Explosivo. De las aulas al gol: la historia de Baster en Instituto
Pedro tiene 19 años y es el goleador del torneo de Reserva en AFA. Estudió en el colegio del club e hizo todas las inferiores en La Agustina. Todavía no firmó contrato, pero de ambas partes sostienen que la relación es muy buena.
Hay historias que no necesitan exagerarse para ser contadas. Alcanzan con seguirlas de cerca, con ver cómo crecen. La de Pedro Baster, por ejemplo, es una de esas que nacen en la raíz y florecen sin atajos. Porque lo suyo no es solo presente: es pertenencia. Es Instituto en estado puro.
A los 19 años, Baster es hoy el goleador del Torneo Proyección. Cinco goles en ocho partidos, cinco de los ocho tantos que convirtió el equipo en el certamen. Números que explican por qué su nombre empezó a sonar cada vez más fuerte en Alta Córdoba. El extremo encontró su lugar en el equipo de Bruno Martelotto y no lo soltó más. Juega, encara, define. Y sobre todo, responde.
Pero su historia no arranca ahora. Viene de mucho antes. De toda una vida vestida de albirrojo. Porque Pedro hizo inferiores en Instituto, pero también hizo algo que lo vuelve un caso casi único: estudió en primaria y parte de la secundaria en el Instituto Educativo Alta Córdoba. Creció ahí. Se formó ahí. Vivió ahí.
Si un día debuta en Primera, no será solo otro pibe del club. Será el primero en completar ese recorrido completo: del aula al vestuario profesional. Una línea directa, sin escalas.
Si llega un día a jugar en Primera, Pedro Baster será el primer alumno en haber hecho primaria y secundaria en el Instituto Educativo Alta Córdoba y que luego juegue en Instituto. Luca Klimowicz y su hermano Matías estuvieron unos pocos años en el cole del club. pic.twitter.com/fzf7cSfRWa
— Agustín Caretó (@acareto_MundoD) March 26, 2026
Un presente que empuja
El contexto también le abrió una puerta. La ausencia de Lorenzo Albarracín, que todavía no resolvió su situación contractual, le dio minutos que el pibe no desaprovechó. Al contrario: los transformó en goles y en señales claras.
Este miércoles, por ejemplo, marcó un lindo gol en la victoria 3-2 ante Argentinos Juniors. Otro más para la cuenta. Otro empujón a una realidad que empieza a pedir pista más arriba.
🇦🇹⚽️ UFFF, QUÉ GOLAZO DE PEDRO BASTER.
— golesdeinstituto (@goles_instituto) March 25, 2026
ESPECTACULAR LO DE PERALTA. 🤯 pic.twitter.com/N3Kt1HP5TP
Sin apuro ni dudas
En Instituto lo tienen claro: hay que llevarlo de a poco. Sin apurarlo, sin cargarlo de más. Baster todavía no firmó contrato profesional. Pero no hay misterio detrás de eso. No hay conflicto ni tironeo.
“No hay nada raro”, repiten desde el club.
Y puertas adentro lo dicen con tranquilidad: si sigue por este camino, el contrato llegará. Es cuestión de tiempo.
La relación entre la dirigencia y su familia es excelente. Fluida, cercana, de confianza. El presidente Juan Manuel Cavagliatto mantiene un vínculo directo con su padre, y el escenario está claro: cuando Pedro empiece a entrenarse con el plantel profesional, el paso siguiente será poner la firma.

Un club que es casa
Hablar de Baster es hablar de Instituto como familia. Porque su historia también tiene un costado íntimo, de esos que no salen en las estadísticas pero explican todo.
Cuando era chico, soñaba con jugar el tradicional torneo infantil de televisión en El Doce. El cambio de colegio (se fue del Corazón de María justo antes de que sea su turno) parecía quitarle esa posibilidad.
Pero su mamá, Yanina, movió cielo y tierra para que el Instituto Educativo Alta Córdoba pudiera participar por primera vez en el histórico certamen televisado. Lo logró. Y Pedro jugó. Y fue goleador. Y entendió que el camino también se construye desde el esfuerzo de los que están al lado.
Hoy, los que lo vieron en aquellos domingos de televisión lo reconocen en la Reserva. El mismo pibe, un poco más alto, un poco más fuerte, pero con la misma esencia y siempre con una cabellera rubia que lo distingue.

El próximo paso
Baster todavía es proyecto. Todavía es proceso. Pero también es presente. Y en un club que suele mirar seguido a sus inferiores, su historia encaja perfecto.
Instituto lo cuida. Él responde. Y mientras tanto, el gol sigue llegando.
El contrato, tarde o temprano, será apenas un detalle administrativo. Porque lo importante ya está en marcha: un chico formado cien por ciento en casa que empieza a escribir su propia historia con la camiseta que siempre fue suya.
