Mundial en cordobés. El fernetazo de Dallas: la ciudad donde Belgrano y Talleres siguen “jugando”

La Voz recorrió el banderazo en ese lugar icónico de Dallas y se topó con hinchas cordobeses que hablaron del amor por su clubes y se chicanearon un poco.

27 de junio de 2026 a las 10:42 a. m.
Sebastián Roggero
Sebastián Roggero
Enviado especial a EE.UU.
El fernetazo de Dallas: la ciudad donde Belgrano y Talleres siguen “jugando”
Belgrano y Talleres en el banderazo.

¿Cuántos kilómetros hacen falta para dejar de ser cordobés? La pregunta apareció apenas uno entró al Klyde Warren Park. Bastó caminar unos metros entre los edificios del centro de Dallas para entender que la respuesta era bastante simple: ninguno. Porque si uno cerraba los ojos por un instante, el ruido de los autos desaparecía. Las conversaciones en inglés se mezclaban con un "culiado", un "qué hacé" y algún "¡vamos, papá!" que salía desde un rincón del parque.

Había olor a choripán aunque las reglas del lugar no lo permitían, pero el clima era el mismo de cualquier previa importante en Córdoba. Solo que, esta vez, el escenario estaba lejazo de casa.

Belgrano y Talleres en el banderazo.
Belgrano y Talleres en el banderazo. (La Voz.)

El banderazo argentino antes del partido frente a Jordania terminó siendo mucho más que una convocatoria para alentar a la Scaloneta. Fue una demostración de que Córdoba viaja con sus habitantes. Que no importa si el pasaje dice Dallas, Madrid o cualquier otro destino: el club del barrio siempre entra primero en la valija.

Y eso se notaba enseguida. Antes de preguntar nombres, profesiones o de dónde venían, los propios cordobeses resolvían el asunto más importante.

"¿Vos de qué cuadro sos?". Las respuestas llegaban con la naturalidad de quien habla de la familia. Camisetas de Belgrano, de Talleres, de Instituto, alguna de Racing de Nueva Italia y varias banderas mezcladas con la celeste y blanca convivían como si el parque fuera, por un rato, una plaza de Córdoba.

Belgrano y Talleres en el banderazo.
Belgrano y Talleres en el banderazo. (La Voz.)

Marcos no necesitó demasiadas palabras para presentarse. "Del campeón. Del campeón, maestro”. Venía desde Córdoba capital y acababa de llegar a Estados Unidos para vivir su primer Mundial. La felicidad se le notaba más en la cara que en las palabras.

"Llegamos hoy. No conocía Estados Unidos. Venir a un Mundial era un sueño. Estoy feliz de estar acá".

Belgrano y Talleres en el banderazo.
Belgrano y Talleres en el banderazo. (La Voz.)

El presente de Belgrano también viajaba con él. Entre risas aprovechaba cada oportunidad para recordarles a los hinchas de Talleres quién levantó el último campeonato. "Esto levanta la vara para el fútbol de Córdoba. Ellos tendrán que aceptar que somos los campeones".

El folclore, claro, no conoce fronteras. A pocos metros, otro hincha pirata protagonizaba una escena imposible de imaginar lejos de un Mundial. Compartía un vaso de fernet con William, un estadounidense que escuchaba con atención una clase acelerada sobre el fútbol cordobés. "Belgrano... our team... championship this year", intentaba explicar mezclando inglés, español y entusiasmo.

La pronunciación podía fallar. El orgullo, jamás. Del otro lado del parque aparecían Diego y Santino Parisi, hinchas de Talleres que venían siguiendo a la Selección desde Kansas City. Para ellos no existía contradicción entre la camiseta albiazul y la argentina. "Un día usamos la de Talleres y otro la de Argentina. Vamos uniendo las dos pasiones."

Mientras hablaban, era inevitable pensar que, para el cordobés, la Selección nunca reemplaza al club. Conviven. Se alimentan. Una explica a la otra.

Quizá la historia que mejor resumía ese sentimiento fue la de un cordobés que hace cinco años vive en España. Cruzó el Atlántico para ver a la Selección, pero cuando empezó a hablar de Talleres la conversación cambió de tono.

Belgrano y Talleres en el banderazo.
Belgrano y Talleres en el banderazo. (La Voz.)

Contó que sigue pagando religiosamente la cuota de socio. "Tengo un pacto con mi esposa. Hace cinco años que vivo en España y no voy a dejar de pagar el carnet. Creo que nunca."

Después explicó lo que significa seguir al club desde el otro lado del océano. "Es muy duro. Me levanto a las tres, cuatro o cinco de la mañana para ver los partidos. Pero esto es sentimiento."

Y cuando recordó a su papá, el hombre que lo hizo hincha de la "T", la voz se quebró apenas. "Siempre le agradezco haberme hecho de Talleres. Talleres es mi vida."

Historias como esa ayudan a entender por qué el fútbol argentino resulta tan difícil de explicar en otros países. Acá no se trata solamente de un equipo. Se trata de una identidad. De una herencia. De un idioma que solamente hablan quienes crecieron entrando de la mano de un padre o un abuelo a una tribuna.

Belgrano y Talleres en el banderazo.
Belgrano y Talleres en el banderazo. (La Voz.)

Las cargadas tampoco faltaron. Algunos hinchas de Belgrano contaban entre risas que se habían cruzado con simpatizantes de Talleres en el hotel. "Los vimos medio tristes... ni saludaban."

La respuesta llegaba enseguida desde la otra vereda, también con una sonrisa. Como cualquier discusión de café en Córdoba.

Pero alcanzó que alguien nombrara a Messi para que todo encontrara su lugar. "Argentina une todo. Lo que pasó en Córdoba quedó en Córdoba." Y probablemente esa haya sido la mejor definición de la tarde.

Porque durante unas horas, Belgrano, Talleres, Instituto, Racing y Estudiantes de Río Cuarto compartieron canciones, abrazos y la misma ilusión. Después volverán las cargadas, las discusiones y la pelea eterna por ver quién manda en la provincia.

Pero mientras la pelota siga rodando en este Mundial, Dallas tendrá un rincón donde el fútbol se habla con tonada cordobesa. Y donde un vaso de fernet, una camiseta gastada y un "aguante, culiado" alcanzan para sentirse, aunque sea por un rato, otra vez en casa.