La Copa, también una cuestión de Estado
Mandatarios de distintos países han expresado sin eufemismos su apoyo para sus equipos. Algunos han asistido a los estadios, y otros han apelado a otros medios como Twitter.
Algunos se movilizan por sincero apasionamiento; otros por curiosidad, y no pocos por mezquino interés en capitalizar atención y sentimientos que no reconocen límites de ideología, raza, lengua, conocimientos, costumbres o religión. Cada cuatro años, el mundo todo se transforma en una tribuna, donde fervores y banderas se entrecruzan y rompen distancias con la mirada puesta en la pelota.
Imposible para cualquiera estar al margen, más aún si se trata de políticos, y no sólo de estas latitudes.
Y si no, que lo diga Angela Merkel, gobernante del país más poderoso de Europa, quien festejó cada uno de los cuatro goles que la selección germana le propinó a Portugal, ante la impávida mirada de sus ocasionales acompañantes en las gradas del estadio de Salvador de Bahía, el presidente de la Fifa, Joseph Blatter, y el francés Michel Platini.
Tras la victoria, la canciller se llegó por el vestuario a saludar a los dirigidos por Joachim Low y hasta posó con los muchachos, muchos de ellos aún a medio vestir, en una foto que le acarreó no pocas críticas internas (algo parecido le ocurrió a la Reina Sofía con la España ganadora de 2010). Merkel, prometió volver a ver a los suyos en la final…
"¡Vamos equipo! ¡Muéstrenle al mundo de qué estamos hechos!". La arenga fue grabada por Barack Obama y la Casa Blanca se la envió al seleccionado estadounidense poco antes de su primer partido ante Ghana. A ese juego viajó a presenciarlo a Natal el vicepresidente norteamericano, Joe Biden.
Asunto de reyes
Dos monarquías se presentaron con suerte opuesta en la cita global. Aunque se dijo que los reyes Guillermo y Máxima, fueron dos hinchas más en la paliza de Holanda a España en Bahía, recién se los vio en Porto Alegre en el triunfo ante Australia.
Mientras, desde Madrid, Mariano Rajoy bromeaba ante el abdicante Juan Carlos, diciendo que el partido del miércoles ante Chile estaba arreglado. "¿Y cuánto nos ha costado?", preguntó el todavía monarca. "Nada; gratis", respondió el presidente. Esa noche, dos coronas españolas cambiaron de dueño…
En Latinoamérica, el fútbol es parte del ADN. Dilma Rousseff lo sabía cuando instó a los de Felipão Scolari antes del inicio del torneo a salir a buscar el "hexa".
Y sus asesores de imagen no ignoran que el logro de la sexta estrella y de local supondría para Brasil un estado de ánimo diferente al que propició las últimas protestas sociales. Así, los mensajes ofensivos para la presidenta anfitriona en el Itaquerao paulista podrían olvidarse más rápido. Y todo con las presidenciales de octubre ya a la vista.
A la inauguración de la Copa la presenciaron también dos reconocidos futboleros como los presidentes de Ecuador, Rafael Correa, y, sobre todo, el boliviano Evo Morales, reciente fichaje del Sport Boys Warnes de su país. El día anterior a la ceremonia, a un almuerzo con Dilma, Blatter y Michelle Bachelet, entre otros, Evo acudió vestido con la camiseta de su país.
Correa admitió que no fue al primer partido de su selección para evitar quedar pegado a la suerte del equipo. En cambio, se valió de Twitter para animar al “tri” tras la derrota de la primera fecha y pidió recordar que España, en Sudáfrica, había perdido también en su debut ante Suiza como Ecuador en Brasil. “Y miren adonde llegó en ese mundial…”.
Quien estuvo con la "roja" puesta fue Bachelet, presente en el debut de Chile en Cuiabá ante Australia y eufórica desde Santiago, como toda la clase política de su país, tras el triunfo ante España.
Desde Argentina, Cristina Fernández, antes del inicio, auguró una buena copa a su colega brasileña y auguró que el título “quede en la Patria Grande”..
La pelota va y vuelve, entre negocios, cálculos e ilusiones. Cruza fronteras y continentes; derriba muros y se cuela en los despachos más insospechados. Como esta semana, cuando Francisco (el Papa más futbolero de la historia) recibió a un prelado brasileño tomándose el cuello, en alusión al susto provocado por el gol en contra de Marcelo ante Croacia.
