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Volver a empezar. Ascendió con Talleres, estuvo en México y ahora juega la Liga Cordobesa en Camioneros

Pablo Ortega supo jugar en un Kempes repleto con la “T” en sus inicios, pero a los 31 años eligió reinventarse en la LCF, lejos de los flashes y más cerca de su esencia.

25 de marzo de 2026, 11:35
Ascendió con Talleres, estuvo en México y ahora juega la Liga Cordobesa en Camioneros
Ortega durante su etapa en Talleres en 2015.

Pablo Ortega pide la pelota y encara. Como si el tiempo no hubiese pasado. Como si el ruido del Kempes todavía le zumbara en los oídos. Pero no. Ya no hay tribunas llenas ni luces de televisión. Ahora hay canchas más chicas, vestuarios de cemento frío y partidos donde el murmullo reemplaza al grito. Ortega volvió. Y volvió a la Liga en donde todo empezó.

A los 31 años, "el Burrito” decidió bajarse del mapa grande para reencontrarse con su esencia. Aquel pibe de Villa Dolores que llegó en 2009 a Talleres y que supo jugar partidos pesados, con el Kempes repleto, hoy viste otra camiseta: la de Camioneros en la Liga Cordobesa. Un torneo sin flashes, sin cámaras, sin épica televisada. Pero con otra cosa: raíz.

Su historia tiene de todo. Promesa, despegue, recorrido y también ese desgaste invisible que deja el fútbol cuando ya no se es la novedad. Ortega fue parte de aquel Talleres que buscaba volver, jugó finales, firmó contrato profesional, fue distinguido como premio Estímulo en La Voz, emigró, volvió y se fue otra vez. México, Santiago del Estero, Bahía Blanca, Mendoza, Salta. Una valija llena de camisetas y kilómetros. Y en el medio, una foto que no se borra: el ascenso con Central Córdoba de Santiago del Estero en 2019, una tarde que lo dejó en la historia.

Ortega durante su etapa en Talleres en 2015.
Ortega durante su etapa en Talleres en 2015. (Archivo / La Voz. )

De regreso a los orígenes

Pero el fútbol también es presente. Y el presente lo encuentra lejos del ruido. Más cerca del barro. “El año pasado estuve jugando Federal A y ahora vuelvo a la Liga Cordobesa, después de 12 años. Habrá que acostumbrarse a las patadas, no queda otra”, cuenta, entre risas, con esa mezcla de ironía y verdad que tienen los que ya han visto bastante.

No hay lamento en sus palabras. Hay decisión. “De tanto ir para un lado y para el otro, uno quiere más estabilidad. Por eso decidí quedarme en Córdoba”. Ahí aparece la otra cara de la historia. La del jugador que ya no corre detrás de la oportunidad, sino que la elige. La del tipo que entiende que reinventarse también es una forma de seguir.

Ortega disfruta de su presente en Camioneres y juega en la Liga Cordobesa mientras espera por el Regional Amateur.
Ortega disfruta de su presente en Camioneres y juega en la Liga Cordobesa mientras espera por el Regional Amateur. (Gentileza Ortega. )

Porque “Orteguita” no está de vuelta. Está en otra etapa. Una en la que el contexto cambió, pero la esencia no. Todavía encara, todavía pide la pelota. Todavía intenta. Solo que ahora lo hace lejos de las luces, en ese fútbol que se juega más de lo que se mira.

La "T" en el recuerdo

En ese regreso también hay memoria. “De Talleres solo tengo palabras de agradecimiento. Me llevé los mejores recuerdos. No solamente que me formó como jugador, sino también como persona, fueron muchos años. Casi siete. En especial, agradecer a la gente de estructura de inferiores”. No es un casete. Es la voz de alguien que entiende de dónde viene.

Y en su nueva casa encontró algo que lo sostuvo. “En Camioneros me trataron bien, es un club serio, te dan todo lo que necesitás para entrenar bien. Es lo más parecido a un club profesional”.

Ortega durante su etapa en Talleres en 2015.
Ortega durante su etapa en Talleres en 2015. (Archivo / La Voz. )

La escena es otra. El decorado también. Pero el protagonista sigue siendo el mismo pibe de Villa Dolores que soñaba con jugar en Primera. Solo que ahora el desafío es distinto: reinventarse sin perderse. Volver a empezar sin volver atrás.

Ortega ya no juega ante multitudes. Juega por otra cosa. Por el fútbol mismo. Y, a veces, eso vale más que cualquier estadio lleno.

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