Las claves. Belgrano brilló, ganó 3 a 1 a Atlético Tucumán y trepó a la cima con una actuación para ilusionarse

El Pirata ganó con autoridad en el Gigante, recuperó piezas clave y encendió al público.

24 de febrero de 2026 a las 11:43 p. m.
Belgrano brilló, ganó 3 a 1 a Atlético Tucumán y trepó a la cima con una actuación para ilusionarse
Julián Mavilla marcó el 3-0 de Belgrano ante Atlético Tucumán en el Gigante de Alberdi. (Javier Ferreyra / La Voz)

Belgrano construyó un triunfo que necesitaba desde hace tiempo, porque lo hizo jugando, rompiendo por todos los sectores a su rival y recuperando en lo futbolístico a piezas clave de la escuadra. El 3 a 1 ante Banfield fue justo y lo ubicó en la cima de la Zona B.

Estas son las claves de una victoria que encendió la ilusión de la gente por la capacidad general de juego:

Un día tenía que ser. El 24 de febrero quedará como la noche en la que Emiliano Rigoni marcó su primer gol desde su regreso al Pirata. Además, abrió el camino de un triunfo de gran calibre por la manera en la que se fue construyendo. También fue la noche en la que Nicolás Fernández volvió a convertir tras 750 minutos de sequía y 10 partidos sin festejos. Y para completar la jornada, Passerini metió una asistencia tremenda para que Mavilla pusiera el 3 a 0 y debutara en la red.

Jugar y no pelear. Después de un inicio friccionado, en el que el visitante llevó el partido al choque y la pierna fuerte se impuso sobre la gambeta, el Pirata se acomodó. Rompió por las bandas y, con la capacidad de juego del Mudo Vázquez, el Chino Zelarayán y el trajinar incansable de Adrián Sánchez, construyó un triunfo que empezó con el gol de Rigoni y se hizo casi sin fisuras. Así escaló a la parte alta de la tabla.

Un complemento pleno. En el segundo tiempo, con el 1 a 0 a favor, el equipo se dedicó a jugar. Desde los botines de Zelarayán y Vázquez armó un triunfo que hacía mucho la gente no disfrutaba en el Gigante de Alberdi. La pelota viajó de un lado al otro con criterio, manejada con la solvencia de quien se siente superior en todos los sectores. La elegancia del Chino en la jugada del segundo gol de Uvita y el pase medido de Passerini para Mavilla fueron el fruto de un equipo que hizo delirar a su gente.

Ilusionarse está bien. La gente salió del estadio con la garganta roja de cantar, las manos marcadas de aplaudir y el corazón explotado por saber que el Pirata puede ofrecer el buen juego que mostró ante los tucumanos. Aquella efectividad reclamada en partidos anteriores apareció en el Gigante y sirvió para demoler al adversario, además de encender al público de cara al futuro inmediato.

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