GP Mónaco. F1: los nuevos autos no convencen y dejan más dudas que certezas
En un circuito clave, la brecha entre los mejores sorprendió: Ferrari marcó el ritmo, pero el rendimiento irregular y los escasos cambios entre tandas encendieron interrogantes.
Había mucha expectativa por ver en acción a los nuevos autos de F1 en una carrera tan particular.
Sus dimensiones reducidas, las alas más chicas, los neumáticos diferentes y un ruido más eléctrico que convencional conformaban un combo digno de ver y analizar.
En la primera de las tandas ya apareció una sorpresa, un tanto inesperada: solo los cuatro primeros giraron dentro del mismo segundo. Eso no es común, ni bueno ni convencional en una categoría tan exigente como esta.
En una tarde soleada y fresca, los tiempos que se observaban en las pantallas no resultaban convincentes y reflejaban la problemática que, en su mayoría, enfrentaban los pilotos al rodar.
Es más, ni con los cambios ejecutados la situación varió y ver autos entre los 10 primeros, pero con márgenes exorbitantes de diferencia, daba cuenta de que, al menos en esa tanda, había más dudas que certezas. Los coches rojos de Maranello eran los más efectivos; Kimi, con su Mercedes, el más rendidor, aunque superado por Verstappen, ansioso y sagaz para terminar junto a ellos, y luego el resto.
Este grupo estaba separado por medio segundo de distancia y Russell (que podría terminar con una fuerte rivalidad con el piloto italiano) ya era quinto, pero a un segundo.

Una situación poco habitual, sobre todo en el circuito más corto y lento de toda la temporada.
Colapinto, con intención de progresar y tras girar en más de 30 ocasiones, tuvo una pálida tanda: fue decimoquinto, a más de dos segundos de la punta y a más de siete décimas de su compañero Gasly, que cerró en décimo lugar.
Los Audi demostraban cierta mejoría, al igual que los Williams, pero era el mexicano Sergio Pérez (quien ya ganó aquí) quien le daba un toque distintivo a su trabajo y permitía que su Cadillac mejorara ostensiblemente: fue decimocuarto y abrió expectativas para el primer día de actividad.
Al analizar lo sucedido, la segunda tanda se esperaba con perspectivas de mejora que, en teoría, debían aparecer. Sin embargo, nunca se concretaron. Con neumáticos blandos, Gasly fue durante toda la sesión más veloz que Franco, quien, en su intento por revertir esa situación, golpeó contra las defensas cuando restaban 19 minutos para el final. Regresó a pista tras reparar, pero circunstancias ajenas, como la bandera roja provocada por Checo Pérez, lo dejaron sin posibilidades de progresar.
Adelante, poco cambió: medio segundo separó a los cinco mejores, que fueron los mismos que antes, con supremacía de Ferrari. Hacia atrás, todos quedaron lejos, sin transformaciones y expuestos a diferencias abismales para un trazado atípico, lento y con pocas oportunidades de superación.
Franco debió ceder posiciones ante la mejora de los Audi, un Haas y ambos Williams, mientras que su compañero logró, al menos, entremezclarse. El piloto del auto 43, en cambio, no pudo.
Al tratarse del viernes y primer día de actividad, una gran cantidad de público asistió al pintoresco principado y se estima que la jornada siguiente tendrá un fuerte componente glamoroso. Habrá margen para comprender qué ajustes pueden realizarse, siempre midiendo los riesgos.
El resto de los equipos ha evolucionado, algo esperable, pero persisten los interrogantes: ¿qué efecto generan las nuevas regulaciones en este circuito? Que haya entre 10 y 15 autos en el mismo segundo es normal; que solo cinco lo hayan logrado en ambas tandas no resulta habitual y genera dudas de cara a la clasificación, que estará precedida por la FP3 como última oportunidad para reducir diferencias e incrementar opciones.
Aún hay margen para intentar modificaciones, pero resulta evidente que las dificultades del viejo, mañoso y afamado circuito frenaron y dejaron en “stand by” las necesidades de muchos y fortalecieron las aspiraciones de pocos.

