Gustavo Alfaro. Cuando el "cazador de utopías" llegó a Belgrano y dejó una frase que el tiempo resignificó

Mucho antes de convertirse en el entrenador que sorprende con sus discursos, el santafesino desembarcó en Alberdi en medio de una profunda crisis en 2001. Lo recibieron con pintadas en su contra y respondió con palabras que el tiempo terminó dándoles otro valor.

01 de julio de 2026 a las 11:51 a. m.
Cuando el "cazador de utopías" llegó a Belgrano y dejó una frase que el tiempo resignificó
Alfaro hablando con Artime y otros referentes del plantel en la cancha auxiliar del Chateau.

Hoy Gustavo Alfaro es el entrenador del momento. Mientras Paraguay sorprende al mundo y acaba de protagonizar el mayor golpe del Mundial al eliminar a Alemania, las frases del "Lechuga" vuelven a viralizarse, sus conferencias son analizadas como si fueran clases magistrales y su figura despierta admiración mucho más allá de los resultados.

Pero en Córdoba hay quienes recuerdan otra historia. Una muy distinta. Una en la que aquel entrenador de apenas 38 años desembarcó en Belgrano en medio de una de las peores crisis institucionales y deportivas del club.

Un paso corto, turbulento y con más obstáculos que alegrías, aunque dejó una marca imposible de borrar por su personalidad y por una manera muy particular de entender el fútbol.

Alfaro dejó su huella en Belgrano pese a su corto ciclo.
Alfaro dejó su huella en Belgrano pese a su corto ciclo. (La Voz. )

Un Alberdi en llamas

Era enero de 2001. Alfaro dirigía Atlético de Rafaela cuando recibió el llamado de Gregorio Ledesma para hacerse cargo de un Belgrano que peleaba por mantener la categoría.

La situación era crítica. El plantel reclamaba salarios atrasados, la incertidumbre económica atravesaba al club y ni siquiera el día de la firma del nuevo entrenador hubo entrenamiento: los futbolistas decidieron no trabajar como medida de fuerza.

Su primera práctica, al día siguiente, fue toda una declaración del contexto que le tocaba vivir.

Los referentes de la barra brava estuvieron presentes para darle la bienvenida, mientras las paredes del Gigante de Alberdi hablaban por sí solas.

"Andate Alfaro, Belgrano te queda grande".

"Alfaro, ¿en qué fecha te vas?".

No era precisamente el recibimiento soñado para un entrenador que llegaba a dirigir, por primera vez, a un club grande del fútbol argentino.

Las frases de un entrenador distinto

Lejos de esconderse, Alfaro enfrentó el momento con el estilo que años más tarde lo convertiría en el "filósofo" del fútbol sudamericano.

Ante la consulta de si tenía miedo a fracasar, respondió con una frase que todavía hoy mantiene plena vigencia.

"Fracasar sería no hacer lo que tengo que hacer y cambiar por dejarme someter a intereses ajenos. Recién allí habría sentido que fracasé", le dijo a La Voz.

También entendió rápidamente la dimensión del desafío que tenía por delante: "En Atlético, si perdés, se amargan dos mil hinchas. Acá sabés que media ciudad está detrás del equipo".

Y cuando le recordaban que muchos hinchas no estaban convencidos con su llegada, tampoco esquivó el tema.

"No importa que hayan hecho pintadas en mi contra antes de que asuma. Vengo a trabajar y no hago promesas, solo me comprometo con una causa. Sé que la gente hubiese querido un técnico de experiencia, pero la realidad es esta y si Belgrano estuviese en otra situación, también sé que no estaría aquí", aseguró el DT.

Era el mismo Alfaro que hoy cita escritores, habla de utopías imposibles y construye mensajes motivacionales. Solo que todavía faltaban muchos años para que el mundo del fútbol descubriera esa faceta.

Un clásico que quedó para el recuerdo

Los resultados nunca terminaron de acompañarlo. Belgrano atravesaba una crisis profunda y el ciclo fue cuesta arriba desde el comienzo.

En total dirigió apenas 14 partidos, con dos victorias, cinco empates y siete derrotas. Los números quedaron lejos de lo esperado.

Alfaro festejando el clásico ganado ante Talleres.
Alfaro festejando el clásico ganado ante Talleres. (La Voz. )

Sin embargo, hubo una alegría que todavía permanece en la memoria del hincha pirata.

El triunfo 1-0 sobre Talleres, con gol de Julio López, le permitió regalarle una sonrisa a Alberdi en medio de un panorama por demás complicado.

Fue, probablemente, el punto más alto de una etapa que nunca logró consolidarse.

La despedida de un ciclo breve

El final llegó el 29 de abril de 2001, después de la derrota como local por 2-1 frente a Huracán.

Belgrano acumulaba seis fechas con malos resultados y apenas un triunfo en los últimos siete encuentros. La renuncia parecía inevitable y Alfaro ya la tenía decidida antes de salir a la cancha.

"Esta determinación no es apresurada, había resuelto renunciar si perdía y seguir en el cargo si el resultado era otro", le dijo a este diario.

Antes de marcharse también dejó un reconocimiento para los hinchas, que acompañaron al equipo pese a las dificultades: "¿A la gente? No se le puede decir nada, porque aguantó siempre, nos alentó en todo momento y está en los buenos y en los malos momentos".

Veinticinco años después, aquel entrenador que salió de Alberdi sin haber podido torcer el rumbo de Belgrano es el mismo que hoy conduce a un Paraguay que sorprende al planeta y vuelve a instalar su nombre entre los mejores técnicos del continente.

Las vueltas del fútbol suelen ser caprichosas. A veces convierten en héroes a quienes antes fueron cuestionados. Y otras recuerdan que detrás del exitoso "filósofo" que hoy maravilla con sus discursos y resultados, hubo un joven entrenador que alguna vez llegó a Córdoba en silencio, encontró un club en crisis, paredes pintadas en su contra y un desafío que, aunque no terminó como esperaba, también ayudó a moldear el recorrido de uno de los técnicos más particulares del fútbol sudamericano.