Mundial en 2026. Los cordobeses que "no pudieron volver" al país: las historias de los hinchas que cambiaron todos sus planes por Argentina

Uno regresó a Córdoba después de la fase de grupos, pero el triunfo ante Egipto lo empujó otra vez a Estados Unidos. El otro vino para un solo partido y todavía sigue acá. Dos historias que explican hasta dónde puede llevar la ilusión de esta selección.

16 de julio de 2026 a las 09:59 a. m.
Sebastián Roggero
Sebastián Roggero
Enviado especial a EE.UU.
Los cordobeses que "no pudieron volver" al país: las historias de los hinchas que cambiaron todos sus planes por Argentina
Guillermo, fanático de Juniors y también de la selección argentina.

Hay Mundiales que se disfrutan desde el sillón de casa. Y hay otros que te cambian la agenda, el bolsillo y hasta las promesas hechas en la mesa familiar. Uno de esos se está jugando en Estados Unidos. Y hay cordobeses que ya no saben cuándo volverán. O, mejor dicho, saben que volverán. Lo que no saben es cuándo.

Y Argentina tuvo bastante que ver. Guillermo Chain ya estaba otra vez en Córdoba. Había cruzado Estados Unidos para acompañar a la selección en los primeros partidos y sentía que la aventura había terminado. El plan estaba cumplido. La valija, desarmada. Pero entonces llegó aquella noche contra Egipto. Ese 3-2 imposible, de esos que aceleran el corazón y hacen creer que cualquier cosa puede pasar.

No aguantó.

Sacó otra vez la tarjeta, buscó un pasaje y volvió a cruzar el continente. Como si nunca se hubiera ido.

"Íbamos perdiendo 2-0, lo dimos vuelta y ganamos 3-2. No me podía quedar en Córdoba", cuenta mientras sonríe en Atlanta, rodeado por un grupo de argentinos que terminó armándose gracias a esa decisión impulsiva.

La locura no terminó en el pasaje. Consiguieron una casa y empezaron a sumar gente. Cordobeses. Entrerrianos. Santafesinos. Desconocidos que compartían la misma necesidad: seguir a la selección hasta donde llegara.

"Buscamos una casa y empezamos a subir gente, gente y gente", resume entre risas. Hoy ya parece más un coordinador de viaje que un turista. Pero todo empezó por un partido que vio desde el living de su casa. "Tengo medio departamento vendido por esta locura", admitió.

Claro que semejante cambio de planes también tuvo consecuencias.

"Pasá el teléfono y preguntale vos. A mí no me contesta", bromea cuando aparece el tema de la familia. Después se ríe otra vez. Ya habrá tiempo para explicar cuentas, ausencias o resúmenes de tarjeta. Ahora importa otra cosa. Importa Argentina.

Del otro lado está Mariano "Nano" Sorensen. Hincha de Talleres. Su historia empezó distinta. Él nunca volvió a Córdoba. Porque, sencillamente, nunca se pudo ir. Había viajado para un solo partido. El de Suiza. Un viaje relámpago, hablado con su mujer, organizado para cumplir el sueño de ver a Lionel Messi en un Mundial. Después tocaba regresar. Eso decía el plan. Pero el Mundial tiene una costumbre peligrosa. Va corriendo el horizonte. Primero apareció la clasificación. Después Inglaterra. Ahora España. Y Nano sigue acá.

Lo que iba a durar apenas unos días terminó convirtiéndose en una aventura mundialista que ni él mismo imaginaba cuando compró aquel primer pasaje. La charla con su mujer fue determinante. Ella había sido la que lo empujó a viajar cuando parecía imposible. Después entendió que el sueño seguía creciendo al mismo ritmo que avanzaba la selección. Y el regreso quedó postergado.

Como les pasó a tantos argentinos. Porque este Mundial está lleno de historias parecidas. Gente que estiró vacaciones. Que pidió más días en el trabajo. Que cambió vuelos. Que renegoció con la familia. Que decidió gastar un poco más para no perderse algo que, tal vez, no vuelva a repetirse.

Después del 2-1 frente a Inglaterra quedó claro.

En la salida del Mercedes-Benz Stadium hubo cordobeses llorando antes de poder terminar una respuesta. Hubo videollamadas eternas con familias que estaban del otro lado del océano. Hubo abrazos con desconocidos y gargantas que ya no podían cantar una estrofa más.

También estaban esos hinchas que durante un mes fueron apareciendo en cada ciudad que visitó la selección. Kansas City. Dallas. Miami. Atlanta. Los mismos de siempre. Los que prometían volver si Argentina seguía avanzando.

Y cumplieron.

Guillermo es uno de ellos. Nano también.

Uno hizo dos viajes porque no soportó mirar la clasificación desde Córdoba. El otro convirtió una escapada de tres días en una aventura que todavía no termina. Los dos entendieron algo parecido. Que las cuotas de la tarjeta se pagan. Que las vacaciones se recuperan. Que las explicaciones en casa siempre llegan.

Pero un Mundial con Messi, una selección que vuelve a jugar una final y la posibilidad de decir "yo estuve ahí" no aparecen todos los días.

El domingo, cuando Argentina salga a jugar frente a España por la Copa del Mundo, en las tribunas habrá miles de historias parecidas. Algunas empezaron hace un mes. Otras nacieron con un pasaje comprado de urgencia. Todas tienen el mismo final.

Porque esta selección no solamente gana partidos. También les cambia la vida, aunque sea por un ratito, a esos cordobeses que un día hicieron las valijas convencidos de que sabían cuándo volvían. Y descubrieron que, cuando Argentina empieza a ilusionar, los planes dejan de mandar.