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Análisis. El momento de Santiago Fernández: la oportunidad que se gana y se defiende

El pibe recuperó la preferencia del DT Carlos Tevez y se consolidó con actuaciones vitales. Firmeza, carácter y sentido de pertenencia en un equipo que busca identidad, en el tramo decisivo del Apertura. El tema del "Pase al gol".

18 de marzo de 2026, 08:43
El momento de Santiago Fernández: la oportunidad que se gana y se defiende
Santiago Fernández. Talleres recueperó solidez defensiva en un momento clave del Apertura.

En el fútbol, las oportunidades no avisan ni son a medida. A veces irrumpen cuando el contexto exige más respuestas que explicaciones. El margen de error es mínimo y el equipo todavía se está buscando. Ahí, en ese territorio incómodo, reapareció Santiago Abel Fernández. Y no sólo estuvo a la altura: se impuso.

La decisión de Carlos Tevez de devolverlo al centro de la escena no fue un simple movimiento táctico. Fue, en esencia, una apuesta. Y Fernández la sostuvo con rendimiento.

Desde las imágenes más frescas, las de los clásicos ante Instituto y Belgrano, su crecimiento se volvió evidente: fue de menor a mayor frente a “La Gloria”, con algunas imprecisiones iniciales propias de una línea de tres que buscaba coordinación, pero rápidamente encontró su lugar. Y contra el rival de Alberdi directamente jugó su mejor partido.

Allí, en el Gigante de Alberdi, mostró todo. Tomando distancia, lo cierto es que con línea de tres o de cuatro; como líbero, stopper o zaguero, ganó casi todos los duelos individuales.

Redujo a la mínima expresión a dos delanteros curtidos y de oficio como Franco Jara y Lucas Passerini, goleadores de Instituto y Belgrano, respectivamente. Hubo roces, claro. Pero también tuvo temple. Y en ese ida y vuelta, Fernández salió siempre bien parado.

Defendió con rigor: marcó, anticipó, cerró. Pero además le agregó algo que distingue a los zagueros modernos: salida limpia. Ante Belgrano, incluso, se permitió un lujo (un caño) y mostró ambición ofensiva. Llegó al área rival, donde Morales le desvió un remate, y hasta se animó a sacar un disparo desde atrás de mitad de cancha que obligó a exigirse a Cardozo. No fue un espectador del juego: fue protagonista.

El 0 de los dos clásicos tuvieron mucho de él, de Matías Catalán y de Guido Herrera. Tres nombres que sostuvieron a Talleres en momentos donde la estructura colectiva todavía no terminaba de asentarse. En ese contexto, Fernández levantó alto la bandera de los jugadores formados en casa, en un año donde la inserción de juveniles es una marca registrada: también debutaron Baroni, Dávila y Chamorro, entre otros.

Pero su historia reciente no fue lineal. Fernández tuvo que recuperar este lugar. En el inicio de la temporada, el elegido había sido José Palomino, titular en los partidos ante Newell’s, Vélez y Platense.

Sin embargo, “Santi” reapareció en Copa Argentina frente a Argentino de Merlo y ya no salió más. Encadenó presencias ante Lanús, Gimnasia de Mendoza, Rosario Central, Central Córdoba, San Lorenzo y los clásicos. Fue creciendo partido a partido.

No todo fue perfecto. El error ante Central Córdoba, en el 2-0 final, cuando no advirtió la posición de Santos, lo sacudió. Pero, como esas dudas iniciales frente a Instituto, fueron excepciones en una curva claramente ascendente. El resto fue solidez, concentración y una lectura del juego cada vez más madura.

Su consolidación llegó justo cuando Talleres necesitaba bajar el margen de fallas propias y controlar mejor las virtudes ajenas. En ese proceso, mientras el equipo busca una identidad que lo proyecte a puestos de vanguardia, Fernández se transformó en una pieza confiable. No es menor: en un torneo donde la regularidad define, un zaguero que ofrece certezas vale doble.

Detrás de este presente hay un recorrido que explica. Su 2025 fue impactante: debut absoluto en Talleres de la mano de Alexander Medina, en un contexto crítico; titularidad en Copa Libertadores; convocatoria a la Sub 20; participación como sparring de la Scaloneta y presencia en el Mundial de la categoría. Antes, había tenido un inicio con ocho convocatorias bajo la conducción de Javier Gandolfi, seguido por un descenso a reserva y quinta división. Lejos de frustrarse, entendió el proceso.

Cuando volvió al plantel, ya con Tevez como entrenador, tuvo que esperar otra vez. No hubo quejas ni lamentos. Se preparó. Se fabricó su oportunidad. Y cuando llegó, la sostuvo. No era algo nuevo para él: su carrera, a esta altura, parece construida sobre esa lógica.

Hoy, su nombre empieza a sonar fuera del país. El interés de Cagliari —desde donde llegó Palomino— y una oferta de Al Nassr, el equipo de Cristiano Ronaldo, rechazada por insuficiente, hablan de su proyección. Pero Fernández parece tener claro dónde está parado.

“Vivo el día a día. Mato y muero por la camiseta de Talleres”, repite como un mantra. Y, por ahora, juega en consecuencia.

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