Incredulidad y dolor. Luto en Instituto: a los 42 años falleció Franco Sanchirico

El exdefensor vivía en España y contrajo malaria en Camerún, donde había ido a observar a unos jugadores. Formó parte del plantel que ascendió en 2004, metió un penal inolvidable en 2007 ante Ben Hur y era muy querido por todos en la Gloria.

21 de marzo de 2026 a las 12:01 p. m.
Luto en Instituto: a los 42 años falleció Franco Sanchirico
Franco Sanchirico murió este viernes a los 42 años en Barcelona.

Hay noticias que no entran. Que no se acomodan en ningún rincón de la lógica. Que llegan sin aviso, como un golpe seco, y te dejan sin aire. La muerte de Franco Sanchirico es una de esas. Injusta, temprana, absurda. Tenía 42 años. Tenía vida. Tenía todo.

Y sobre todo, tenía algo que no se compra ni se entrena: era un tipazo.

La noticia empezó a rodar en silencio, como esas pelotas que nadie quiere ir a buscar. Primero incredulidad, después el teléfono que vibra más de lo normal, los mensajes que se repiten, el “decime que no es cierto”. Y finalmente, el golpe: sí, era cierto. Franco ya no estaba.

Para muchos fue un exdefensor de Instituto. Para otros, el pibe de Ucacha que se hizo lugar a puro sacrificio. Para varios, el que estuvo en ese ascenso de 2004 que todavía late en la memoria albirroja. Para otros, el que metió un penal que salvó al club del abismo en 2007. Pero para quienes lo conocieron de verdad, fue mucho más. Fue amigo. Fue hermano. Gran hijo y mejor padre. Fue familia.

Hermanos de sangre en el club

Ahí aparece Jorge Carranza. El Loco. El arquero, el referente, el tipo que hoy ocupa otro rol en Instituto pero que siempre habla desde el corazón. Con Franco no compartieron solo un vestuario: compartieron la vida. Eran de esos vínculos que no necesitan explicación. De los que se construyen en viajes largos, en entrenamientos duros, en silencios que dicen todo. Eran, directamente, hermanos elegidos.

Franco Sanchirico murió este viernes a los 42 años en Barcelona.
Franco Sanchirico murió este viernes a los 42 años en Barcelona. (Archivo / La Voz. )

También estuvo al lado del actual ayudante de campo Juan Manuel Cobo, desde juveniles en la ´84. Crecieron juntos en ese mundo donde el sueño de llegar es más fuerte que cualquier miedo. Y donde el fútbol es excusa, pero lo que queda es el lazo.

En la cancha, Sanchirico era eso que hoy escasea: un jugador polifuncional. Pero sobre todo solidario. Jugó de 4, de 2, de 6, de 3, hasta de volante. Donde hiciera falta. Siempre con el equipo por delante. Sin estridencias, sin cartel. Con compromiso.

Le tocó en su debut marcar a Luis Fabián Artime en un clásico sin goles ante Belgrano en el Chateau. Como si el destino le hubiera dicho: “Bienvenido, pibe. Esto es Instituto”. Y cumplió.

Noche inolvidable

También dejó huella en esos momentos donde el club se jugaba más que puntos. Como aquel penal ante Ben Hur, en cancha de Newell’s, que valió una permanencia en 2007. Esos goles que no llenan estadísticas pero que salvan historias.

Franco Sanchirico murió este viernes a los 42 años en Barcelona.
Franco Sanchirico murió este viernes a los 42 años en Barcelona. (Archivo / La Voz. )

Después la vida lo llevó lejos. A Europa. A ese recorrido que lo tuvo incluso bajo la órbita de Zinedine Zidane en el Evián. A otras ligas, otras culturas, otros desafíos. Pero nunca dejó de ser el mismo. El pibe simple, el que amaba La Renga y escuchaba rock nacional, el que hablaba de fútbol con pasión de potrero.

Siempre al lado de la redonda

En España encontró otro camino: el de formar, el de enseñar. En la Fundación Marcet, metido de lleno en la tecnología aplicada al fútbol. Siempre estudiando, siempre aprendiendo. Siempre generoso con el conocimiento.

Y haciendo lo que tanto amaba, se fue a trabajar unos días a Camerún para ver unos jugadores. Un mosquito le transmitió malaria al picarlo. Se descompensó un par de días después en Barcelona y falleció este viernes.

Pero si hay algo que duele más que todo lo demás, es lo que deja afuera de la cancha. Franco era padre. Y ahí estaba su mayor orgullo. Era hijo, y de los buenos. De los presentes. Era marido. Compañero. De los que están. De los que sostienen.

Y también era amigo. De esos que aparecen cuando hace falta. De los que no especulan. De los que se quedan.

Por eso el golpe es doble. Porque no se fue solo un ex jugador. Se fue un tipo querido. De verdad. De los que hacen mejor a los demás.

Luto en Alta Córdoba

Hoy Instituto lo llora. Lo llora su gente, lo lloran sus compañeros de aquel 2004, lo lloran los que compartieron una charla, un vestuario o una vida. Lo llora también quien escribe, porque hay despedidas que no deberían tocarte nunca tan de cerca.

Queda el recuerdo. Ese que no se apaga. El de un defensor que cumplía. El de un pibe que soñó. El de un hombre que fue ejemplo.

Y queda ese silencio incómodo, doloroso, que aparece cuando la pelota se frena y nadie sabe cómo seguir.

Porque hay partidos que no deberían terminar así. Porque hay vidas que merecían mucho más tiempo.

Y porque hay personas, como Franco, que no se olvidan nunca.

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