Humor. La estatua de Gallardo, entre la superstición y el paro que sacude al fútbol argentino

La polémica por el “mufa o no mufa” de la estatua del Muñeco convive con un paro inédito de la AFA que amenaza con frenar la fecha 9. Entre supersticiones, maniobras fallidas y parrillas vacías, el fútbol vive días de caos y humor involuntario.

27 de febrero de 2026 a las 05:08 p. m.
La estatua de Gallardo, entre la superstición y el paro que sacude al fútbol argentino
La estatua de Gallardo y el humor.

Estatutaria maléfica

Marcelo Gallardo se fue de River y, en este momento, quedan dos cosas por hacer en el planeta millonario: buscar un reemplazante que se haga cargo del equipo y determinar qué se hace con la gigantesca estatua de bronce erigida en honor del “Muñeco” en el Monumental, frente a las proclamas iconoclastas de quienes llaman a tirarla abajo con el argumento de que trae mala suerte.

Más alta y más pesada que el monumental David de Miguel Ángel, se fundieron 500 mil llaves recolectadas para obtener el bronce que demandaba la obra. Fue un esfuerzo épico que dejó a los más fanáticos sin poder ingresar a sus casas porque, impulsados por la euforia, entregaron las llaves de ingreso y también sus duplicados para la colosal estructura. “Paradójicamente, algunos de esos hinchas ahora no ven con buenos ojos el bronce de Gallardo y absurdamente lo consideran mufa”, señaló un allegado al club que llevaba hábilmente camufladas un par de cabezas de ajo en los bolsillos de su saco y se persignaba cada vez que mencionaba al monumento.

En defensa de la obra, hasta el momento solo salió su creadora, para quien achacarle la culpa de la mala campaña de Gallardo y de la falta de títulos recientes a una estatua “es una salida fácil cuando los problemas son futbolísticos”, tal vez generados (aunque no lo dijo) por el Gallardo de carne y hueso que inspiró su abultada obra. Desde el punto de vista racional, la posición de la escultora es incuestionable, ya que, hasta donde se sabe, la estatua no solo no tuvo ninguna responsabilidad en la llegada de los refuerzos de River, sino que considerar que un objeto inanimado instalado en las puertas de un estadio se convierte en un artefacto funesto y/o decididamente mufoso es propio de mentes supersticiosas.

Sin embargo, la artista no tiene en cuenta que el fútbol es uno de los más sólidos reductos de la superstición en el mundo. Como dijo en su momento un pastor belga cuando se descubrieron muñecos alfileteados enterrados bajo el césped del estadio de Anderlecht: “Dos mil años de cristianismo no han sido suficientes para eliminar la magia, la brujería, las cábalas y la superstición en el fútbol”, y agregó, enardecido, blandiendo un encendedor, que “la Fifa debería tomar cartas en el asunto y crear un Tribunal de la Inquisición para estos temas”.

En cuanto al futuro de la polémica escultura, todo indica que no se moverá de su lugar porque hay muchos hinchas que la consideran inocua para la suerte del equipo. Pero están las presiones de quienes sostienen que debe ser dinamitada, fondeada en el Río de la Plata o reubicada a la vera de la ruta nacional 3, kilómetro 2.607, a la altura de Río Gallegos, para así neutralizar sus supuestas energías negativas.

La discusión del momento entre quienes consideran funesta la estatua dorada es si mufó a Gallardo o a River. Si fue al técnico, con su salida terminó el maleficio (como lo indicaría el triunfo sobre Banfield). Pero si la influencia negativa es sobre el club, la comisión directiva debería evaluar la situación.

Paro dominguero

Como si la escultura del ahora ex-DT millonario no trajera suficientes problemas a la Liga Profesional, el tsunami de denuncias contra la máxima dirigencia de la AFA derivó en una medida de fuerza inédita en el fútbol argentino: un paro de clubes que detendrá el torneo y sumergirá a los hinchas en un estado de aburrimiento que los podría llevar a interesarse peligrosamente en detalles de la ley de reforma laboral y en la de derretimiento de glaciares, votadas alegremente en el Congreso; o en reparar en la suba de costos del recordado asado dominguero que alguna vez fuera tradición nacional.

“Los partidos del domingo de la Liga tienen un efecto hipnótico que invisibiliza las parrillas vacías, por lo que, sin fútbol en los televisores, los hinchas van a girar hacia sus asadores y se van a preguntar: ‘¿Qué pasó acá?’”, analizó el CEO de la carnicería Pecado Carnal. No obstante, descartó que la gente vaya a comprar masivamente asados para paliar la falta de fútbol. Luego de hacer montoncito con los dedos, sentenció: “Será un domingo sin fútbol y sin asado, como en Camboya”.

La frutilla del postre del paro de la AFA fue la adhesión de los árbitros a la medida de fuerza, lo que desbarató una operación encubierta del Gobierno de hacer ingresar clandestinamente a los colegiados en los estadios, disfrazados de exterminadores de grillos topo, para que, una vez en el césped, convocaran a los equipos a jugar y, al no tener respuesta, dieran por perdidos los partidos de la fecha 9 a todos los equipos de la Liga. El objetivo era pedir la renuncia de “Chiqui” Tapia por manifiesta irregularidad reglamentaria, ya que una derrota masiva viola el reglamento de la Fifa, que establece claramente tres resultados posibles por partido y el consecuente reparto de puntos. Pero la hábil maniobra se frustró y, por el momento, la novena fecha sigue en el limbo.