La Voz en el Mundial. Los cordobeses en Motorhome que brillan en Texas: cómo y cuánto sale seguir a Messi
La Voz fue hasta uno de los campings más famosos de Dallas y alrededores y encontró a hinchas que están en motorhome siguiendo a la selección.
No hace falta solamente hablar de Lionel Messi para sentirse un poco más cerca de Argentina. A veces alcanza con abrir la puerta de un motorhome y escuchar un "culiado" perdido entre las parcelas de un camping de Texas o encontrar una ronda de mates a miles de kilómetros de Córdoba. Eso está pasando en el KOA de Arlington, uno de los campings para motorhomes más grandes del área de Dallas. En estos días de Mundial, las calles internas dejaron de parecer un parque de casas rodantes para transformarse en una pequeña Argentina sobre ruedas. Hay banderas celestes y blancas colgadas de los espejos, camisetas secándose al sol, conservadoras abiertas y grupos de amigos que, sin conocerse demasiado, terminan compartiendo una cena como si fueran vecinos de toda la vida.
La experiencia, para muchos, también es una aventura. No solamente por seguir a la selección, sino por descubrir una forma completamente distinta de viajar.
"La verdad, es la primera vez que arrancamos. No sabíamos ni cómo se usaba un motorhome, pero es espectacular. Te encontrás con todos argentinos, hicimos asados en todos los campings. Los campings de acá están tomados por argentinos", cuenta uno de los hinchas cordobeses mientras acomoda el mate sobre la mesa plegable.
Llegó junto a su hijo, con quien sigue a la Argentina desde la final del Mundial de Qatar. Ahora cambiaron hoteles por ruedas.
"Acá está todo preparado. Llegás, conectás el motorhome al agua, a la electricidad y a la cloaca. Si te querés ir, en dos minutos levantás todo y salís. Es como viajar llevando tu casa encima", resume.
La comparación con los campings argentinos aparece inevitablemente. Los de Estados Unidos parecen pequeñas ciudades. Parcelas prolijas, conexiones listas para cada vehículo, parrillas, lavanderías, piletas y familias que viven durante meses en esos lugares.
Entre los cordobeses aparece Eric, vecino de barrio Urca. Pero durante unos minutos deja de ser turista para convertirse en traductor improvisado de una historia que nadie esperaba encontrar en medio del Mundial.
Frente a él está una pareja estadounidense que hace cuatro años vive exclusivamente arriba de un motorhome. "Nos estamos preparando para viajar a Alaska. Dejamos hoy a nuestros nietos con su mamá y manejaremos hasta Fairbanks. Nos encanta esta vida", explica el hombre. Eric traduce y agrega un dato que sorprende todavía más. "Eran compañeros del secundario hace 50 años. Los dos quedaron viudos, se reencontraron y ahora no tienen una casa fija. Esta es su casa. Viajan por todo Estados Unidos."
Los nietos escuchan la conversación vestidos con camisetas de Argentina. "Tienen la de Argentina, la de Estados Unidos y también apoyan a Japón. Tienen tres posibilidades de salir campeones", bromea Eric entre risas.
El Mundial también tiene esas escenas. Gente que probablemente nunca hubiera coincidido termina compartiendo historias alrededor de un motorhome. Los cordobeses siguen apareciendo uno detrás de otro.
"Soy Gerardo Isaías, de Córdoba, viviendo en Carlos Paz. Es mi primer Mundial. La verdad, una experiencia increíble con amigos. Muy cómoda la vida en motorhome", cuenta.
Eduardo, de Alta Gracia, coincide.
"Estamos viviendo un viaje muy lindo, conociendo un montón de lugares. También es mi primera experiencia en motorhome y la verdad que superó todas las expectativas."
Diego Piana, de Colonia Caroya, tampoco oculta el entusiasmo. "Es mi primer Mundial y la primera vez que viajo así. Una experiencia increíble. Lástima que ya se está terminando."
Lucas Garcetini, también de Alta Gracia, resume lo que parece ser el sentimiento general. "Acá estamos disfrutando del Mundial y pasándola lindo." Pero detrás de esa aventura también hubo mucha planificación.
Lucas fue el encargado de organizar buena parte del viaje y llevó un control obsesivo de cada gasto. "Tengo un Excel con absolutamente todo. Pasajes, una entrada por partido, comida, alquiler del motorhome, campings, parques... Calculamos que nos va a costar alrededor de cinco mil dólares por persona."
La cuenta sorprende porque, comparada con un viaje tradicional por Estados Unidos durante un Mundial, termina siendo bastante competitiva.
"Yo tenía dudas antes de venir, pero los campings están preparados para esto. Mucha gente vive acá. El motorhome tiene aire acondicionado, heladera, microondas... realmente es como una casa. Encima muchos campings estatales cuestan apenas 20 dólares la noche. Nosotros pensábamos que íbamos a terminar durmiendo en estacionamientos de supermercados, pero no hizo falta. Por ese precio vale muchísimo la pena". Todo puede salir 5000 mil dólares por tres semanas: combustible, alquiler de motorhome y pago diario en em camping, más las comidas.
La convivencia también forma parte del viaje.
"Somos cuatro amigos que nos conocemos hace muchos años. Ya hicimos varias vacaciones juntos. Cada uno tiene su función, somos un equipo consolidado y la pasamos bomba." En medio de esa comunidad improvisada también apareció Nancy. No venía a ver el Mundial. Ni siquiera pensaba entrar al camping. Maneja un Uber en El Paso, sobre la frontera con México, y simplemente había llevado hasta allí al cronista. Cuando escuchó que el destino era un camping lleno de argentinos, estacionó el auto, apagó la aplicación y decidió quedarse. "Es mi primer Mundial también. Y nada mejor que los argentinos." Antes de despedirse, se anima con la única arenga futbolera que necesita aprender.
"¡Vamos Argentina! ¡Vamos Messi!".
Quizá esa sea la mejor postal de este rincón de Texas. Porque mientras el planeta mira lo que pasa dentro de la cancha, a unos kilómetros del estadio hay otro Mundial que también se juega. Uno donde las tribunas son parcelas de camping, las plateas son sillones plegables, los vestuarios tienen ruedas y los abrazos aparecen alrededor de un asado.
En el KOA de Arlington no hace falta preguntar de dónde viene cada uno. Alcanza con escuchar una tonada cordobesa cruzando la calle interna del camping para entender que, durante un rato, Dallas quedó un poquito más cerca de casa.

