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Deportes

La gran final. El campeonato, viejo anhelo de Córdoba y del interior: cuántos títulos hay "fuera" de Buenos Aires

Belgrano irá el domingo por un logro inédito de los clubes indirectamente afiliados a AFA: el de obtener el título mayor.

21 de mayo de 2026, 09:26
El campeonato, viejo anhelo de Córdoba y del interior: cuántos títulos hay "fuera" de Buenos Aires
La lusión de la gente de Belgrano.

Una posibilidad histórica para el fútbol cordobés. De eso se trata la definición que afrontará el domingo Belgrano ante River, nada más y nada menos que el partido más importante del que haya sido partícipe en 121 años de existencia. Eso es exactamente lo que se jugará el Pirata el próximo domingo.

Tal como sucedió con Talleres, en enero de 1978, y con Racing, en diciembre de 1980, un representante de la provincia estará a tiro de conquistar, por primera vez, el campeonato mayor para un club indirectamente afiliado.

La empresa, queda dicho, es la más trascendente de los de Alberdi, pero bien podría marcar una bisagra para el futuro del Pirata y, por qué no, del fútbol del interior.

Hasta aquí, las entidades provincianas han obtenido valiosas copas conseguidas a través de un puñado de partidos eliminatorios, pero continúa huérfana del premio más grande: el campeonato, la competencia más apetecible de la temporada, donde el formato establece el sistema de juego de “todos contra todos” (de manera total o por zonas), que va más allá de las otras, de disputas acotadas.

Los escasos halagos de clubes indirectamente afiliados a la AFA han sido cosechados exclusivamente por la vía de copas, donde los que festejaron fueron Tiro Federal de Rosario (Copa Ibarguren 1920), San Martín de Tucumán (Copa de la República 1944), Atlético Tucumán (Copa de Campeones 1960), Patronato (Copa Argentina 2022), Central Córdoba de Santiago del Estero (Copa Argentina 2024), además del celebradísimo éxito de Talleres (Supercopa Internacional 2023) y del más reciente triunfo de Independiente Rivadavia (Copa Argentina 2025).

Hay un dato abrumador acerca de la hegemonía de porteños y bonaerenses en materia de campeonatos de AFA.

De los 195 títulos puestos en juego desde 1893, fecha de fundación de la casa mayor de nuestro deporte, 184 se festejaron en esos dos distritos, dejando solamente 11 para los rosarinos (seis de Newell’s y cinco de Rosario Central).

Entre esas tres plazas futbolísticas se han repartido la totalidad de estos certámenes afistas. Por ello es tan valiosa la oportunidad del Celeste, que le otorga a Córdoba la tercera oportunidad de sumarse a ese exclusivo lote de campeones, una chance que no dispuso ninguna otra provincia de los de “tierra adentro”.

El fútbol de la Docta debió esperar casi medio siglo para poder repetir la oportunidad de soñar con un campeonato. El camino lo inició el inolvidable Talleres de los ’70, cuando fue un suceso a nivel nacional, con un equipo que impuso autoridad, preparado para ser campeón, pero que tropezó en la última parada, cuando tenía todo en bandeja para dejar la piedra basal.

La “T” falló en una épica final ante Independiente, justamente a la hora de pasar por caja a cobrar toda la inversión de un fútbol de alto vuelo que le reconoció el país.

Dos finales, dos decepciones

Esa noche de verano del ‘78, en la final del Nacional del año anterior, Talleres dilapidó, además de la ventaja de encarar los minutos finales con tres más por la expulsión de tres jugadores del Rojo, que reclamaron desaforadamente un gol conseguido (¿con la mano?) por Ángel Bocanelli.

Los albiazules eran amplios favoritos a quedarse con el campeonato, especialmente después de haber empatado 1-1 el partido de ida, jugado en Avellaneda.

Talleres arrancó el partido siendo campeón, no sólo por la confianza desbordante de un plantel lujoso, sino porque además un 0-0 lo coronaba por hacer pesar como doble el gol de visitante conseguido cuatro días antes.

Pero justamente esa reglamentación caprichosa y absurda fue la que le privó al equipo de barrio Jardín quedarse con la gloria. Porque al final de los 90 minutos, el 2-2 terminó por condenarlo.

Dos años más tarde, el Racing cordobés siguió los pasos de Talleres y llegó a la instancia decisiva, aunque rápidamente su chance quedó condicionada en el partido de ida: el 1-5 con que fue goleado en Arroyito condicionó la revancha, donde a pesar de la holgada diferencia, la calidad del plantel académico hacía dudar de la seguridad del éxito canalla. Finalmente, el 2-0 con que Racing venció a los rosarinos fue insuficiente para dar vuelta la historia.

Identidad y fracasos

Ambas definiciones tuvieron un denominador común: la provincia toda (y hasta algunas vecinas también) se embanderaron detrás de Talleres y de Racing. Otros tiempos, claro está. Hoy es impensado imaginar que la hinchada de Belgrano vaya a apoyar a Talleres, o que la de Instituto cante en favor de Racing, pero en aquellos años eso fue realidad.

“Entre el uniforme color albiazul que mostraban las abigarradas tribunas se distinguían banderas de San Martín de Tucumán, de Jujuy, de Santiago del Estero, San Juan y los colores de Newell’s Old Boys y los infatigables piratas de Belgrano, que alentaron permanentemente a su eterno rival”, escribió este diario al día siguiente de la decepción del Matador.

Dos años más tarde, los jefes de la barra de Talleres e Instituto se asociaron con los de Racing para alentar a la Academia. “Yo pienso que al Nacional hay que dividirlo en dos etapas: una la clasificatoria, donde básicamente uno sigue a su equipo. Y la otra, cuando se pasa a la ronda clasificatoria. Allí ya entra a jugar Córdoba. Y todos nos adherimos, con pasión y mucho calor”, sostenía Guillermo Pereyra, integrante de la barra Agrupación La Gloria.

Este domingo, Belgrano se jugará la partida con exclusividad de hinchada propia. El supuesto “folklore” que impera en el fútbol argentino rompió cualquier tipo de identidad regional. Un poco porque la violencia se instaló en el fútbol con más fuerza, y otro poco porque la ausencia de éxitos propios alentó el disfrute de los fracasos ajenos.

Belgrano tiene la oportunidad de revalidar los viejos laureles del fútbol cordobés. La meta es conseguir el anhelado triunfo del interior, un logro que, desde la apertura de la competencia a los clubes provincianos, en 1967, se espera largamente y, hasta hoy, sigue sin aparecer.