sorpresas desagradables. Una pelota suelta en cualquier sector de la cancha era disputada y muchas veces ganada por los jugadores visitantes. Y cuando el local conseguía superar algún obstáculo, la respuesta defensiva no tardaba en llegar. Así durante todo el encuentro.
La Academia generó muy pocas situaciones de peligro. La más clara en el primer tiempo fue un zurdazo de Pablo Chavarría que pegó en la parte exterior de la red. En ese lapso, el iniciador del juego fue Alan Olinik, quien se retrasaba para recibir y distribuir el balón, el que muy pocas veces llegó limpio a los tres cuartos de cancha.
Ese libreto se repitió en todo el trance, sólo matizado con la entrada de Francisco Monticelli, que cuando ingresó le dio agilidad al trámite al llevarlo más cerca del arquero Agustín Rufinetti. Sin embargo, fue poco, muy poco como para alterar una victoria parcial, que terminó de sentenciarse cuando Facundo Mucignat terminó con un zurdazo una bonita jugada colectiva de Ciudad Bolívar.
El resto del partido pareció estar de más. Racing claudicó por el bajo rendimiento de muchos de sus jugadores y por una disposición táctica que nunca logró superar a la de su adversario. La salida del estadio fue sin protestas y sin reclamos, signos inequívocos de la amarga asimilación de la derrota de sus hinchas, que esperaban irse líderes y llenos de optimismo, pero que terminaron sintiendo todo lo contrario. La punta puede esperar; para tener alguna expectativa hay que mejorar.