Apertura. Instituto dio pelea, pero la Bombonera no lo perdonó
Con orden y entrega, la Gloria compitió hasta donde pudo, aunque Boca hizo valer su jerarquía en el complemento y llegó al 2 a 0.
En la Bombonera no hay grises: resistís o te pasan por arriba. Instituto eligió competir, aferrarse a su plan y jugar el partido que podía, no el que soñaba. Pero del otro lado hubo jerarquía, momentos de furia y precisión.
Fue 2-0 para Boca, una caída que duele pero que también deja la sensación de un equipo que dio la cara, que se plantó con sus armas y que, hasta donde le dio, sostuvo el pulso en una de las canchas más bravas.
La Bombonera tuvo un primer tiempo de dientes apretados, de esos que no regalan nada pero prometen todo. Fue 0-0, sí, pero con situaciones, ritmo y un libreto claro de los dos lados. Boca salió a hacerse dueño de la escena, con la pelota y el empuje de su gente, mientras Instituto se acomodó con un 5-4-1 bien marcado, con el uruguayo Fonseca como referencia tras la baja de último momento de Franco Jara.
El Xeneize tomó la iniciativa desde el arranque. Movió la pelota con criterio, inclinó la cancha y fue llevando a la Gloria contra Roffo. Pero en ese adelantarse también dejó grietas. Y ahí, el equipo de Flores mostró que no había ido solo a resistir.
Las primeras fueron de Boca: Bareiro no pudo conectar con precisión, Aranda se cayó cuando tenía todo para definir y Merentiel se topó con un Roffo enorme, que le ganó un mano a mano clave para sostener el cero. Instituto sufría, pero no se desordenaba.
Y cuando podía, salía. Con un Luna picante y desequilibrante hasta que salió lesionado (y desconsolado), y con Córdoba insinuando más de lo que terminó concretando, el Albirrojo también generó peligro. Fue un primer tiempo intenso, con Boca proponiendo más y acumulando méritos, pero con Instituto cumpliendo a rajatabla su plan. Orden, paciencia y alguna contra filosa. El empate, al descanso, no desentonó con lo que se vio: un partido abierto y vibrante.
Boca aceleró y pegó
El segundo tiempo fue otra historia. Boca salió con el cuchillo entre los dientes, decidido a no dejar pasar la noche. Ya no fue insinuación: fue decisión. Y también contundencia. Primero avisó con dos tiros en los palos, uno de Merentiel y otro de Bareiro, como si estuviera calibrando la puntería. Era cuestión de tiempo.
Y ese tiempo llegó rápido. A los 5 minutos, Aranda se sacó de encima a Abregú y la clavó esquinada para el 1-0. Golazo y golpe. Instituto sintió el impacto, aunque intentó responder enseguida: Marchesín le ahogó el empate a Massaccesi con una atajada de esas que valen medio partido. Pero en la réplica, Boca no perdonó. Bareiro marcó el segundo, con un grito que se hizo esperar por el VAR, pero que terminó subiendo al marcador para empezar a cerrar la historia.
Con el 2-0 todo se hizo cuesta arriba. Flores movió el banco, cambió el esquema y buscó reacción. La tuvo en un gol de Lázaro que ilusionó por un rato, pero otra vez el VAR le bajó el pulgar. Córdoba también estuvo cerca, incluso con cierta complicidad de Marchesín, pero la noche ya tenía dueño. Instituto se plantó como pudo y hasta donde pudo. Sostuvo el plan, resistió mientras tuvo aire y buscó lastimar cuando encontró espacios. Pero Boca, cuando aceleró, fue demasiado. No perdonó. Y en la Bombonera, eso suele ser sentencia.

