Video. Un clásico sin grieta: la historia de Tadeo, el nene que es hincha de Talleres y Belgrano

Tiene cuatro años, va a las dos canchas y vive el clásico como una fiesta familiar lejos de la rivalidad extrema. Hijo de padres con camisetas distintas, alterna tribunas y desafía la lógica del fútbol cordobés.

07 de mayo de 2026 a las 07:15 p. m.
Un clásico sin grieta: la historia de Tadeo, el nene que es hincha de Talleres y Belgrano
Entre Talleres y Belgrano: Tadeo y la tregua familiar en la previa del clásico.

Cosa maravillosa el Talleres-Belgrano, Belgrano-Talleres. Maravillosa por la gente que le da vida. Por hinchas. De la "T". De la "B". Por cada uno. Por todos. ¿Y si en esta nota de La Voz les contamos la historia del hincha que es de los dos? Y que ese hincha es adorable... ¿Imposible? No, recontraposible. Ahí va esta historia en la previa de un clásico decisivo por el Torneo Apertura, a jugarse el sábado a las 16.30 en el estadio Mario Alberto Kempes se prepara para vivir una fiesta.

Y la cosa (maravillosa) es que lejos de la lógica de la rivalidad extrema, en el seno de una familia cordobesa se desarrolla una historia que desafía las reglas no escritas del fútbol local. Tadeo, de apenas cuatro años, es hincha de los dos: un rato es Matador... un rato es Pirata. El video publicado en la cuenta de Instagram de Deportes de La Voz relata ese historión.

El final de la neutralidad

Tadeo es hijo de Mariel Farías y Ernesto Soleri, ambos de 36 años y fanáticos del fútbol, aunque con colores distintos. La idea inicial fue no influir en la elección del niño. “Tadeo nació del amor de dos personas con camisetas diferentes y al principio no queríamos marcarle el camino”, cuenta Mariel.

Pero en Córdoba la neutralidad dura poco. El punto de quiebre llegó con un regalo inesperado. “Un día apareció el tío Pablo con una camiseta de Talleres y ahí se rompió todo. Entonces decidimos comprarle también la de Belgrano”, explica Ernesto. Desde ese momento, los padres optaron por habilitar la convivencia de pasiones.

Así empezó una rutina poco habitual: “Fue al primer partido a la cancha de Talleres, el segundo a la de Belgrano y después uno y uno, siempre de local”, resume el papá.

Un corazón que no elige un solo color

Sostener esa tregua requiere cierta logística. Ernesto, criado en barrio Don Bosco, cerca del Kempes, se encarga de los traslados. “Yo los llevo a la cancha, los dejo en el Kempes, me voy un rato a lo de mi mamá y después los paso a buscar”, relata.

En la familia destacan que lo importante es el folklore sano. Tadeo no solo alterna entre el celeste y el albiazul: por influencia de tíos, primos y abuelas, también simpatiza con otros clubes. “Su corazón es bastante multicolor”, dicen entre risas.

Lo que más lo atrapa no es el resultado sino la experiencia del estadio. “Le encanta la cancha. El día del partido con Riestra, cuando se decía que se podía suspender, fue un mar de lágrimas porque no quería que se suspenda”, recuerda su familia. Lo que busca es ver a los jugadores, estar cerca, sentir el clima.

Hermanos y sueños compartidos

Entre Talleres y Belgrano: Tadeo y la tregua familiar en la previa del clásico.
Entre Talleres y Belgrano: Tadeo y la tregua familiar en la previa del clásico. (La Voz)

Los hermanos mayores de Tadeo completan el cuadro familiar. Tiago, de 17 años e hincha de la "T", deja en claro su deseo: “Por mí, que sea de Talleres toda la vida”. Eugenio, de 9, es el Pirata de la casa y vive la situación con ilusión. “Mi sueño era tener un hermano, hacerlo de Belgrano, compartir los colores, ir a la cancha juntos, comernos un pancho”, cuenta.

Hoy, Tadeo puede hacer el gesto de la "T" con las manos y, segundos después, taparse un ojo como un pirata. En este clásico le toca estar en la tribuna de Talleres, luego de haber acompañado a Belgrano en el partido anterior.

Su historia funciona como un recordatorio en medio de tanta tensión: más allá del resultado, la pasión cordobesa también puede vivirse como un juego compartido en familia. Una cosa maravillosa.