Próximo rival. Córdoba, palabra mágica en Austria
Desde 1978, el nombre de nuestra ciudad es sinónimo de éxito para los centroeuropeos. El triunfo sobre Alemania en el Chateau es reivindicado a niveles estelares y hasta se impuso su nombre a una plaza vienesa.
Redacción de La Voz del Interior, enero de 2008. Típica postal veraniega, sin el ritmo vertiginoso de los días más complicados y con buena parte del personal licenciado por vacaciones. En ese ámbito distendido, suena el teléfono y desde mesa de entradas informan que un par de periodistas y un fotógrafo procedentes de Austria quieren hablar, de ser posible, con algún colega local que haya cubierto la participación de la selección centroeuropea en nuestra ciudad, durante el Mundial ‘78.
El pedido sorprende y ninguno de los presentes reúne esa condición. De todos modos, los recién llegados no se rinden. Gestionan el acceso a información, documentos o testimonios sobre un partido puntual: el que se disputó en el Estadio Córdoba (hoy Mario Kempes) el 21 de junio de 1978, el día que Austria derrotó a Alemania Federal 3-2.
Germán Negro, a cargo de la sección Deportes del diario, le encarga a quien esto escribe atender a los colegas europeos. Se presentan Cornelia Mayrbaurl (del diario Die Press) y Esther Merz (de la cadena televisiva ORF) y el fotógrafo local Gabriel Pico. “Nos encargaron una nota especial sobre aquel triunfo histórico de Austria en esta ciudad, con motivo de cumplirse 30 años de esa epopeya”, explicó Cornelia.

“¿Tan poca historia tiene el fútbol austríaco que destinaron tres enviados especiales a Argentina para documentar un triunfo sin mayor trascendencia deportiva, obtenido hace 30 años?”, me pregunté en ese momento, recordando que el éxito ante los germanos ni siquiera les permitió a los vencedores salir del último puesto del Grupo A de la segunda ronda.
Pero, tras escuchar las justificaciones y argumentos de la publicación, enseguida comprendí que la victoria alcanzada en 1978, por los de la tierra de Mozart, excedía largamente lo deportivo. Detrás de ese partido se escondía una historia atrapante de vecinos distantes, con cuentas pendientes, broncas acumuladas y una rivalidad irreconciliable.
Esa victoria ante los alemanes, se conoce allí como "El milagro de Córdoba" y tiene un enorme significado en aquel país, excediendo largamente el ámbito deportivo.
En 1938, Austria había conformado un poderoso equipo que era candidato a quedarse con el título y al que denominaban Wunderteam (equipo maravilla). Sin embargo, aquel sueño chocó con la más cruda de las realidades, cuando poco antes del inicio del torneo, la Alemania de Hitler la anexó como nuevo estado del Tercer Reich. El fantástico seleccionado fue disuelto, algunos de sus jugadores se incorporaron al equipo nacional de sus invasores, y su generación de oro terminó convertida en un recuerdo.
Se sabe que el fútbol hace milagros adentro de la cancha. Y también fuera de ella. Algo de eso ocurrió 40 años más tarde, en aquellos días de junio de 1978, cuando la selección de Austria, ya eliminada del torneo, salió al campo de juego del Chateau para cumplir su último compromiso del Mundial ’78. Lo hizo ante Alemania, rival al que nunca había podido vencer oficialmente, que estaba invicta en el certamen y era la campeona vigente. De la mano de Helmut Schoen, nuevamente se jugaba el pasaporte a la final. Pero esa tarde, los de la tierra de Mozart le arruinaron la fiesta y consiguieron un histórico triunfo de 3-2 que aún hoy se celebra en Austria como un auténtico acto de reivindicación nacional. De alguna manera, el triunfo conseguido en Córdoba reparó el orgullo de la tierra de Johan Krankl, su gran goleador. A partir de entonces, las ciudades de Córdoba y Viena pueden considerarse “hermanas” sin llenar los requisitos típicos de los instrumentos técnico-políticos. Aquel episodio pasó a conocerse en suelo vienés como “el Milagro de Córdoba”. Para Berlín, en cambio, la referencia se inmortalizó con la sugestiva frase de “la Vergüenza de Córdoba”.

En 2009, un año después de aquella visita de los colegas a La Voz del Interior, Austria revalorizó aquella gesta y la alcaldía de Viena le impuso el nombre de Cordobaplatz a una plaza del distrito 21, a la que se accede transitando la calle Edi Finger, quien fuera el encargado de relatar aquel partido con emoción desbordante.
En octubre de 2021, el alcalde de Viena, Michael Ludwig, recibió una serie de presentes enviados por la Agencia Córdoba Deportes a través del cónsul en Córdoba, Federico Scherzer, y de la ministra consejera de la embajada de ese país en Buenos Aires, Lisa Butzenlechner, quienes gestionaron el acercamiento. Se enviaron cuatro butacas originales utilizadas en 1978, además, la entrada del partido y de un letrero de la cabina de transmisión desde la cual Finger inmortalizó los goles de Krankl, figura central de aquel equipo.
Un par de años antes, en 2019, el violinista austríaco de origen lituano, Julian Rachlin, amigo personal de Krankl, llegó a esta ciudad acompañado del manager de la sinfónica, Stephan Gehmacher, y una misión encomendada por el exjugador del Rapid Viena y del Barcelona de España: tocar una pieza de Tchaikovsky sobre la gramilla del Kempes.
"Hans estará feliz de verme aquí", contó el músico, quien realizó una visita por el Museo Provincial del Deporte, pasó por los vestuarios, y pisó el césped de la Spielplatz der Helden (Plaza de los Héroes), como los austríacos denominan al estadio mundialista cordobés. Sacó de su estuche un Stradivarius del 1700 e hizo sonar una pieza de Tchaikovsky en el mismo arco donde entraron los goles centroeuropeos (delante de la Willington).
“Córdoba pertenece a Austria como el schnitzel (escalope vienés, uno de los más famosos platos de la cocina austriaca), el kaiserschmarrn (postre austríaco más conocido), la Escuela de Equitación o el Festival de Salzburgo”, sostenía casi como un reclamo de soberanía, en julio de 2022, el diario austríaco OE24.
Por eso no es de extrañar que por el Kempes, el desfile de visitantes de aquel país sea incesante, una visita obligada, similar a la que efectúan los musulmanes con La Meca. Para ellos, Córdoba siempre estará de temporada.

