Mundial en cordobés. De un "culiao" en Grand Central a un "vamos Argentina" que hizo temblar Manhattan
La Voz recorrió los rincones más icónicos de Nueva York en la previa de la final ante España. Entre turistas, cordobeses, argentinos que viven en Estados Unidos y hasta una mexicana enamorada de la Scaloneta, la ciudad se tiñó de celeste y blanco.
El "culiao" retumbó en una de las estaciones de tren más famosas del planeta. "¿Qué mierda es esto, culiao? ¿Y esta bandera? ¿Esto es la Capilla Sixtina, boludo?". La confusión duró apenas unos segundos. Después llegó la aclaración, entre risas. No era ninguna iglesia. Era Grand Central Terminal, una de las postales más reconocidas de Nueva York. Y ahí, debajo de ese techo que millones de turistas fotografían todos los años, apareció una escena que ya se volvió costumbre en este Mundial: tonada cordobesa, camisetas argentinas y un micrófono de La Voz buscando historias.
Porque Manhattan, a horas de la final entre Argentina y España, dejó de ser solamente Manhattan. Times Square, Central Park, la Quinta Avenida, el puente de Brooklyn y cada rincón turístico tenían algo en común: una bandera celeste y blanca, un mate dando vueltas o alguien cantando por Messi.
Entre esa multitud apareció la familia Santilli. Luciano nació en Bell Ville, hoy vive en Miami junto a su hijo Augusto, mientras que Juan, también es cordobés y hace años está radicado en Buenos Aires. Una hermandad unida por una promesa: vivir un Mundial juntos.
"Conseguimos las últimas entradas que nos faltaban. Fue dificilísimo", contó Luciano, todavía con la adrenalina de haber asegurado el lugar para la gran final.
Para Augusto, en cambio, la emoción pasa por otro lado. "Es un recuerdo que nunca más va a pasar en mi vida. Hay que aprovecharlo al máximo y ojalá podamos levantar la cuarta estrella", dijo.
Después llegó el juego de la imaginación. "Si Messi viene caminando por acá, ¿qué le decís?". La respuesta salió automática, como la de cualquier hincha. "No me lo puedo creer. ¿Me firmás la camiseta? ¿Nos sacamos una foto? Sería el mejor día de mi vida".

Detrás de ese viaje también hay una historia de sacrificio. Juan es médico patólogo y no tuvo problemas en resumir el esfuerzo que implicó estar en Nueva York.
"Hay que trabajar mucho. Veo biopsias todos los días, ayudo a la gente con la salud, que es mi pasión. Pero también le había prometido a mi hijo que íbamos a estar en un Mundial y acá estamos. Cuesta mucho, pero hay que darle para adelante".
No era la única historia. También apareció Gustavo Negretti, neuquino que hace doce años vive en Denver. Y entre tantas camisetas argentinas sorprendió Daisy Hackett, mexicana de nacimiento pero completamente rendida a los colores albicelestes.
"Me casé con un argentino y ahora soy argentina", dijo entre risas. Su marido aprovechó para meter un poco de picante antes de la final. "Yo también soy mexicano, mis abuelos son de España...", alcanzó a decir antes de que las cargadas empezaran a multiplicarse alrededor.
Más allá de los chistes, Daisy resumió algo que se repite desde que empezó este Mundial.
"Argentina es un sentimiento que se transmite. Acá vemos gente que llega con una remera blanca y termina comprándose una camiseta argentina. Es increíble". Y eso es exactamente lo que está pasando en Nueva York. Una ciudad acostumbrada a recibir turistas de todo el planeta, pero que durante estos días parece haber sido tomada por argentinos.
La despedida no podía ser de otra manera. En medio del hall de Grand Central, mientras cientos de personas seguían caminando apuradas para tomar un tren, un grupo de argentinos rompió el murmullo con un clásico.
"¡Olé, olé, olé... Argentina, te quiero más!".
Por un instante, el corazón de Manhattan sonó bastante parecido al de cualquier esquina de Córdoba.

