Humor. La Fifa y la AFA ponen límites a gestos polémicos en el fútbol: la boca no se tapa
Hablar tapándose la boca y subirse al balón serán sancionados por considerarse conductas antideportivas. Las nuevas reglas buscan frenar provocaciones, prevenir incidentes y erradicar posibles insultos racistas en las canchas.
La FIFA y la AFA lanzaron dos novedades reglamentarias que dieron que hablar en las últimas semanas y que sancionan dos prácticas bastante difundidas y controvertidas entre los jugadores: hablar tapándose la boca con la mano para evitar que los lectores de labios decodifiquen lo que se le dice a un rival, y pararse sobre el balón, emulando a los equilibristas circenses que realizan un desafiante y peligroso acto que, en el particular lenguaje de los circos, se denomina «equilibrio sobre las esferas de la muerte». Se trata de una exhibición de destreza que genera mucha tensión en el público, pero que es muy celebrada cuando sale bien y no hay que lamentar víctimas entre los artistas.
En el caso de la sanción por ocultar palabras o insultos a un rival cubriéndose la boca, el castigo podría llegar a la tarjeta roja en el próximo Mundial de América del Norte. El objetivo es combatir los posibles insultos racistas que podrían lanzarse bajo esta forma solapada de comunicación que rige en las canchas, razón por la cual se la denomina «Ley Vinícius», en relación con el confuso incidente entre el brasileño y el argentino Gianluca Prestianni en el choque entre Real Madrid y Benfica, a partir del supuesto agravio racial denunciado por el delantero madridista.
Esta regla implica un serio desafío para los futbolistas, que desde la década de 1990 ocultan sus palabras tanto en el campo de juego como en la vida diaria. Esto se acentuó cuando un programa futbolero de la televisión española contrató a un lector de labios que había trabajado para el FBI descifrando diálogos de sospechosos vigilados por considerárselos peligrosos para la seguridad nacional (capos de la mafia, pandilleros, narcotraficantes, espías, inmigrantes centroamericanos y mimos).
A tal punto está incorporada esta costumbre en el día a día de los jugadores de fútbol que, en la vida hogareña, se hace difícil entenderlos porque, según versiones, se tapan la boca incluso para pedir que les pasen el azúcar. Algunos también ocultan sus labios con la mano cuando dan entrevistas después de los partidos, y es famoso el caso de un futbolista portugués que se llevó la mano a la boca durante su ceremonia de casamiento, lo que dificultó que el sacerdote supiera si estaba dando el «sí» o diciendo otra cosa. Finalmente, la boda se suspendió por «duda insuperable», ya que no había forma de que el jugador contrayente hablara sin cubrirse los labios con la mano derecha.
Mientras los jugadores comienzan a adaptarse a la nueva modalidad —algunos equipos incluso los estarían esposando por detrás durante las prácticas para acostumbrarlos a no llevarse las manos a la boca—, en el fútbol argentino la AFA, inspirada en una medida tomada por las autoridades brasileñas, decidió sancionar con tarjeta amarilla y tiro libre indirecto el acrobático recurso de pararse sobre la pelota, denominado técnicamente «subirse al balón».
Los argumentos son variados y, entre los primeros enumerados por la Dirección Nacional de Arbitraje, figura el supuesto peligro de lesión del jugador equilibrista si se cae del balón o si este llegara a estallar, algo que podría ocurrir con futbolistas corpulentos, como en su momento lo fue Cristian Fabbiani y los 122 kilos que llegó a pesar en All Boys. En ese caso, la sanción incluye el cobro del costo de la pelota al infractor.
También se considera la sensación de frustración que genera subirse al balón en rivales que no tienen ni la capacidad ni el talento para ejecutar esa pirueta y que, como respuesta emocional, reaccionan propinando certeros puntazos por encima del tobillo de los acróbatas del fútbol. En Brasil, algunos de estos actos de equilibrio terminaron en bataholas muy difíciles de controlar e incluso en verdaderos motines, debido al bajo umbral de frustración del jugador brasileño, por lo que las autoridades de la federación terminaron sancionándolos.
Finalmente, el ente rector del arbitraje argentino define la pirueta como conducta antideportiva y considera que se trata de una falta de respeto al juego, posiblemente debido a sus raíces circenses. «Si dejamos que esta práctica se extienda, vamos a llegar a un punto en el que los jugadores se subirán a la pelota y, con las manos, empezarán a hacer malabares con pelotas de colores y aros, porque si algo tienen los equilibristas y malabaristas es que hacen cada vez más difíciles sus rutinas», señaló un árbitro que manifestó su conformidad con la medida.
Lo que durante mucho tiempo fue considerado parte de la picardía del fútbol y una exhibición de destreza y lujo técnico involucionó en el fútbol moderno hasta convertirse en una provocación al rival. En las tribunas, los hinchas aburridos esperan que las rabonas, las bobas y los caños no sigan el mismo camino.

