La Voz en el Mundial. ¿Cuánto cuesta vivir una ilusión en Miami? Los precios del barrio más exclusivo
La primera sensación se transforma en certeza: el Mundial cambió de paisaje, pero no de costumbres. En Ocean Drive ya no predominan los turistas que se sacan fotos con las palmeras ni los autos deportivos que pasan despacio exhibiendo su carrocería. Lo que más se ve son camisetas argentinas: celestes y blancas que van de una punta a la otra de la avenida más famosa de Miami Beach, la misma donde están los restaurantes más exclusivos, los hoteles históricos y las mesas desde las que el mundo mira el atardecer sobre el mar.
Hay otra pregunta que también empezó a escucharse entre los hinchas, casi tanto como “¿Llega Messi?”: “¿Cuánto sale comer acá?”.
La respuesta aparece apenas uno se detiene frente a cualquier carta. Un churrasco cuesta entre 32 y 38 dólares; un ribeye llega a 58; el filete vale 56, y la langosta también ronda los 58 dólares. Una hamburguesa, uno de los platos más pedidos por los turistas, cuesta 26 dólares.
“Si le gustan las carnes, le recomendaría un buen ribeye o un filete”, dice el encargado de uno de los bares clásicos de Ocean Drive mientras muestra la carta sin demasiadas vueltas. Luego aclara que también hay platos de entre 15 y 20 dólares, aunque la realidad es que sentarse a comer sobre esta avenida nunca será una opción económica.
La escena contrasta con la que, unas cuadras más atrás, viven muchos argentinos que eligieron refugiarse en Manolo, el histórico restaurante de comida española, donde una milanesa con papas o una picada aparecen como alternativas mucho más accesibles.
Pero una cosa es pasar unos días de vacaciones y otra, muy distinta, es vivir en Miami. Sentada en el paseo de Ocean Drive, con un mate en la mano y una bandera argentina como mantel improvisado, Priscila, mendocina que vive hace tiempo en South Beach, observa cómo la tarde empieza a llenarse de hinchas.
Mientras alrededor suena la música de los bares y los turistas bailan frente a la playa, ella baja a tierra el costo de esa postal.
“Lo que se gana en el trabajo alcanza para vivir, ahorrar y tener un buen estilo de vida. Pero cuesta: hay que trabajar muchas horas”, cuenta.
Según explica, un sueldo habitual ronda entre los 3.000 y 4.000 dólares mensuales.
El problema aparece cuando llega el momento de pagar el alquiler.
“Un departamento de una habitación cuesta unos 2.500 dólares por mes”, dice.
Por eso, compartir vivienda es casi una regla.
“Acá se comparte mucho. Una habitación puede salir entre 700 y 800 dólares”.
La diferencia también se nota dentro de la propia ciudad.
“South Beach es más caro. Si te vas a North Beach, es bastante más económico y está lleno de argentinos”, explica.
La explicación tiene lógica. Ocean Drive, Lincoln Road y todo este sector viven del turismo internacional. Los hoteles de lujo, los restaurantes y las marcas internacionales empujan los precios hacia arriba y convierten a este rincón de Miami en uno de los más exclusivos de Estados Unidos.
Sin embargo, durante estos días el lujo convive con otra postal: familias que recorren la avenida con la camiseta de la selección, grupos de amigos que comparan precios antes de sentarse a comer, cordobeses que hacen cuentas en pesos mientras leen una carta en dólares y mendocinos que toman mate frente al mar como si estuvieran en cualquier plaza argentina.
El Mundial tiene esa capacidad de mezclar mundos que parecen incompatibles.
Durante unos días, Ocean Drive deja de ser solo la avenida de los autos deportivos, los tragos caros y los hoteles cinco estrellas. También se convierte en una peatonal futbolera en la que miles de argentinos descubren que, en la ciudad del lujo, lo único que todavía no tiene precio es la ilusión de seguir viendo a Messi un partido más.

