Argentina feliz. La experiencia de la gente es ver el Messi con experiencia

El capitán argentino volvió a desatar una fiesta en Dallas: con casi 39 años, Messi mantiene intacto su magnetismo, lidera a la selección y confirma que su historia mundialista está lejos de apagarse.

22 de junio de 2026 a las 04:09 p. m.
Sebastián Roggero
Sebastián Roggero
Enviado especial a EE.UU.
La experiencia de la gente es ver el Messi con experiencia
Messi y su gol ante Austria.

La experiencia de la gente es ver de cerca a Messi en acción. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Dallas. Otro show de Lionel Messi. Otro capítulo de una historia que parece negarse a terminar. Porque no se apaga, porque sigue brillando a los casi 39 años, porque mantiene intactos esos superpoderes que lo transformaron en leyenda. Porque sigue haciendo goles. Porque sigue volviendo loca a la gente. Se ama a Messi. Se ama a Argentina.

Bastaba caminar unas cuadras alrededor del AT&T Stadium para entenderlo. Había cordobeses vestidos de monjas, felices de estar ahí, sacándose fotos y disfrutando de una jornada que seguramente recordarán toda la vida. Antes habían aparecido otros cordobeses: de Racing de Nueva Italia, de General Paz Juniors, de Talleres, de Instituto. También mexicanos con máscaras de Iron Man y fanáticos con extravagantes trajes albicelestes confeccionados en Bell Ville. El Mundial tiene esas cosas: une geografías imposibles alrededor de una misma pasión.

Messi celebra su gol, el 1-0 para Argentina ante Austria.
Messi celebra su gol, el 1-0 para Argentina ante Austria. (AP.)

Más de 70 mil personas ocuparon las tribunas, la mayoría alentando por Argentina. También había muchos estadounidenses y un puñado de austríacos que sorprendían por otro motivo: cada vez que escuchaban la palabra Córdoba, sonreían. Les gustaba hablar de la provincia, recordarla, mencionarla. Era una pequeña conexión emocional en medio de semejante escenario. La camiseta más repetida era la de Messi. Obvio, como si hiciera falta aclararlo.

El estadio es impactante de por sí, pero había algo que se robaba constantemente la atención: la gigantesca pantalla suspendida sobre el campo de juego. Tiene dimensiones tan descomunales que, por momentos, la gente miraba más hacia arriba que hacia abajo. El espectáculo sucedía en el césped y también en el aire.

Los jugadores austríacos aparecieron con semblante serio, casi desafiante, respaldados por sus hinchas. La ceremonia previa tuvo emoción, música y luces, en el marco de un Mundial que ya empieza a tomar temperatura. Y entonces apareció Messi.

Cada vez que tocaba la pelota había ruido, expectativa, barullo. Como si cada intervención activara algo colectivo. Como si marcara el pulso de cada corazón dentro del estadio. Lo había hecho con su triplete frente a Argelia y lo volvió a hacer ante Austria.

El penal errado dolió. Claro que dolió. Por un instante se escuchó ese murmullo inevitable que acompaña a las oportunidades perdidas. Pero no duró nada. Rápidamente la gente volvió a cantar: “Que de la mano de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar”. El respaldo fue inmediato, incondicional.

Messi abrió el marcador con un golazo.
Messi abrió el marcador con un golazo. (AP. )

Después llegaron otras dos ocasiones clarísimas y el arquero austríaco le negó el gol: una vez, dos veces. El estadio entero parecía empujar la pelota hacia la red. Había una necesidad compartida, una especie de deseo colectivo para que el capitán tuviera su premio. Hasta que ocurrió.

Y cuando ocurrió, todo fue una locura. Un delirio. Una explosión: miles de personas abrazadas, gritos, saltos, descontrol, euforia. La sensación de estar participando en un momento histórico. Porque no era un gol más: era otro gol de Messi en una Copa del Mundo, otro escalón en una carrera imposible de dimensionar, otro recuerdo para guardar. La escena fue tremenda.

Messi agarraba la pelota y la gente se levantaba de sus asientos. Dejaba de comer, de tomar, de mirar el celular. Todo quedaba suspendido por unos segundos: solo importaba ver qué hacía él.

Y entonces bajó desde las tribunas el canto que ya parece una oración mundialista:

Messi, Messi, Messi.

Con las manos moviéndose de arriba hacia abajo, como una reverencia, como una alabanza. En la previa hubo polémicas por la reventa de entradas, con valores que superaban los 1.500 dólares, pero una vez que empezó el partido todo eso quedó atrás. Porque dentro del estadio todo era Messi. Absolutamente todo.

Argentina vs Austria por el Mundial 2026.
Argentina vs Austria por el Mundial 2026. (AP)

Hubo tiempo también para otras ovaciones. Las pantallas enfocaron a Manu Ginóbili, radicado en San Antonio desde hace años. El exbasquetbolista fue reconocido de inmediato y recibió una enorme demostración de cariño. También apareció Shakira en uno de los palcos, generando otra reacción multitudinaria. Pero la figura central nunca cambió.

Se veían madres que les habían regalado a sus hijos esas entradas para estar cerca de Messi, para saber qué se siente, para poder contar algún día que estuvieron ahí. Entre los fanáticos más apasionados apareció Juan López, argentino que dejó por unos días a su familia en Buenos Aires para venir al Mundial y, según sus propias palabras, “vivir a Messi”. De eso se trata.

De ver a un futbolista que sigue compitiendo cuando muchos ya imaginaban su despedida. Que sigue peleando, sufriendo, yendo al frente. Que mantiene el fuego sagrado de una selección que no se conforma con lo conseguido. Y que metió el 2-0 ya casi sin aire, sobre el final.

Argentina es la Argentina de Messi. También es la Argentina con Messi. Y, mientras siga escribiendo capítulos como este, continuará alimentando la ilusión de miles de personas que cruzan países, gastan sus ahorros y recorren miles de kilómetros para verlo una vez más.

Porque, al final, en este Mundial 2026, como en tantos otros lugares del planeta, la experiencia de la gente es ver de cerca a Messi en acción.