En Racing de Nueva Italia las decisiones no esperan. Se toman, se revisan y, si hace falta, se vuelven a tomar. Todo en cuestión de días. Porque el fútbol, ya se sabe, no da respiro. Y en este arranque de torneo en la Primera Nacional, la Academia cordobesa vive en estado de vértigo permanente.
Todo empezó con la salida de Pablo Fornasari, que apenas duró tres fechas en el cargo. Un ciclo corto, demasiado corto, que obligó a mover rápido las fichas. Ahí aparecieron dos nombres de la casa: Pablo Motta y Ramiro Torres. Interinos, sí. Pero con conocimiento del club, del plantel y de ese ADN que en Nueva Italia pesa.
La idea inicial era clara: que la dupla sostuviera el barco hasta que llegara un nuevo entrenador. Y en esa búsqueda, la dirigencia apuntó alto. Sonaron Darío Franco, Guillermo Farré e Iván Delfino, entre otros. Nombres fuertes, con recorrido. Pero uno a uno fueron bajándose. Por distintos motivos, pero con un mismo resultado: Racing seguía sin técnico definido.
En medio de esa incertidumbre, el equipo respondió. Primero con una victoria ante Almirante Brown. Después, con otro triunfo ante San Miguel que empezó a cambiar el clima. Porque en el fútbol, ganar no solo suma puntos: también instala preguntas. Y Racing empezó a hacerse una clave: ¿para qué cambiar si lo que hay funciona?
Llorens deberá esperar
Sin embargo, puertas adentro, el plan seguía en marcha. La dirigencia avanzó y cerró un acuerdo con Pedro Llorens. “La Pepa”, un hombre de la casa, con historia como ayudante de campo en distintos procesos, tenía todo listo para asumir como DT principal por primera vez. Era su oportunidad. Su salto. Su desafío.
Había ilusión. De su lado, claro. Y también en parte del club. Llorens ya había arreglado condiciones, había hablado con empleados, había puesto horario de llegada: lunes, 7.30, en el predio. Todo encaminado.
Pero el fútbol, otra vez, metió la cola.
El segundo triunfo de la dupla interina terminó de mover el tablero. Y ahí apareció un actor clave: el plantel. Los referentes —Brian Olivera, Alejandro Rébola, Gaspar Iñíguez, Ricardo Centurión y Pablo Chavarría— se juntaron, hablaron y tomaron una decisión. El mensaje fue claro: querían que Motta y Torres siguieran.
No fue un comentario al pasar. Fue un pedido formal. Chavarría, como capitán, fue el encargado de trasladarlo a la dirigencia. Un gesto fuerte. De respaldo. De convicción. Y, sobre todo, de unidad.
Banca a la dupla
La respuesta no tardó en llegar. Racing emitió un comunicado en el que ratificó a la dupla al frente del plantel profesional. “Esta decisión fue tomada en consenso, tras una reunión entre dirigentes y referentes del plantel”, explicaron. Traducido: el vestuario pesó. Y mucho.
Ratificamos nuestra confianza en la dupla técnica integrada por Ramiro Torres y Pablo Motta, quienes continuarán al frente del plantel profesional. Esta decisión, fue tomada en consenso tras una reunión entre dirigentes y referentes del plantel. pic.twitter.com/9hR3EDwOo2
— Club Atlético Racing (@ClubARacing) March 22, 2026
¿Qué pasó entonces con Llorens? Quedó en pausa. No descartado, pero sí en espera. Una situación incómoda, aunque manejada con cintura desde la dirigencia. “Por consenso con los referentes del plantel, decidimos darle dos partidos más al interinato”, confiaron los dirigentes a La Voz. Y agregaron otro dato no menor: la charla con Llorens fue directa, de frente, en buenos términos. “Hay una relación de caballeros”, remarcaron.
La decisión también tiene un componente emocional. “Vamos a cuidar la buena energía que hemos construido entre todos”, explicaron desde la conducción. En otras palabras: no romper algo que hoy funciona.
En lo futbolístico, los números acompañan. Racing suma 10 puntos y es escolta en la Zona A, a uno del líder Deportivo Morón. Un arranque que ilusiona y que lo pone en la conversación. El equipo compite, responde y muestra carácter.
Ahora el desafío será sostenerlo. Este viernes, ante San Martín de San Juan como visitante, tendrá una prueba exigente. Y, al mismo tiempo, una oportunidad: seguir ganando, estirar el momento y, de paso, confirmar que la decisión de frenar el cambio no fue un impulso, sino una lectura fina del presente.
En Nueva Italia, por ahora, la flecha sigue en movimiento. Y la historia, lejos de cerrarse, recién empieza a escribirse.
