Joya académica. Pasó por Belgrano, le dijo no a Instituto y brilla en Racing: la historia de Leandro Córdoba

El extremo de 20 años llegó como una apuesta desde Devoto y hoy es una realidad en la Academia, tras un camino que también lo cruzó con el Pirata y la Gloria. Tiene tres goles y es uno de los jugadores más desequilibrantes del plantel.

25 de marzo de 2026 a las 02:53 p. m.
Pasó por Belgrano, le dijo no a Instituto y brilla en Racing: la historia de Leandro Córdoba
Córdoba vive un momento soñado en Racing y sueña con ir por más.

En Racing de Nueva Italia hay historias que se escriben de a poco. Y hay otras que irrumpen. Que aparecen de golpe, como un rayo en medio de la rutina. La de Leandro Córdoba pertenece a esa segunda categoría. Porque llegó como una apuesta, casi en silencio, y en cuestión de semanas se transformó en una realidad que empuja, que contagia y que ilusiona.

De apuesta a realidad

Tiene 20 años, cara de pibe y gambeta de los que no piden permiso. Extremo, encarador, de esos que levantan a la gente del asiento. En una Academia que se armó con nombres pesados para pelear la Primera Nacional, él se metió igual. Sin chapa, pero con fútbol.

Primero avisó. Gol en el 2-1 ante Almirante Brown. Después explotó: doblete frente a San Miguel y figura para que Racing se trepe a lo más alto, ahí cerquita de la cima. Y entonces ya no hubo dudas. Lo que era una apuesta empezó a tomar forma de certeza.

Córdoba vive un momento soñado en Racing y sueña con ir por más.
Córdoba vive un momento soñado en Racing y sueña con ir por más. (Ramiro Pereyra. )

Del pueblo al salto sin escalas

Pero la historia de Córdoba no arranca acá. Ni siquiera en un club grande. Empieza lejos del ruido, en Devoto, donde la pelota rueda distinto. Donde los sueños no tienen cámaras pero sí convicción. En 2025 fue figura total en Sociedad Sportiva Devoto: 33 goles, campeón del Apertura y del Clausura. Un animal del gol en el fútbol regional. Y desde ahí, sin escalas, el salto. Directo a la segunda categoría del país.

“Esto es algo que no imaginé nunca. Se está dando todo muy rápido. Lo estoy llevando tranquilo, lo hablo con mi familia que es la que siempre me apoyó”, dice, todavía sorprendido por la velocidad de los acontecimientos. “Es un sueño todo esto que me está pasando”.

Un camino con desvíos y decisiones

El recorrido tiene curvas. De chico pasó por Sportivo Belgrano de San Francisco y después probó suerte en Belgrano. Pero duró poco. “Estuve apenas un mes. No llegué a jugar. Entrenaba con los chicos de AFA, pero extrañaba… y era delicado con la comida. Algunos chicos en la pensión se quejaron porque me cocinaban cosas diferenciadas y no se pudo acomodar esa cuestión, así que me volví a Devoto”. Un retroceso que terminó siendo impulso.

Volvió al pueblo, debutó en Primera a los 16 en Sociedad Sportiva y no salió más. Ahí también le cambió la vida fuera de la cancha: fue papá a los 17. Lorenzo, su hijo, hoy tiene tres años y ya lo acompaña a todos lados. Una mochila que no pesa: empuja.

En el medio apareció otro capítulo clave. El llamado de la Gloria para sumarse al plantel de Reserva. Pero no prosperó. “Me llamaron de Instituto también. Pero me convenció la propuesta de Racing porque ellos sí me hacían contrato. Tengo una familia y pensé en lo que más me servía. Estoy muy agradecido a Racing porque me abrió las puertas viniendo de abajo”. Decisión de vida. Y de carrera.

Córdoba vive un momento soñado en Racing y sueña con ir por más.
Córdoba vive un momento soñado en Racing y sueña con ir por más. (Ramiro Pereyra. )

El presente que ilusiona

El que lo vio primero en serio fue Ramiro Torres. “Lo tuve desde 2023, cuando era muy chico. Fue una recomendación traerlo. Vino a un amistoso, se quedó unos días… de hecho lo fui a buscar yo a la terminal. Después el mérito es todo de él, es un jugadorazo”, contó el entrenador que empujó su llegada.

La anécdota que terminó de torcer el destino también tiene olor a oportunidad. Un amistoso ante la Reserva de Belgrano, partido adverso, ingreso desde el banco y dos goles en un rato para que Pablo Fornasari diera el sí. Golpea la puerta, la puerta se abre.

El salto de categoría lo sintió. “En lo físico más que nada. Los primeros días de pretemporada me costaron mucho. Allá entrenábamos con menos intensidad”. Pero no se achicó. Se acomodó rápido, entendió el ritmo y empezó a marcar diferencias.

Paso a paso

Hoy se lo ve suelto, confiado, pero con los pies en la tierra. “Siempre hay que estar enfocado”, repite. Y alrededor encuentra respaldo: un plantel con experiencia que lo contiene y lo guía. “Todos los jugadores son buenas personas. Hay muchos hombres con mucha experiencia que me aconsejan bastante bien”.

Córdoba no se la cree. Saluda, agradece, sonríe. Tiene ese aire de pibe de pueblo que no negocia. Sueña en grande —dice que le gustaría jugar algún día en River y en la selección—, pero vive en presente. En ese presente que hoy lo tiene como una de las caras de Racing.

La Academia, que ya avisó que irá por la compra de su pase (a Sociedad Sportiva Devoto), encontró algo más que un proyecto: encontró un jugador que responde. Que aparece. Que decide.

Y el calendario no espera. Este viernes, desde las 21.30, Racing visitará a San Martín de San Juan en un partido bravo, de esos que miden carácter. Y todo indica que Córdoba estará desde el arranque.

El pibe que llegó como apuesta ya juega como realidad. Y en Nueva Italia, cuando agarra la pelota y encara, ya no sorprende. Ahora, ilusiona.