Compartir
Deportes - Fútbol

Una vida de novela. Jugó en Córdoba en el Mundial '78, se puso la camiseta rival y quiso ser presidente de Irán

Nasser Hejazi jugó para los persas en el Chateau durante el Mundial ’78, se vistió con un buzo escocés y quiso presidir su país en 2005.

13 de abril de 2026, 09:40
Jugó en Córdoba en el Mundial '78, se puso la camiseta rival y quiso ser presidente de Irán
Nasser Hejazi, histórico arquero de la selección de Irán. Jugó en Córdoba en ocasión del Mundial 1978.

Su nombre era (y sigue siendo) para el mundo futbolístico argentino el de un auténtico desconocido. Lo que en la jerga del hincha se conoce como “un jugador más” o “uno más del montón”. En 1978, cuando Argentina organizó la Copa del Mundo, Nasser Hejazi era simplemente una línea de renglón más entre las 22 que completaban el plantel de Irán.

En un “alarde” de esfuerzo informativo, los medios de la época apenas podían sostener que se desempeñaba como arquero, que había nacido en Piranshahr 28 años atrás, con 1,85 metros de altura y un contrato vigente con el Shahbaz FC (hoy Shahin Tehran). Pretender algo más era una utopía para un deportista de una selección que, además, debutaba en los mundiales.

Su paso por Argentina ’78 fue tan imperceptible como la previa. En Mendoza, Irán cayó 3-0 en el debut ante los subcampeones mundiales de Holanda y luego llegó a Córdoba para un sorpresivo empate ante Escocia (1-1) y otra goleada en contra (1-4 vs. Perú).

De su paso por la Docta se sabe que entrenó en cancha de Instituto y en el Campo Municipal de Deportes de Villa Carlos Paz, localidad donde la selección asiática fijó su búnker, en el motel Mónaco.

Es que Hejazi, sin dudas, fue profeta en su tierra. Allí, una calle lleva su nombre, una estatua perpetúa su memoria, es considerado el mejor arquero de todos los tiempos y hasta pretendió ser presidente del país en 2005, desafiando como opositor al aparato estatal gracias al peso de su popularidad.

Cuando la camiseta de otro equipo

Hejazi era ante todo un rebelde. Un antisistema. Y en el Chateau (hoy Mario Kempes) llegó al colmo de salir a la cancha, en el partido ante Perú, con la camiseta de otro seleccionado. Increíble pero real, un caso inédito en la historia del torneo.

Efectivamente, aquel día, Hejazi se calzó el uniforme amarillo marca Umbro del escocés Alan Rough, a quien le había intercambiado su buzo Adidas en el partido anterior.

Eso sí, para la ocasión se hizo un parche artesanal con cinta para ocultar parte del logo de la federación europea, aunque alcanzaba a leerse algo. La cuestión es que los iraníes salieron a la cancha con dos marcas deportivas.

El arquero fue internacional en 62 ocasiones con la selección de Irán; y en el 2000, la Confederación Asiática de Fútbol lo clasificó como el segundo mejor portero asiático del siglo 20, detrás del saudita Mohammed Al Deayea.

Ganó la Copa Asiática de la AFC en dos ocasiones, en 1972 y en 1976, y compitió en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 y Montreal 1976.

Después del Mundial argentino, Hejazi recibió una oferta del Manchester United, en una época en la que los equipos ingleses rara vez se fijaban en jugadores extranjeros.

Entrenó y jugó con el club durante un mes. El técnico del Manchester United, Dave Sexton, quería que Hejazi se quedara otros dos o tres meses antes de firmar oficialmente su contrato, una condición que le negó la Federación iraní.

Su último club fue el Mohammedan SC de Bangladesh, en el que disputó 31 partidos en la temporada 1986-1987 y donde obtuvo la liga y la Copa Federación. Puso fin a su carrera con 37 años, tras estar en la élite durante casi dos décadas.

Allí se inició como entrenador y, dos años más tarde, en 1989, condujo a la selección de Bangladesh de cara al Mundial de Italia ’90.

En la política

Siempre estuvo interesado por la política de su país y nunca se alineó con el tirano Sha Reza Pahlevi ni tampoco fue partidario de la Revolución Islámica de 1979. Se consideraba, ante todo, un nacionalista persa crítico. No entendía cómo un país con la riqueza petrolera iraní podía generar tanta gente pobre.

Su personalidad no le permitía ser sumiso y disfrutaba de su rebeldía. A raíz de ella, sus días como arquero de la selección se acabaron tras una decisión personal en contra del nuevo gobierno.

A poco de estallar la revolución, Hejazi se negó a cumplir una ceremonia protocolar antes de un partido de la liga local, en la que los jugadores debían rezar versículos del Corán con una foto en manos del ayatolá Ruhollah Khomeini.

El incidente le costó la exclusión del juego a minutos de iniciarse y, pocos días después, el anuncio de la Federación con la prohibición de participar en el equipo nacional a jugadores mayores de 29 años, la edad que tenía Hejazi en aquel momento.

Tras su retiro del fútbol, Hejazi continuó como entrenador, pero siempre comprometido con la problemática del pueblo iraní. Se definía como contrario a las políticas de Occidente, pero con críticas a las políticas económicas del gobierno islámico.

El 3 de noviembre de 2004, Hejazi anunció su candidatura para las elecciones presidenciales de 2005, pero la iniciativa sólo duró unos días: el Consejo de Guardianes de la Constitución de la República Islámica de Irán se la rechazó con el argumento de que no contaba con una carrera política antes de las elecciones.

Opositor ferviente del presidente Mahmoud Ahmadinejad, apoyó al candidato Mir-Hossein Mousavi (uno de los líderes de la revolución verde) en las elecciones de 2009.

En 2009 le fue detectado un cáncer de pulmón y entró en coma el 20 de mayo de 2011. Tres días más tarde, falleció de un derrame cerebral en Teherán, a los 61 años. Su funeral se celebró en el estadio Azadi con una asistencia multitudinaria y un gran número de mujeres encabezadas por su hija Atoosa, capitana del seleccionado iraní femenino.

El presidente Ahmadinejad, temeroso de que la ceremonia terminara en un acto opositor, llamó a la concordia para dejar de lado su rivalidad y le rindió un homenaje a quien tildó de ser “una figura futbolística iraní indiscutida y de buen carácter, que ofreció valiosos servicios al deporte nacional”.

Hoy el nombre de Hejazi se refleja en un estadio, en una calle y en una estatua de bronce que, por ahora, sobreviven a los misiles enemigos. Su tumba en el sector de las celebridades del cementerio Behesht-e Zahra es considerada un monumento nacional.

Allí, en una losa de mármol negro con su rostro grabado, una frase suya lo recuerda para siempre: "Yo sólo me incliné ante Dios".

Más de Deportes - Fútbol