Retroceso. Instituto: cuando los pilares fallan, el equipo tambalea
Roffo, Alarcón y Lodico no atraviesan su mejor momento y el equipo lo siente. La derrota con Unión profundizó dudas en Instituto justo antes del clásico. Defensivamente la Gloria volvió a mostrarse endeble.
El retroceso dolió más que la derrota. Porque Instituto venía dando señales de reacción, pequeños brotes verdes en medio de un campeonato irregular, y el 1-2 ante Unión en el Kempes volvió a encender todas las alarmas. La Gloria dio un paso en falso preocupante justo cuando parecía empezar a acomodarse. Y el calendario no da respiro: en el horizonte asoma el clásico con Talleres.
El enojo que se vio y los silbidos que se escucharon el domingo no se explican solo por lo ocurrido en los 90 minutos. Es acumulación. De partidos grises, de errores repetidos, de un equipo que desde hace meses no logra sostener una identidad clara. Aquellas tres primeras fechas del ciclo de Diego Flores, que insinuaron un “veranito”, ayer brillaron por su ausencia. Instituto retrocedió y volvió a mostrar una imagen conocida: fragilidad defensiva, poco juego, errores individuales que cuestan caro y una reacción que dura demasiado poco.
En ese contexto, el foco se posa sobre la columna vertebral del plantel. Los referentes no atraviesan su mejor presente y el equipo lo siente. Manuel Roffo está lejos del nivel que supo mostrar: inseguro, con escasa influencia, ayer le llegaron poco y le convirtieron dos veces.
Fernando Alarcón, capitán y símbolo del ascenso, quedó marcado por un error (uno más) en el primer gol y fue silbado.
Y Gastón Lodico, llamado a ser el conductor futbolístico, aún no logra ser determinante tras haber solucionado su problema contractual: no gravita ni impone condiciones. No ha hecho los méritos como para tener tantos minutos en cancha y a buena parte de los hinchas les molesta que juegue más para los costados o para atrás que para adelante.

Efecto contagio
Cuando los pilares tambalean, todo se resiente. A ellos se suman rendimientos bajos como los de Giuliano Cerato y Leonel Mosevich, que explican por qué Instituto es uno de los equipos más vulnerables del torneo.
La defensa, con los mismos zagueros centrales de 2023, nunca terminó de consolidarse en todo el torneo. Ni con línea de cinco ni con cuatro el equipo logra solidez (es uno de los tres equipos más goleados dentro de los 30). Y el resto de los números también lo exponen: apenas ocho puntos de 24, con cinco partidos jugados en casa. Muy poco para un proyecto que aspiraba a algo más que sobrevivir.
Alarcón, golpeado pero frontal, dio la cara en zona de vestuarios: “No fue el partido que esperábamos. No nos salieron las cosas. Ellos se encuentran con un gol por mi error. Hicimos el juego que querían”.
El capitán asumió responsabilidades sin esquivar el contexto: “La crítica siempre va a estar; lo importante es cómo la resuelvo yo dentro de la cancha. Criticaron al mejor del mundo, ¿cómo no me van a criticar a mí? Uno tiene que hacerse cargo de los errores”.
Y dejó una reflexión que mezcla bronca y autocrítica: “Me encantaría saber cómo le va a cada uno en su vida y si le salen las cosas o no. Hay que hacerse cargo, es parte del proceso. ¿A quién le gusta cometer errores? Estoy con bronca y tristeza. Pero no me puedo quedar con esto: tengo que afrontarlo”.
🗣️ “ESTOY CON BRONCA Y TRISTEZA. ¿A QUIÉN LE GUSTA COMETER ERRORES?”
— Álvaro (@alvaropereyraa) March 2, 2026
🇦🇹 El descargo de Fernando Alarcón luego de la derrota de #Instituto ante #Unión en el Mario Alberto Kempes.
🎙️ @mesadelfutbolok pic.twitter.com/SQaUMLbdeZ
Situación repetida
El error del Palomo ayer costó caro. Lo mismo había pasado fechas ante Platense. Incluso Daniel Oldrá pretendía otro zaguero para Instituto cuando arrancó el año, pero no llegó ninguna propuesta que convenza a todas las partes y el zaguero se quedó a cumplir su contrato.
Por último el capitán realizó un diagnóstico colectivo y también fue claro: “Tuvimos un conjunto de errores que nos costó caro. En Primera los detalles marcan mucho. Se viene Talleres y tenemos que hacer el duelo correspondiente. Y después una semana larga para trabajar pensando en el clásico”.
Ahí está el otro condimento que vuelve más inquietante el presente. Porque Instituto llega al clásico en un momento poco feliz. Con dudas, con referentes en baja y con una defensa que no da garantías. El riesgo no es solo perder puntos: es perder confianza cuando parecía ver luz al final del túnel.
El fútbol suele dar oportunidades de redención rápidas. Pero también castiga sin piedad cuando las señales de alerta se repiten. Instituto venía insinuando una reacción y el domingo la dejó escapar. Ahora, con el clásico en la puerta, el margen de error se volvió mínimo. Y la Gloria necesita que sus referentes vuelvan a serlo. Antes de que la preocupación se transforme en algo más profundo.



