Opinión. El clásico Talleres-Belgrano demostró todo lo que Azzaro no entiende del fútbol
Flavio Azzaro menospreció el duelo cordobés antes del partido. Pero la pasión de Córdoba, los banderazos y la manera de vivir el clásico entre Talleres y Belgrano terminaron exponiendo una mirada del fútbol cada vez más vacía.
En la semana previa al clásico entre Talleres de Córdoba y Belgrano, un partido histórico entre los clubes más importantes de Córdoba porque era decisivo, eliminatorio y en Primera División, el periodista e influencer Flavio Azzaro decidió menospreciarlo públicamente.
Avisó que en su streaming no se hablaría del encuentro. Que les “chupaba un huevo”.
“Clásicos importantes son los que no hay doble camiseta. Los de Talleres son de Boca y de River, y los de Belgrano son de Boca y de River también”, lanzó.

Y claro: consiguió exactamente lo que buscaba.
Reacciones. Enojo. Citas. Recortes en redes. Gente respondiéndole. Periodistas indignados. El manual perfecto del personaje que necesita provocar para seguir existiendo.
Pero había algo que Azzaro no entendía.
O peor: algo que quizás nunca va a entender.
Porque mientras en Buenos Aires algunos discuten el fútbol como si fuera un panel de televisión o una planilla de métricas, Córdoba lo vive como parte de su identidad.
Y el sábado quedó claro.


El país vio una ciudad movilizada por un clásico. Vio un banderazo de Belgrano con un estadio explotado sin que hubiera partido. Vio hinchas de Talleres yendo al Kempes desde la noche anterior solamente para empezar a vivir el encuentro. Vio familias enteras organizando su fin de semana alrededor de 90 minutos.
Vio pasión verdadera. Aunque a veces eso lleve a cometer estupideces (como lanzar piedras al colectivo del rival).
Y eso no entra en un algoritmo.
Es difícil explicarle a alguien obsesionado con el rating que el fútbol, muchas veces, es lo único que conecta a una persona con su infancia, con su viejo, con sus amigos o con el barrio donde creció.

Es difícil entender Córdoba si se mira el fútbol desde un streaming en un estudio.
Porque el fútbol no son solamente 22 jugadores corriendo detrás de una pelota.
Es pertenencia.
Es identidad.
Es épica.
Es una historia que atraviesa generaciones. El abrazo después de un gol. El silencio que deja una derrota. La ansiedad de toda una semana. El viaje. La camiseta heredada. La garganta rota.

Es amor de verdad.
Del que emociona.
Del que duele.
Del que nunca se explica del todo.
Y eso fue exactamente lo que Córdoba mostró este sábado.

Mientras algunos buscaban clics, polémicas y reproducciones, una provincia entera vivía algo mucho más importante.
Vivía fútbol de verdad.
Porque Córdoba hace tiempo aprendió que hay personajes que solamente aparecen para intentar sentirse importantes un rato. Y que desaparecen cuando llega el momento de estar donde realmente pasa algo.
Por eso Azzaro no estuvo acá.
No caminó las calles. No sintió el clima.
Y probablemente nunca entienda lo que pasó.
No sabe lo que se perdió.

Se perdió algo mucho más grande que un partido.
Se perdió una demostración de fútbol, humildad y humanidad.
Tres cosas que jamás van a entrar en una estadística de YouTube.

