
Belgrano: además de Zelarayán, los dos jugadores que no estarían ante Estudiantes (RC)
Por
Redacción La Voz
Los clásicos suelen ser partidos que se explican solos. No necesitan demasiadas introducciones porque la historia, la rivalidad y el contexto asumen el rol de cargarlos de sentidos. Pero en esta etapa del torneo, la que definen clasificaciones y eliminaciones hasta el nuevo torneo, para los equipos cordobeses, pueden significar algo más: un punto de inflexión en la temporada.
La fase regular entra en su tramo decisivo con ocho fechas por delante –incluida la novena, que fue suspendida por el paro– y el panorama muestra una realidad clara: salvo Belgrano, el resto de los representantes de la provincia está hoy fuera de la zona de clasificación a los octavos de final.
Por eso, los clásicos que se vienen pueden decir muchas cosas. Sobre el presente, sobre las aspiraciones y, en algunos casos, también sobre los límites de cada equipo.
Belgrano llega mejor parado que el resto. El equipo logró construir un circuito de juego más rico y más confiable. La jerarquía de Lucas Zelarayán encontró respaldo en los regresos de Franco Vázquez y de Emiliano Rigoni, dos futbolistas que no sólo aportaron calidad, sino también goles. Este tridente le dio al equipo una estructura ofensiva más completa y la capacidad distinta para resolver partidos.
Ese crecimiento explica por qué el Pirata está a apenas dos puntos de Independiente Rivadavia, líder del grupo. Pero también le exige sostener ese nivel cuando el torneo empieza a ponerse más áspero.
El cruce frente a Estudiantes de Río Cuarto y luego el que jugará ante Talleres aparecen como retos directos para un equipo que quiere mirar la tabla desde arriba. Sin embargo, hay una cuenta pendiente inmediata: salir de la derrota ante Huracán y, sobre todo, de la forma en que se produjo. Fue la versión más débil del equipo en lo que va del torneo y dejarla atrás se volvió una prioridad. ¿Más? En el regreso a la actividad, en Río Cuarto no estarán Zelarayán ni Lisandro López, líder defensivo. Tiene que probar que no habrá resentimientos en el equipo.
Si Belgrano busca consolidar su candidatura, Talleres necesita algo más urgente: identidad. El equipo dirigido por Carlos Tevez tendrá dos clásicos consecutivos que pueden marcar su destino inmediato. Primero Instituto; luego, el Belgrano de Ricardo Zielinski.
Hasta ahora, los empates en los clásicos vienen siendo moneda corriente en la campaña albiazul. No es un dato menor: sumar sin perder puede sostener una campaña, pero difícilmente alcance para un equipo que se propuso ser protagonista y que, como mínimo, necesita meterse entre los ocho clasificados.
De no lograrlo, el debate será inevitable. La continuidad de Tevez, la larga lista de lesionados, los refuerzos que terminaron de llegar con el torneo en marcha y la falta de regularidad son temas que volverán al centro de la escena.
Por eso los clásicos pueden decirle a Talleres muchas verdades. Si logra crecer en el juego –aun con una disponibilidad de plantel al límite–, tendrá chances de revertir su presente. Si no, la presión aumentará.
Instituto también llega a este tramo con interrogantes. Su temporada tuvo un giro inesperado demasiado temprano: a las dos fechas se produjo la salida de Daniel Oldrá, un movimiento que obligó a transitar un interinato de Jiménez-Martelotto antes del inicio de la etapa de Diego Flores.
Con el nuevo entrenador aparecieron señales alentadoras: dos triunfos consecutivos que devolvieron confianza y una propuesta más directa, con mayor capacidad de gol. Luego llegaron un empate ante San Lorenzo y una derrota que dejó más preocupación que bronca, porque Instituto cometió más errores propios que aciertos encontró su rival, especialmente en la administración de la ventaja.
Ahora el equipo tendrá pruebas de carácter. Rivales como Talleres e Independiente pondrán a prueba su capacidad de recuperación y también la definición del equipo que Flores intenta consolidar.
El caso más delicado es el de Estudiantes de Río Cuarto. El León llega con la previa más compleja: seis derrotas, apenas un triunfo y un plantel prácticamente nuevo. Un escenario que explica la irregularidad.
Sin embargo, el fútbol siempre deja pequeñas señales. La victoria ante Huracán todavía resuena, incluso después de la caída frente a Sarmiento. Y el clásico con Belgrano –una rivalidad que se juega desde 1909– aparece como una oportunidad para cambiar el ánimo y demostrar evolución.
Después llegará otro desafío mayor ante Racing de Avellaneda, un equipo que tuvo un comienzo similar al del conjunto riocuartense, pero que logró enderezar su rumbo hasta instalarse en la zona de clasificación.
En definitiva, los clásicos que se vienen no sólo pondrán en juego orgullo y tradición. También pueden ordenar la tabla, redefinir objetivos y dejar al descubierto qué equipos están listos para competir en la recta final del torneo y cuáles todavía siguen buscando respuestas. En este punto de la temporada, los clásicos no exageran: simplemente dirán la verdad.