AFA. El ex ministro de Economía que expuso con números las fallas del fútbol argentino
Lacunza, vicepresidente de la Academia, dejó una fuerte reflexión tras la derrota ante el Canalla y la actualidad del fútbol argentino. Escribió un texto en sus redes que no tardó en hacerse viral.
El fútbol argentino vive en el marco de los playoffs en esa cornisa incómoda donde todo es emoción… pero no siempre justicia. Donde el grito vale, claro que vale, pero muchas veces deja una pregunta flotando: ¿esto premia al mejor de todos o al que mejor cayó parado en la recta final?
En ese terreno resbaladizo se volvió a meter Racing, eliminado por Rosario Central en cuartos del Apertura 2026, en una noche caliente que dejó bronca, polémica arbitral y, sobre todo, un debate que no se apaga.
Primero habló Diego Milito. Después, con tono más filoso y mirada estructural, apareció Hernán Lacunza. El vicepresidente primero de la Academia (Exministro de Hacienda de la Nación y Exministro de Economía de la Provincia) no se quedó en la jugada puntual ni en el fallo de Darío Herrera. Fue más allá. Apuntó al corazón del sistema. Y lo hizo con un mensaje que mezcla números, ironía y una crítica de fondo a un formato que muchos celebran por emocionante, pero cada vez más tildan de injusto.
“Fútbol argentino. Arbitrajes aparte. Competencia rota”, arrancó. Y a partir de ahí, una serie de puntos que buscan desnudar las contradicciones del modelo.
Lacunza desde el 10 de diciembre de 2015 fue el ministro de Economía de la Provincia de Buenos Aires. El 17 de agosto de 2019 fue nombrado Ministro de Hacienda de la Nación Argentina por el expresidente Mauricio Macri tras la renuncia de Nicolás Dujovne.
Primero, el contraste brutal entre la fase regular y los play-offs: “240 partidos para eliminar a 14 equipos de 30… y después 15 partidos para eliminar a 15. Este año, en octavos, 8 partidos para eliminar a 8, incluyendo a los tres mejores según tabla general”. Traducido: meses de esfuerzo que pueden diluirse en una llave corta.
Fútbol argentino. Arbitrajes aparte. Competencia rota:
— Hernán Lacunza (@hernanlacunza) May 14, 2026
1. En la fase regular, 240 partidos para eliminar a 14 equipos de 30 (presuntamente los peores). En play-offs, 15 partidos para eliminar a 15. Este año, en octavos, 8 partidos para eliminar a 8, incluyendo a los tres mejores…
Después, el valor de los títulos: “Inflación de campeones: 7 por año. Como la emisión de pesos, cada vez valen menos”. Una comparación bien argentina, directa al hueso.
El tercer punto del texto que publicó en redes fue directo al corazón del debate: “No confundir emoción con azar”. Lacunza recuerda que los campeones de 2025 terminaron 15° y 22° en la tabla anual. “Campeones legítimos, felicitaciones, pero no se premia la regularidad sino una racha de 4 partidos, definibles por penales”. Y remata: “Con menos mérito y más azar, hacer las cosas bien importa menos”.
La crítica sigue con la ingeniería del torneo: “Como la injusticia es evidente, el año pasado se otorgó un título ex-post al primero de la tabla general… Ahora hay dos torneos simultáneos. Una misma victoria suma para dos torneos. No debe haber antecedentes”.
Y va más allá: “Se puede salir campeón ganando 4 partidos de 19… y se puede descender jugando contra la mitad de los equipos, con interzonales arbitrarios”. Una lógica que, según plantea, rompe cualquier parámetro de equidad.
El impacto también es internacional: “Los últimos 7 campeones de Libertadores son brasileños… según la tabla 2025, Argentina manda al 1, 2, 8, 13, 15 y 22. Difícil”. Ironía incluida: “La propuesta aparente es que el año que viene entre el 9”.
Y cierra con una imagen potente, bien de época: “La maldición de los recursos naturales… que la abundancia de Messi, Di María, Julián y Lautaro nos vuelva a salvar, pero no tape la necesidad de una competencia local sana”.
Ahí está el eje. El fútbol argentino emociona, sí. Vibra, late, atrapa. Pero cada vez más dirigentes, hinchas y protagonistas se preguntan si esa emoción no está sostenida en un sistema que, en el fondo, hace ruido.
Racing quedó afuera. Pero el debate sigue adentro. Y parece lejos de terminar.

