El Mundial en cordobés. Así es el Fan Fest en Kansas City: pantallas gigantes, miles de hinchas y una fiesta que sorprende a Estados Unidos
El predio instalado junto al Monumento Nacional de la Primera Guerra Mundial se convirtió en el gran punto de encuentro de los fanáticos. Una recorrida por el lugar donde el fútbol une idiomas, culturas y pasiones antes del debut de la selección argentina.
Hay una imagen que resume todo antes de que ruede la pelota en el Mundial. Está en el centro de Kansas City, frente a uno de los monumentos más importantes de Estados Unidos. Es un corazón gigante, rojo, imposible de ignorar. Mide casi 20 metros de altura y funciona como puerta de entrada al FIFA Fan Festival. Pero, para un cordobés, la traducción es simple: “es un amor”.
Apenas se atraviesa ese corazón monumental, el Mundial deja de ser una competencia de fútbol para convertirse en una experiencia. Una de esas que impactan.
Kansas City no tiene fama de ciudad futbolera. Su identidad está ligada al jazz, al barbecue, a los Chiefs de la NFL y a las autopistas interminables. Sin embargo, durante estos días algo cambió. La Copa del Mundo tomó el control de sus calles y encontró en este parque inmenso, ubicado junto al Museo y Monumento Nacional de la Primera Guerra Mundial, su punto de encuentro más fuerte.
Desde lejos ya se escuchan idiomas distintos mezclados en una misma conversación. Hay camisetas de todos los colores, banderas de diferentes continentes, familias enteras que caminan con una sonrisa permanente. Y una sensación difícil de explicar: la de ver cómo el mundo entero se reúne en un mismo lugar.
En Córdoba se dice que algo “te vuela la cabeza” cuando supera cualquier expectativa. Eso ocurre acá. El predio es gigantesco. Hay espacios para descansar, puestos de hidratación, actividades interactivas, juegos, música, gastronomía y una tienda oficial de la FIFA en la que resulta difícil resistirse a llevarse un recuerdo. Pero el verdadero imán está unos metros más adelante.
Allí aparece la pantalla principal. Gigante, desproporcionada. Una de esas pantallas que hacen que ver un partido se parezca más a estar en un estadio que a sentarse frente al televisor de casa. Debajo, cientos de personas se acomodan en butacas, sillones y sectores cubiertos por grandes carpas. Algunos llegan horas antes del inicio de los partidos; otros pasan, se sientan y terminan quedándose toda la tarde.
Para quienes no consiguieron entradas para los estadios, venir al Fan Fest es, probablemente, la mejor alternativa.
Porque acá también se vive el Mundial.

Y se vive con intensidad. Cada gol genera aplausos, cada jugada importante provoca exclamaciones en distintos idiomas. Cada hincha encuentra a alguien con quien compartir una foto, una charla o una opinión sobre el partido.
Lo más llamativo, sin embargo, no son los visitantes, sino los propios habitantes de Kansas City. Muchos recorren el predio con la misma curiosidad que los turistas. Observan las camisetas, preguntan de dónde viene cada grupo y se sorprenden con la dimensión global del fútbol. Se percibe que disfrutan algo nuevo, que les fascina descubrir una celebración que reúne a personas de todas partes del mundo. Por momentos, cuesta recordar que esto sucede en Estados Unidos.
El ambiente tiene algo muy latinoamericano, muy mundialista. Se parece a esas reuniones populares en las que la excusa es el deporte, pero lo importante es el encuentro.
El Mundial recién empieza. La selección argentina se prepara para su debut frente a Argelia y la ansiedad crece con cada hora. Sin embargo, en Kansas City ya comenzó algo distinto: la sensación de pertenecer a una fiesta colectiva. Una fiesta en la que conviven escoceses, brasileños, mexicanos, estadounidenses, argentinos y muchas otras nacionalidades. Una ciudad que descubre el fútbol y un fútbol que descubre una ciudad.
Miles de personas se sientan juntas a mirar una pantalla gigante y terminan compartiendo algo mucho más importante que un resultado. Quizás por eso, el corazón de la entrada no es solo una escultura.
Después de caminar durante horas por este rincón mundialista del Medio Oeste, de ver las banderas mezclarse y escuchar los acentos cruzarse, la conclusión aparece sola: dicho en cordobés, el Fan Fest de Kansas City es un amor.

