“Estábamos a kilómetros”. La anécdota de Marcelo Araujo sobre relatar en el Chateau
El histórico relator recordaba lo difícil que era transmitir en el mundialista cordobés por la distancia entre las cabinas y el campo de juego.
La muerte de Marcelo Araujo a los 78 años reabrió el archivo de recuerdos del fútbol televisado en la Argentina. Y entre tantas historias de micrófono, goles y domingos frente a la pantalla, apareció también una de las anécdotas que el histórico relator solía contar sobre el Estadio Mario Alberto Kempes, el viejo Chateau Carreras de Córdoba.
Araujo, que durante décadas fue una de las voces más influyentes del relato futbolero, reconocía que trabajar en el estadio cordobés durante sus primeros años no era nada sencillo. Muy por el contrario: decía que relatar allí era, literalmente, una misión complicada.
“Lo que me daba pena de Córdoba, que es la provincia más importante de la Argentina, es la construcción del estadio para el Mundial 78”, supo decir alguna vez con su habitual frontalidad. Se refería al escenario levantado para la Copa Mundial de 1978, que en aquel entonces tenía cabinas y ubicaciones de prensa muy alejadas del campo de juego.
El relator recordaba que, en aquellos tiempos, las condiciones para trabajar eran muy distintas a las actuales. La distancia entre las cabinas y el césped hacía que seguir el desarrollo del partido fuera un verdadero desafío.
“Después trataron de acomodarlo un poco con las cabinas de transmisión y las plateas, pero igual es una pena”, explicaba Araujo. Y remataba con una imagen que pintaba de cuerpo entero el problema: “Al principio, como ustedes lo conocen, poder transmitir un partido era una cosa de locos. Estábamos a kilómetros de poder observar a los jugadores. Un partido de fútbol, una cosa increíble, casi imposible te diría”.
Con el paso de los años, el estadio fue sufriendo reformas y mejoras que acercaron un poco las cabinas y modernizaron la estructura. Pero aquella experiencia inicial quedó grabada en la memoria del relator, que nunca escondía su sorpresa al recordar lo difícil que resultaba seguir el juego desde tan lejos.
Araujo, histórico conductor de Fútbol de Primera y socio televisivo de Enrique Macaya Márquez, tenía esa mezcla de sinceridad y picardía que lo caracterizaba. Podía ser crítico, incluso ácido, pero también reconocía el peso futbolero de Córdoba dentro del mapa nacional.
Hoy, mientras el fútbol argentino despide a una de sus voces más influyentes, también quedan esas historias de cabina y micrófono. Anécdotas de un tiempo donde relatar un partido no solo dependía de la pasión… sino también de poder ver bien la pelota.

