La Voz en el Mundial. Los cowboys de Messi: argentinos a la caza de sombreros en Dallas

Hinchas argentinos recorrieron Wild Bill’s, una tienda icónica del centro de Dallas donde los sombreros superan los 100 dólares y algunas botas cuestan más de 600. Entre risas, fotos y asombro, el Mundial también se vive al estilo texano.

24 de junio de 2026 a las 08:52 a. m.
Sebastián Roggero
Sebastián Roggero
Enviado especial a EE.UU.
Los cowboys de Messi: argentinos a la caza de sombreros en Dallas
Hinchas argentinos recorrieron Wild Bill's, una tienda icónica del centro de Dallas

Antes de los goles de Lionel Messi, de las camisetas argentinas que coparon el Dallas Stadium y de las fotos que inundaron las redes sociales, Texas ya tenía sus propios héroes. Cabalgaban kilómetros por estas tierras inmensas, usaban botas de cuero gastadas por el polvo y sombreros enormes para protegerse de un sol implacable. Los llamaban cowboys. Y, aunque el tiempo pasó, la imagen sigue intacta.

Por eso, apenas se alejan unas cuadras de los rascacielos del centro de Dallas, los turistas terminan inevitablemente frente a una vidriera que parece salida de una película del Lejano Oeste. Allí está Wild Bill’s Western Store, un local emblemático del histórico West End que lleva más de 40 años vendiendo sombreros, botas, cinturones y todo lo necesario para convertirse, al menos por unas horas, en un auténtico texano. Y sí: la foto vestido de cowboy es inevitable.

Y si además hay argentinos dando vueltas por Dallas después de otra actuación inolvidable de Messi, es difícil que no entren. La escena ocurre apenas un día después del triunfo 2-0 de Argentina sobre Austria. Messi marcó dos goles, volvió a provocar una ovación interminable y dejó a miles de hinchas con una sensación que se repite desde hace casi dos décadas: hay que aprovechar cada partido porque nadie sabe cuánto más va a durar esta maravilla.

Con esa mezcla de felicidad y nostalgia que acompaña cada presentación del capitán, muchos aprovecharon el día libre para recorrer la ciudad. Y terminaron donde terminan casi todos: frente a los sombreros.

—Obvio, lo que todo el mundo quiere son los sombreros —dice uno de los visitantes mientras observa una pared interminable de modelos de todos los tamaños, colores y estilos.

Los hay negros, marrones, blancos, de cuero, de fieltro, rígidos, clásicos o modernos. Algunos parecen sacados de una película de John Wayne; otros podrían aparecer en un videoclip de música country. Pero lo primero que llama la atención no es el diseño, sino el precio. Uno de los modelos más llamativos tiene una etiqueta clara: 175 dólares. La pregunta surge de inmediato: “¿Es caro o barato esto?”.

—Eso es carísimo —dispara un argentino entre risas.

Pero enseguida aparece la reflexión mundialista:

—Bueno, está bien. No hay que quejarse. Hay que llevarse un recuerdo de Dallas.

Y remata con una frase que resume el pensamiento de muchos viajeros: “No vas a volver en tu vida a Dallas”.

Es difícil discutir ese argumento. Los Mundiales tienen eso: empujan a la gente a hacer cosas que probablemente no haría en circunstancias normales. Viajar miles de kilómetros, dormir poco, gastar más de la cuenta, cruzar continentes para ver un partido de fútbol. O comprar un sombrero de cowboy de más de 100 dólares.

La búsqueda continúa. Entre tantos modelos aparece una opción más accesible: un sombrero estilo Panamá que genera consenso inmediato.

—Está más barato —avisan.

La etiqueta marca 46 dólares.

—Queda re bien —comenta alguien.

Y durante unos segundos la conversación abandona Texas para aterrizar en Córdoba.

—Para ir a un baile de La Mona con esto, ¿sabés qué? —lanza uno. La carcajada es automática.

—Te vas a un baile de cuarteto… explotás y se saca a bailar todo el mundo.

Las imágenes se mezclan de manera curiosa: Dallas y Córdoba; los cowboys y el cuarteto; el country y La Mona. Porque el Mundial también es eso: encontrar puntos de contacto donde aparentemente no los hay.

Mientras los argentinos siguen probándose sombreros frente al espejo, el local ofrece mucho más. Hay cinturones trabajados artesanalmente, camperas de cuero, camisas vaqueras y una colección de botas capaz de dejar hipnotizado a cualquiera. Y ahí aparece el verdadero impacto. Si los sombreros sorprenden, las botas juegan en otra liga.

Los primeros precios obligan a mirar dos veces para confirmar que no hay error: más de 500 dólares, más de 600 dólares. Modelos que parecen piezas de colección.

—Creo que mi cara lo dice todo —admite uno de los visitantes mientras observa la etiqueta.

Y la expresión, efectivamente, lo dice todo: asombro, incredulidad, admiración. Las botas son espectaculares. Algunas tienen bordados minuciosos; otras parecen obras de arte hechas a mano. Cada una cuenta una historia del oeste norteamericano.

Quizás por eso también cuestan lo que cuestan. En una de las estanterías aparece un modelo de 644 dólares. La reacción es inmediata:

—¡Wow!

A esa altura nadie calcula conversiones ni piensa en la tarjeta de crédito. La visita ya se transformó en una experiencia turística: una especie de museo interactivo donde todo puede tocarse, probarse y fotografiarse.

Wild Bill’s entiende perfectamente ese juego. Por eso recibe cada año a miles de visitantes que probablemente jamás usarán una bota de cowboy en su vida. No importa. Lo fundamental es sentirse parte de la historia durante unos minutos. Y en estos días mundialistas, esa historia también tiene acento argentino. Entre los estantes aparecen camisetas albicelestes, banderas, termos para el mate y conversaciones inevitables sobre Messi.

Dallas vive horas especiales. La ciudad está acostumbrada a recibir turistas de todo el mundo, pero cada vez que juega Argentina sucede algo distinto. Las calles se llenan de camisetas celestes y blancas. Los restaurantes hablan de Messi. Los taxistas preguntan por Messi. Los vendedores preguntan por Messi. Messi aparece en todos lados, incluso en una tienda de cowboys.

Quizás por eso la imagen final resulta tan simbólica: un grupo de argentinos que todavía habla de los dos goles a Austria, que revisa jugadas en el celular y que no termina de creer lo que vio en el estadio se prueba sombreros texanos frente a un espejo en pleno centro de Dallas.

Por un rato juegan a ser cowboys. Después vuelven a ser lo que realmente son: hinchas argentinos siguiendo a Messi por el mundo. Y, al menos por ahora, esa aventura parece bastante más valiosa que cualquier sombrero de 175 dólares o cualquier bota de 644.