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Volver a empezar

Luis Gómez (47) es chaqueño y con una prótesis en su pierna practica ciclismo. Este año corrió el Desafío y la Revancha al Río Pinto.

12 de noviembre de 2009 a las 05:30 p. m.
María Eugenia Mastri
Volver a empezar
Gómez reconoce que su “cuello de botella” no fue la amputación sino en los primeros tres años posteriores al accidente, cuando intentó volver al deporte y no soportó la idea de que ya nada sería como antes.

"Si algo es seguro, es que la vida siempre tiene otra oportunidad para vos". Nada ni nadie lo hará cambiar de parecer. Él sabe que es así. Por eso ahora siente que su vida retrocedió en el tiempo. Que esos sueños de joven corriendo juntos a sus hijos, que desparecieron a los 30 años, hoy se convirtieron en realidad. Y que la vida, siempre la vida, tiene algo para cada uno a la vuelta de la esquina.

Se llama Luis Fabián Gómez, tiene 47 años y 20 aprendiendo que "lo poco o mucho que pueda hacer es el 100 por ciento".

Luis, que nació en General San Martín (Chaco), es profesor de Educación Física e instructor de taekwondo, deporte que le dio un título de campeón argentino de lucha. El centro de su vida fue siempre su cuerpo. "Tanto en lo pasional como en lo profesional", pero un día el destino le jugó una mala pasada y tuvo que aprender a empezar de nuevo. Y lo logró. Y hoy su vida, nuevamente, se centra en su cuerpo.

Un accidente con una moto, a los 27 años, lo llevó a someterse a más de 20 operaciones en 12 meses. Logró salvar su pierna pero el dolor, las limitaciones y "la maduración", lo llevaron a decidir amputarse en 2004. Así, pudo cumplir su sueño de compartir su pasión por la actividad física con sus hijos y con uno de ellos, el menor (Martín, 16 años), desafió al Río Pinto y también le dio Revancha con su bici.

"Después de 17 años de negarme a otra cirugía, la maduración me hizo reflexionar y tras de amputarme, mi vida cambió totalmente", reconoce el chaqueño.

"A partir de ahí me reencontré con el deporte, con mis viejas pasiones dejadas de lado por dolores. La prótesis me da otro nivel y otra calidad de vida", asegura.

La vida obligó a Luis Gómez a dejar de lado el deporte, pero apenas tres meses después del accidente tomó el fútbol como parte de la rehabilitación. Aunque fueron 17 los años que debieron transcurrir para volver a convertirse en un deportista, con plan de entrenamiento, objetivos y competencias.

Ida y vuelta

"Quiero agradecer a ese corredor que en el sendero me esperó y se ubicó detrás mío y desde ese momento no dejó de alentarme jamás, a cada paso que dábamos era un grito de aliento y de festejo, gracias eternas", dice, en un fragmento, un pequeño artículo que Luis escribió en la página www.infobiker.com.ar, tras competir en la Revancha al Valle de Río Pinto el pasado 4 de octubre.

El chaqueño entrena día a día con objetivos firmes de cara al calendario competitivo. Por semana recorre entre 200 y 300 kilómetros en su bici y hace ciclismo de forma competitiva.

"El Desafío y la Revancha, son justamente eso para mí", aclara y comenta que se acercó al ciclismo gracias al menor de sus tres hijos. "Yo seguía metido en el taekwondo, pero él se apasionó con el ciclismo y me metí por él. Dicen que es un deporte que pica y no suelta y a mí me pasó".

–¿Tuviste alguna complicación al volver a subirte a una bici?–Tuve las mismas que tiene cualquiera, como las irritaciones por el contacto con el asiento. Lo que no sé es cómo aplico la fuerza, al no tener movilidad y empujar desde arriba, pero lo hago sin inconvenientes.

–Fue muy emotivo lo que escribiste en infobiker, ¿por qué lo hiciste?–Sentí la necesidad. Normalmente me alientan y saludan al paso. Pero lo de este señor fue raro, porque se quedó y se puso detrás de mí y empezó un concierto de aliento y festejos. Fue muy lindo.

–¿Pudiste saber quién era?–No, creo que llevaba el número 1555, pero no pude contactarlo.

–¿Qué crees que le generaste?–No sé, pero nunca pensé que con mi sola presencia podía movilizar tanto. Especialmente en los que tienen el mismo problema. A una amputación la gente la vive como el fin e incluso yo tuve muchos tabúes para mostrarme con mi prótesis. Pero después me di cuenta que era positivo mostrarla. Me liberé y me di cuenta que es una ayuda mutua. Porque a mí me alientan y me sirve y al mismo tiempo el otro dice "si este puede yo también puedo". Siempre hay un ida y vuelta.