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Deportes

Razones del bajón. El desconcierto de Racing: radiografía completa de una “tormenta perfecta” en Nueva Italia

La Academia armó uno de los planteles más fuertes de los últimos años para pelear arriba, pero hoy navega cerca del fondo. Lesiones, errores de conducción, refuerzos en deuda y un equipo totalmente desconectado explican el desconcierto en Nueva Italia.

20 de mayo de 2026, 13:35
El desconcierto de Racing: radiografía completa de una “tormenta perfecta” en Nueva Italia
Racing buscará enderezar rápido el rumbo.

La pregunta retumba hace semanas en Nueva Italia. En la platea, en los pasillos del club, en las redes sociales y también puertas adentro. ¿Qué le pasa a Racing? ¿Cómo puede ser que un equipo que se armó para pelear arriba hoy mire más de cerca la zona baja que los puestos de protagonismo?

Porque esta Academia no fue un rejunte improvisado ni un plantel armado a las apuradas. Todo lo contrario. Racing apostó fuerte. Muy fuerte. Quizás como nunca en los últimos años.

El presidente Manuel Pérez rompió el chanchito y salió a buscar nombres de peso para dar el salto definitivo en la Primera Nacional. Llegaron futbolistas con recorrido, experiencia y cartel. Ricardo Centurión, Gaspar Iñiguez, Alejandro Rébola, Gabriel Aranda, Brian Olivera. Jugadores que, en los papeles, elevaban la vara y alimentaban la ilusión.

La sensación en enero era clara: Racing iba a pelear.

Ricardo Centurión, uno de los más regulares en Racing.
Ricardo Centurión, uno de los más regulares en Racing. (Nicolás Bravo)

Pero el fútbol tiene esa costumbre maldita de destruir rápido las expectativas. Y hoy el equipo está perdido. Confundido. Frágil. Apenas ganó cinco puntos de los últimos 24 y navega peligrosamente en el puesto 13 de una zona de 18 equipos. Un presente impensado hace apenas unos meses.

Y lo peor para Racing no es solamente la tabla. Lo más preocupante es la sensación de desconcierto total.

Un proyecto que arrancó torcido

Porque este equipo nunca terminó de construirse de verdad. El primer golpe fue casi inmediato. La apuesta por el DT Pablo Fornasari salió mal desde el arranque. Tan mal que el ciclo duró apenas tres fechas.

Ahí aparece la primera gran pregunta que todavía flota en el aire: si no había convencimiento para sostenerlo en la primera turbulencia, ¿para qué lo trajeron? Racing quedó atrapado rápidamente en una contradicción dirigencial que terminó contaminando todo.

Fornasari duró apenas tres partidos en Racing.
Fornasari duró apenas tres partidos en Racing. (Prensa Racing. )

Lo que vino después fue puro parche. Ramiro Torres y Pablo Motta asumieron como interinos, se anunció a Pedro Llorens y, cuando parecía que había una decisión tomada, el plantel pidió que siguiera la dupla.

Y mientras afuera todo parecía improvisación, adentro comenzaron a acumularse problemas imposibles de ignorar.

Las lesiones y un equipo lleno de parches

Las lesiones hicieron estragos. Gabriel Aranda, Alejandro Rébola y Abel Bustos eran futbolistas pensados para sostener la estructura del equipo. Ninguno pudo hacerlo porque se lesionaron.

Racing perdió jerarquía, experiencia y liderazgo. Y a partir de ahí todo empezó a deformarse. Los entrenadores comenzaron a improvisar soluciones de emergencia. Cambios de esquema, jugadores fuera de puesto, retoques constantes. Nada terminó funcionando.

Este Racing juega nervioso. Apurado. Desordenado. Como un equipo que perdió completamente la confianza.

Hay partidos donde parece no saber qué hacer con la pelota. Se parte rápido. Defiende mal y ataca peor. En ofensiva depende demasiado de arrestos individuales o de alguna inspiración aislada. Y ahí aparece otro problema enorme: casi ninguno de los nombres importantes está respondiendo.

Salvo Leandro Córdoba, seguramente el refuerzo que mejor rindió y uno de los pocos que sostuvo regularidad, el resto quedó muy por debajo de lo esperado. Centurión “salvó la ropa” y mostró algunos chispazos de su talento en las últimas fechas. Un control distinto. Una gambeta. Algunos lindos goles. Pero los hinchas quizá esperaban algo más del jugador que llegó como la gran bandera futbolística del proyecto.

Leandro Córdoba, delantero de Racing de Córdoba.
Leandro Córdoba, delantero de Racing de Córdoba. (Prensa Racing.)

Después aparecen otros casos preocupantes. Pablo Chavarría atraviesa una sequía alarmante y el equipo lo siente muchísimo. Iñiguez nunca logró adueñarse del mediocampo y luego se lesionó. Rébola prácticamente no pudo jugar. Olivera tampoco consiguió transmitir aquella seguridad que mostraba en Estudiantes de Río Cuarto.

Y cuando los referentes no sostienen, todo se vuelve más difícil.

Una dupla golpeada y un vestuario bajo la lupa

La dupla Torres-Motta también pagó caro su inexperiencia. Hubo decisiones tácticas y elecciones de nombres dentro de los 11 que no dieron resultado.

Se entiende el contexto: asumieron en medio de una tormenta, condicionados por lesiones y urgencias permanentes. Pero también es cierto que el equipo fue perdiendo cada vez más claridad futbolística con el correr de las fechas.

Racing recibió a Central Norte de Salta en el estadio Miguel Sancho de Nueva Italia. Fue derrota por 2 a 1.
Racing recibió a Central Norte de Salta en el estadio Miguel Sancho de Nueva Italia. Fue derrota por 2 a 1. (Nicolás Bravo / La Voz)

En la tribuna más de uno siente que “se les quemaron los libros”. Que el plan original saltó por el aire hace rato. Incluso hubo demoras para completar el cuerpo técnico y sumar un nuevo preparador físico, otro detalle que expone cierto grado de desorganización en un año donde Racing necesitaba exactamente lo contrario.

A eso se suma otro ruido interno que empieza a escucharse cada vez más fuerte: la sensación de que el plantel tiene demasiado peso en ciertas decisiones. “El plantel les maneja todo”, deslizan algunos en voz baja. Frase peligrosa. Frase que en el fútbol suele ser síntoma de desorden.

Preocupación, depuración y una urgencia: volver a creer

Mientras tanto, la dirigencia mezcla preocupación, bronca y desilusión. Porque se invirtió mucho dinero. Porque el club encaró obras importantes. Porque había una expectativa enorme alrededor de este proyecto. Y porque hoy el escenario está muy lejos del imaginado.

Igual, en Racing nadie piensa en bajar los brazos. Manuel Pérez ya dejó entrever que en junio habrá una fuerte depuración. Hay jugadores apuntados que podrían salir y la idea es sumar refuerzos para rearmar un plantel golpeado anímicamente.

La dirigencia, además, insiste en sostener a la dupla técnica hasta el final de la temporada. Entiende que el problema va mucho más allá del banco de suplentes. Cree que todavía hay material para revertir la historia y que cambiar otra vez de entrenador podría profundizar aún más el caos.

Pero el tiempo empieza a jugar en contra, sobre todo en un club que hoy quedó con menos de 4.000 socios al día. Y en la Primera Nacional, cuando el miedo se mete en la cabeza, todo cuesta el doble.

Por eso en Nueva Italia ya casi no se habla de pelear la punta. Primero hay que recuperar algo mucho más urgente: la estabilidad. Porque Racing dejó de parecerse al equipo que soñó en el verano. Y hoy se parece demasiado a uno que todavía no entiende cómo terminó metido en este lío.