Mundial en cordobés. Messi para siempre: el "vacío" que quedó en Kansas City después de una noche que valió cada dólar
La gente en Kansas City quiere seguir viendo a Messi en la ciudad y que vuelva para afrontar un posible duelo de cuartos de final.
Y un día... Kansas City volvió a parecerse a Kansas City. Los tranvías siguieron recorriendo el centro. Los empleados entraron a las oficinas. Los turistas caminaron por las veredas anchas de la ciudad estadounidense. El tránsito recuperó su rutina. Pero algo no terminaba de encajar. Porque los argentinos seguían ahí.
Todavía caminaban con la camiseta celeste y blanca puesta. Todavía repasaban videos en sus teléfonos. Todavía discutían jugadas. Todavía buscaban una foto más, una historia más, un recuerdo más.

Todavía buscaban a Messi. Habían pasado apenas unas horas desde el 3-0 sobre Argelia en el debut mundialista. Apenas unas horas desde que Lionel Messi convirtió los tres goles de Argentina en el Arrowhead Stadium y transformó una noche de fútbol en otra de esas historias que se cuentan durante años.
Y sin embargo, para muchos, el partido parecía haber ocurrido hace una eternidad. O quizás seguía ocurriendo. Porque la sensación dominante en las calles de Kansas City no era la euforia.
Era otra cosa. Una mezcla extraña de felicidad y nostalgia. Como si los argentinos estuvieran empezando a extrañar algo que todavía tienen delante de los ojos.

“¿Me puedo abrazar a vos, por favor?”, bromeó una hincha durante una recorrida de La Voz. La pregunta provocó risas. Pero también escondía una verdad. “¿Cómo vivir después de Messi y en Kansas?” La verdad, qué un poco complicado. Es bastante melancólico ver la ciudad bastante vacía. Se acomodó los anteojos.
"Todavía tengo los tres goles de Messi en los ojos". Y ahí apareció la imagen perfecta.
Los tres goles todavía en los ojos. Como una película que se resiste a terminar. Como una postal que nadie quiere guardar. Como una noche demasiado buena para dejarla atrás tan rápido.
El fenómeno se repetía en distintos rincones de la ciudad. En un café. En un local de comida rápida. En la puerta del hotel Origin, donde se concentra la selección argentina. En todos lados la conversación terminaba girando alrededor del mismo tema.
Messi acá... allá.
Messi en todos lados. Y no necesariamente por los goles. Sino por algo más profundo. Por la sensación de que cada partido suyo empieza a tener un valor especial. "Tuve la suerte de verlo antes", contó otra hincha argentina. Pero nada como ver al capitán en su último Mundial. Hizo una pausa.
"Y más con la actuación que hizo". Después llegó una frase que se escuchó varias veces durante la jornada: "Es eterno".
Messi está a punto de cumplir 39 años. Y sin embargo sigue provocando el mismo asombro que hace dos décadas. O quizás más. Porque ahora cada gambeta, cada pase y cada gol parecen estar acompañados por una pregunta inevitable. ¿Cuánto tiempo más? La respuesta depende de a quién se le pregunte.
Durante una caminata por el centro de Kansas City, dos argentinos debatían el tema como si estuvieran resolviendo un asunto de Estado.
“Yo digo que llega al 2034”, tiró. “No, al 2030 seguro”, agregó.
“—¿Y la Copa América 2032?”
—¿Cómo no va a jugar el Mundial de Argentina?”
Así se dio ese diálogo entre amigos. La discusión avanzaba entre risas. Pero nadie se reía del todo. Porque en el fondo estaban hablando de algo que no querían aceptar. El paso del tiempo.
“Hoy Modric juega con 40 años”, argumentó uno.
Y el razonamiento parecía suficiente. Si Modric puede. ¿Por qué Messi no? Al final, la conclusión fue unánime. "Messi puede hacer lo que quiera".
Como si el calendario ya no aplicara para él.
Como si hubiera quedado suspendido en una dimensión distinta. La dimensión Messi.
En la puerta del hotel donde se hospeda la selección, la escena tenía algo de peregrinación.

Decenas de argentinos daban vueltas alrededor del edificio. Sacaban fotos. Tomaban mate. Esperaban. No sabían exactamente qué. O sí. Esperaban una señal. Un saludo. Una aparición. Un instante. Cualquier cosa. Desde una esquina, un hincha resumió perfectamente el estado emocional general.
"Estamos con ese vacío existencial después de una jornada hermosa que no queríamos que terminara". Vacío existencial. La definición parece exagerada. Hasta que uno observa la escena. Personas que viajaron miles de kilómetros. Personas que gastaron ahorros.
Personas que organizaron vacaciones, vuelos, hoteles y entradas durante meses. Todo para estar presentes en una noche. Y qué noche.
"Valió la pena", dijo una pareja argentina. "¿Cuánto gastamos? Entre los dos, unos 5.500 dólares". La cifra impresionaría a cualquiera. Ellos ni siquiera dudaron: "Valió la pena".
Porque los números dejan de importar cuando aparecen ciertos recuerdos. Porque nadie vuelve de un Mundial hablando de la tarjeta de crédito. La gente vuelve hablando de momentos. Y ellos acababan de presenciar tres goles de Messi en una Copa del Mundo. Con el correr de la tarde, los argentinos seguían regresando al hotel Origin.
Algunos buscaban una foto. Otros una firma. Muchos simplemente querían quedarse cerca. Como si alejarse significara aceptar que la noche anterior ya pertenece al pasado. Frente al edificio permanecía estacionado uno de los motorhomes decorados con imágenes de la selección. Los turistas se detenían para sacarle fotos. Los periodistas de distintos países buscaban entrevistas.
Los hinchas seguían mirando hacia arriba. Hacia los balcones. Esperando. Y la imagen inevitable apareció sola. Esperaban que Messi se asomara como el Papa en la plaza San Pedro. Un saludo. Una mano. Una sonrisa. Algo. Porque en realidad nadie estaba esperando una aparición. Estaban intentando estirar el momento. Ganarle unos minutos más al tiempo. Convencerse de que esto todavía no termina.
Por eso la verdadera conversación de Kansas City no gira alrededor de Austria, ni de Jordania, los próximos partidos de Argentina. La verdadera conversación es otra. Cómo imaginar el fútbol cuando Messi ya no esté. Y la respuesta, por ahora, parece imposible.
Por eso algunos lo proyectan al Mundial 2030.
Otros al 2034. Por eso dicen que es eterno.
Por eso siguen caminando alrededor de un hotel esperando verlo aparecer en un balcón. Porque después de verlo convertir tres goles en un Mundial a los casi 39 años, nadie quiere despedirse. Y porque en Kansas City quedó claro algo más. Que los argentinos no están preparados para el final de Messi. Aunque todavía falte mucho para que llegue. O aunque prefieran creer que nunca llegará.
