Sin común acuerdo. El final menos pensado... o quizás sí: Racing echó en las últimas horas a Centurión
“Ricky” llegó como el refuerzo de mayor jerarquía de la Primera Nacional y despertó una ilusión enorme en Nueva Italia. Faltó a 15 prácticas y tuvo importantes recaídas con sus problemas de siempre. No firmó la rescisión y le mandaron una carta documento para notificarle que fue echado.
Había sido el golpe de efecto del mercado. El nombre que sacudió a la Primera Nacional. El futbolista que parecía estar varios escalones por encima de la categoría. Pero el sueño duró poco. Muy poco.
Ricardo Centurión ya no pertenece a Racing de Nueva Italia. Y la gran novedad es que no hubo una rescisión de común acuerdo, como trascendió en un primer momento.
La dirigencia tomó en las últimas horas una determinación mucho más fuerte: lo despidió con justa causa después de una larga serie de incumplimientos y ausencias injustificadas.
La historia, una vez más, terminó pareciéndose demasiado a otras que ya había protagonizado el talentoso delantero.

El refuerzo que ilusionó a todo Córdoba
Cuando Manuel Pérez confirmó su incorporación, Racing sintió que había ganado un campeonato antes de empezar a jugar. No todos los días un futbolista con pasado en Boca, Vélez, Racing Club y el fútbol italiano decide bajar a la Primera Nacional.
Centurión llegaba con una mochila pesada, es cierto. Su talento nunca estuvo en discusión, pero tampoco sus reiterados problemas de conducta, episodios de indisciplina y dificultades para sostener una carrera acorde a sus enormes condiciones futbolísticas.
Sin embargo, en Nueva Italia apostaron por él.
Creyeron en su deseo de volver a empezar. Le abrieron las puertas del club, le alquilaron una vivienda en Campo de Vuelo, lo acompañaron desde todos los sectores y esperaban que Córdoba fuera el escenario de una resurrección futbolística.
Durante algunas semanas pareció posible. Cada entrenamiento generaba expectativa y cada aparición despertaba ilusión entre los hinchas. Pero con el correr de los meses, la película empezó a mostrar escenas demasiado conocidas.
La desaparición que agotó la paciencia
Todo terminó de romperse después de la lesión que sufrió en Chaco.
Centurión debía iniciar la recuperación en el predio René Gorreta y, si era necesario, continuar el tratamiento en la clínica con la que Racing trabaja habitualmente.
Nunca apareció. Faltó un día. Después otro. Luego otro más.
Desde el club intentaron comunicarse por distintos medios. Hubo llamados, mensajes y apercibimientos formales. La respuesta nunca llegó.
Pasaron alrededor de dos semanas hasta que volvió a aparecer, ya con Gustavo Coleoni como entrenador. El nuevo DT fue claro: no lo iba a tener en cuenta. Desde entonces, el delantero volvió a desaparecer sin siquiera presentarse para regularizar su situación contractual.
Mientras tanto, seguían acumulándose las inasistencias. Cerca de quince prácticas consecutivas sin aviso ni justificación terminaron activando las cláusulas disciplinarias que Racing había incorporado al contrato cuando decidió contratarlo.
"Esto no es un centro de rehabilitación"
En Nueva Italia evitaron durante meses exponer públicamente los problemas internos.
Intentaron proteger al jugador hasta el final. Pero hubo un momento en que entendieron que ya no había margen.
"Desapareció y ni siquiera devolvió la llave de la casa que le habíamos alquilado cerca del Kempes. Por suerte su representante, Eduardo Rosetto, es un caballero y está ayudando a ordenar todo", confiaron desde la institución.

El presidente Manuel Pérez fue quien más apostó por Centurión. Lo convenció personalmente para llegar a Córdoba, lo respaldó cuando aparecieron los primeros inconvenientes y buscó contenerlo incluso en los momentos más difíciles.
Esta vez, sin embargo, fue el propio mandatario quien decidió ponerle punto final a la historia.
"Ante la falta de respuestas, los apercibimientos y las ausencias injustificadas, le enviamos una carta documento notificándole que fue despedido con justa causa", explicó.
Y luego dejó una frase que resume el sentimiento de toda la dirigencia: "Uno lo trató como a un integrante de la familia. Pero esto no es un centro de rehabilitación. Le dimos todo. Lo que más me duele no es que no haya hecho más goles o asistencias; me duele que no haya tenido la hombría de decir que no podía seguir, devolver las llaves, firmar la rescisión y seguir su camino".
Un final que lamentablemente no sorprende
Racing hizo todo lo que estaba a su alcance para que esta apuesta saliera bien.
Sabía perfectamente a quién contrataba. También conocía el historial que acompañaba a un futbolista capaz de desequilibrar partidos con una gambeta, pero también de poner en riesgo su propia carrera por cuestiones ajenas al fútbol.
La Academia eligió creer que esta vez sería distinto. No lo fue.
En el club sostienen que el problema nunca pasó por el rendimiento futbolístico. Incluso entienden que, si lograba continuidad, podía transformarse en uno de los mejores jugadores de la categoría.
El conflicto fue otro: el compromiso cotidiano, el profesionalismo y el respeto por una institución que hizo un esfuerzo enorme para darle una nueva oportunidad.
Racing decidió cerrar definitivamente el capítulo. Sin acuerdo. Sin abrazo final. Sin comunicado elegante para maquillar la situación. Hubo una carta documento y un despido con causa.
Porque, puertas adentro, sintieron que ya habían esperado demasiado.
Y quizás ahí esté la mayor tristeza de toda esta historia. No se fue un jugador más. Se fue uno de esos futbolistas distintos, de los que aparecen cada tanto y parecen tocar la pelota de una manera que el resto no puede. Un talento que siempre dio la sensación de poder volver a ser aquel que deslumbró en las grandes canchas.
Pero el fútbol, tarde o temprano, también pasa lista de lunes a viernes. Y otra vez, como ya ocurrió tantas veces en su carrera, Ricardo Centurión terminó perdiendo el partido más importante: el que se juega lejos de los estadios.

