Se desinfló. De pelear arriba a mirar de cerca el fondo: qué le pasa a Racing
La Academia armó un plantel para ilusionarse con el ascenso, pero hoy atraviesa un presente preocupante. Bajó mucho el nivel colectivo y la reacción ya se volvió una necesidad urgente.
En Nueva Italia ya nadie mira la tabla pensando en la punta. El clima cambió rápido. Demasiado rápido. Hace apenas algunos meses, cuando Racing presentó a varios refuerzos de renombre, el sueño era otro: pelear bien arriba, ser protagonista y discutir seriamente el ascenso.
Había ilusión en los hinchas, expectativa en los dirigentes y un plantel que, al menos en los nombres, prometía dar pelea. Pero el fútbol suele tener poca paciencia y todavía menos memoria. Hoy la Academia mira de reojo la zona baja y acumula más preguntas que respuestas.
La derrota del viernes ante Central Norte de Salta terminó de encender varias alarmas. No solamente por el 2-1 en casa. También por el contexto. Racing jugó casi todo el partido con un hombre más ante un rival que llegaba golpeado, comprometido con el descenso y siendo el equipo con menos goles convertidos de toda la Primera Nacional. Y aun así perdió. Otra vez.
Partido al medio
Lo más preocupante quizás no sea únicamente el resultado sino las formas. Racing transmite fragilidad. Se parte fácil. Pierde el control de los partidos y queda expuesto ante cualquier error. De hecho, gran parte de este mal presente parece explicarse en una zona puntual de la cancha: el mediocampo.
Ahí está uno de los principales focos del problema. El equipo perdió intensidad, dinámica y recuperación. Ya no presiona igual ni domina los tiempos como en el arranque de temporada.

Y cuando el medio no funciona, el resto se contagia. La defensa queda demasiado descubierta y arriba todo depende más de arrestos individuales que de una idea colectiva clara.
Por eso Leandro Córdoba volvió a destacarse casi en soledad. El delantero terminó siendo uno de los pocos aplaudidos por la gente. También tuvieron pasajes aceptables Ricardo Centurión, Raúl Chamorro y Luciano Viano. Muy poco para un equipo armado para pelear arriba.
Los números reflejan esa caída: Racing ganó apenas uno de sus últimos ocho encuentros y hoy está más cerca del fondo que de los puestos de protagonismo. Y lo más llamativo es que el equipo parece haber perdido confianza. Comete errores infantiles, se desconcentra en momentos clave y paga caro cada desajuste.
Crece la preocupación
En Nueva Italia todavía hay respaldo para la dupla técnica conformada por Ramiro Torres y Pablo Motta. Desde la dirigencia sostienen la idea de mantener el proyecto y el presidente Manuel Pérez ya había dejado en claro semanas atrás que los entrenadores iban a continuar hasta el final de la temporada. Pero en el fútbol argentino las convicciones suelen durar lo que duran los resultados.
Por ahora hay banca. Pero también necesidad urgente de reacción.
Porque Racing sigue dejando pasar oportunidades y el margen empieza a achicarse. El equipo necesita volver a competir, recuperar solidez y reencontrarse con aquella versión que había despertado ilusión en el verano, cuando los refuerzos hacían imaginar otra película.
El próximo sábado, desde las 15, la Academia visitará a Los Andes. Y más allá de los puntos, lo que buscará será otra cosa: señales. Una respuesta futbolística y anímica que le permita empezar a salir de un pozo inesperado para todos en Nueva Italia.