
Entre la ilusión por River y la preocupación del presente
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Redacción La Voz
Hay equipos que son de Primera. Y hay otros que están en Primera. Por lo visto hasta ahora, Estudiantes de Río Cuarto pertenece a este segundo grupo. El arranque en la máxima categoría fue más áspero que lo imaginado: un punto sobre 18 posibles, apenas un gol convertido y una sensación que empieza a incomodar en el sur cordobés. El León no solo necesita ganar: necesita levantar la cabeza ya mismo para no meterse demasiado temprano en la pelea que nadie quiere jugar, la del descenso.
Lo positivo —y ahí aparece el aire— es que todavía está a tiempo. El torneo recién se acomoda, las tablas empiezan a tomar forma y el margen existe. Pero el crédito no es infinito. En avenida España lo saben y por eso, puertas adentro, el diagnóstico es más crudo que el discurso público: hubo errores en el armado del plantel y hoy el equipo no da la talla de la categoría. La autocrítica, aseguran, existe. Y no es menor en un club que siempre se caracterizó por decisiones prudentes.
La planificación inicial apuntaba a sostener la base que consiguió el histórico ascenso. Sin embargo, con el correr de las semanas se fueron piezas sensibles y algunas no se reemplazaron con la jerarquía necesaria.
El caso del arquero Brian Olivera es paradigmático: dejó el club para jugar en la Primera Nacional y, con el diario del lunes, en Río Cuarto reconocen que fue una salida que debilitó una estructura que ya venía exigida. Algo similar ocurre con la ausencia del creativo Álvaro Cuello, hoy en buen nivel en Chacarita. El equipo perdió conducción y claridad.
Los refuerzos, en su mayoría, llegaron sin cartel y todavía no logran sostener el salto competitivo que implica la Liga Profesional. A eso se suma la continuidad de futbolistas que eran alternativas en la Primera Nacional y que hoy deben afrontar una intensidad mayor. El resultado es un plantel que, comparado puesto por puesto, no muestra una jerarquía superior a la del año pasado… pero compite un escalón más arriba.
Como si fuera poco, las lesiones pegaron donde más duele: los dos laterales derechos, Valentín Fenoglio y Matías Ruiz Díaz, se rompieron los ligamentos; también Lucas González, un delantero muy considerado por Iván Delfino. Señales de urgencia en un equipo que aún busca identidad y variantes.
Pero lo que más preocupa son los números. En seis fechas, un solo gol y escaso volumen ofensivo. Estudiantes llega poco y cuando llega, no lastima. Así, cualquier error propio se paga carísimo. Y en la tabla, cada fecha sin sumar empieza a pesar como una mochila. El objetivo es claro y único: permanecer. No hay otra meta en esta temporada de aprendizaje extremo.
El propio Delfino confía en enderezar el rumbo y sigue probando esquemas y variantes, aunque por ahora sus ideas no se plasman en la cancha como el querría. La primera oportunidad inmediata será ante Huracán, este jueves, a las 19.30, en el Candini. Allí, donde el equipo fue casi imbatible en la Primera Nacional, el León necesita reencontrarse con su esencia: intensidad, orden y convicción. Porque a este club le costó más de 40 años volver a la elite, y nadie en Río Cuarto quiere que el sueño se convierta en pesadilla.
Estudiantes está en Primera. Ahora debe demostrar que es de Primera. Está a tiempo. Pero el reloj, en la máxima categoría, siempre corre más rápido. Y la permanencia empieza a jugarse desde ahora. En casa. Y con carácter.